Un regalo para el Padre

Septiembre 16, 2008
Vitro del Padre en el Santuario
Oración ofrecida por una hija fiel de Villa Ballester  para

la pronta beatificación  y canonización del Padre José.

Padre:

Te rogamos por la poderosa intercesión de nuestra

Madre y Reina Victoriosa, tres veces 
Admirable de Schoenstatt

y  la Alianza de Amor que sellamos con Ella,

por la beatificación y pronta santificación

de nuestro Padre y Fundador José Pedro Kentenich.

Tú dices: “Por los frutos  te reconocerán”.

El Padre a través de su entrega de amor,

dejo  frutos en la Familia, de vocación y santidad.

Ya hay muchos hijos espirituales esperando

los méritos  de la beatificación;

estos que ya Tú  bien conoces,

son los frutos de la Santidad de nuestro Padre,

que ha hecho todo lo que le has pedido con fidelidad

como  Fundador de esta obra tuya.

Hoy deseamos mostrarle al mundo que

también  hay sacerdotes santos, que han entregado

su vida con  amor, austeridad y castidad,

por eso te pedimos como Familia

en una oración hecha clamor

le regales el honor de los altares.  Amén

¡CANONÍCENLO USTEDES!

Septiembre 15, 2008
Retrato

Retrato

El Padre  José Kentenich  siempre decía:

 SI PIENSO EN EL 20 DE ENERO ME CRECEN ALAS…,

LAS ALAS DE LA FE EN LA VICTORIA.”

 

Así con este mismo anhelo subiéndonos a las alas de la victoria invitamos  a toda la familia de Schoenstatt, desde  esta página,  a crecer en Alianza Filial con un gesto heroico hacia nuestro  Padre Fundador; como en aquel  lejano  y doloroso 20 de  enero.

Decidámonos nuevamente  por el Padre, así como él sé decidió  por  nosotros  para que pronto llegue el  reconocimiento de parte de la Iglesia a su misión mariana para el mundo de hoy. Su Santidad el Papa Juan Pablo II le dijo a la Familia de Schoenstatt:

¡CANONÍCENLO USTEDES!

Nosotros sus hijos, debemos hacer realidad esta frase. Recordemos las palabras que el Padre escribiera  desde la prisión  en diciembre de 1941:

“YO ME ESFUERZO PARA QUE USTEDES PUEDAN ESTAR ORGULLOSOS DE MÍ. CUIDEN DE QUE YO TAMBIÉN PUEDA ESTARLO DE USTEDES.”

Queremos decirte Buen Dios:

 

Aquí estamos!    ¡Somos sus hijos!    ¡La familia del Padre!

 

que,  por la Alianza de Amor, en el espíritu del 20 de enero te imploramos   por la poderosa intersección de nuestra Madre, Reina y Victoriosa  Tres veces Admirable de Schoenstatt  le  regales al Padre Kentenich  el honor de los altares.

 

Te ofrecemos   para su pronta   beatificación y canonización  nuestro esfuerzo por la más alta santidad en la vida diaria, con vigoroso espíritu de sacrificio y sencilla alegría para que el mundo lo descubra  como: Profeta del Dios vivo, portador de  Cristo a  nuestro tiempo y resplandor  luminoso del rostro de María hoy, que ha entregado la misión de su vida a la Santa Madre Iglesia.

 

“¡Ayúdanos, María, es tiempo ya! “.

“¡Hilf, María, es ist Zeit…!”

 

Esta oración  a María,  era rezada por el Padre Kentenich con fuerza  y entusisasmo  cuando tenía  entre 7 u 8 años. Esta especie de jaculatoria, se rezaba mucho en Alemania como un resumen del Salve.

La misma también fue rezada por las Hermanas de María cuando el Padre Kentenich estaba agonizando.


La familia, comunidad de Alianza y amor

Febrero 1, 2009
Padre Nicolas Schiwizer

Padre Nicolas Schwizer

 

Lo primero que podemos decir es: la familia es una comunidad de Alianza. Porque al inicio de la familia natural encontramos ya una Alianza, la Alianza matrimonial que sellaron los cónyuges el día de sus bodas.

El matrimonio es una Alianza de Amor ya naturalmente, por ser una comunidad de vida entre dos personas que quieren formar una comunidad permanente, integral. Pero lo es también por ser sacramento.

 

El sacramento del matrimonio quiere reflejar el amor que Cristo le tiene a la Iglesia, quiere simbolizar la Alianza de Amor entre Cristo y la Iglesia. Manifestar el amor de Cristo a través de la vida matrimonial: esta es una tarea difícil, un ideal sumamente elevado.

 

Esta Alianza matrimonial es el origen. Y cuando aparecen los hijos, esta Alianza se convierte en Alianza familiar. Toda Alianza tiende a crear comunidad, familia: La Alianza bautismal nos regala la Iglesia, familia de los hijos de Dios.

Y la Alianza matrimonial busca ampliarse en una familia. Ya no sólo el matrimonio, sino también los hijos van sumergiéndose orgánicamente en esa comunidad de amor, de una misma sangre. Es un dar y recibir mutuo, un pertenecerse y comprometerse creciente, un intercambio de amor y vida, entre marido y esposa, entre padres e hijos, entre hermanos.

 

Todos sabemos de la importancia de esta comunidad familiar. Porque la familia natural tiene un rol decisivo para el desarrollo sano de cada persona humana, tanto en lo físico, como en lo intelectual, espiritual y moral. Por otra parte, tiene también una importancia de primer orden en la forjación de una auténtica convivencia social. Porque la familia es la base y el modelo de toda comunidad humana. En ella, el hombre aprende a ser persona, aprende a vincularse con otros en forma personal.

El hombre necesita crear vínculos. Ellos representan su seguridad fundamental, su sentido, su alegría, su centro. Un niño, al nacer en su hogar, entra natural y orgánicamente en este mundo de vínculos que es su familia. En torno a estos vínculos fundamentales construye su mundo propio.

 

La Alianza de Amor en Schoenstatt incluye no sólo una vinculación original con la Sma. Virgen, sino también con todo el mundo que nos rodea. Así también la familia como comunidad de Alianza, significa toda una red de vínculos que envuelven a todos sus miembros, y que van creciendo y profundizándose a lo largo de los años.

 

La Familia, una comunidad de amor

 

Esta Alianza es una Alianza de Amor. Estos vínculos personales son vínculos de amor.

El amor es la fuerza secreta que mueve todo, que anima todo, que fecunda todo. Lo central de la familia es el amor; lo decisivo es el amor; el fundamento mismo de la familia es el amor.

 

Como respuesta a un mundo sin amor, nosotros queremos formar al interior de nuestras familias una comunidad nueva, una comunidad llena de amor. Y a través de nuestras familias queremos forjar a un hombre nuevo, un hombre movido por el amor. Y la responsabilidad es de cada uno personalmente. Si yo quiero que mi familia llegue a ser una comunidad de amor, entonces yo tengo que esforzarme para entregar amor, yo tengo que educarme para ello, yo tengo que dar el primer paso: yo, padre, madre, hijo, hija…

 

Escribe Padre Nicolás Schwizer

 

Preguntas para la reflexión

 

1.     ¿En qué puedo esforzarme por mejorar?

2.     ¿Qué pasos puedo dar para profundizar esa Alianza familiar en mi hogar?

3.     ¿Somos una familia mariana?

 

Si desea suscribirse, comentar el texto o dar su testimonio, escriba a: pn.reflexiones@gmail.com

 

 

 


Carta de Alianza

Diciembre 19, 2008

Boletín del Movimiento de Schoenstatt                                                                

Argentina – 18 de diciembre de 2008

 

Queridos hermanos en la Alianza:

 

Hace unos días participé de una reunión donde reflexionaban sobre el espíritu de la Navidad. De repente la conversación tomó un curso muy interesante: derivó en lo difícil que se hace festejar esta fiesta. A muchos les trae el recuerdo de seres queridos que ya no están, porque fallecieron o porque las circunstancias los han distanciado. A otros les incomoda el encontrarse con familiares a quienes no quieren ni verlos. A otros les duele la austeridad fruto de la crisis económica; otros dicen que en realidad no saben por qué “festejar” si en este año no hay nada por qué alegrarse. E inclusive se dice que la final del Torneo Apertura de fútbol, que posiblemente se juegue el mismo 24 de diciembre, ha opacado el ambiente de Navidad. Mientras escuchaba estas opiniones, recordaba una antigua canción de Adviento que dice: “Despertemos, llega Cristo, ¡Ven Señor! Acudamos a su encuentro, ¡ven Señor!”. Sí, realmente, estamos como dormidos, ¡despertemos, despertemos!

 

¿Qué está marcando nuestro espíritu en estos días previos a la Navidad?, “¡Despertemos, llega Cristo!”

Nos dice el Papa Benedicto XVI: “Navidad es la fiesta que canta el don de la vida. El nacimiento de un niño debería ser siempre un acontecimiento que trae alegría: el abrazo de un recién nacido suscita normalmente sentimientos de atención y de premura, de conmoción y de ternura. La Navidad es el encuentro con un recién nacido que llora en una gruta miserable. Contemplándolo en el pesebre, ¿cómo no pensar en tantos niños que aún hoy ven la luz en una gran pobreza, en muchas regiones del mundo? ¿Cómo no pensar en los recién nacidos no acogidos y rechazados, a los que no llegan a sobrevivir por falta de cuidados y atenciones? ¿Cómo no pensar también en las familias que quisieran la alegría de un hijo y no ven colmada esta esperanza? Bajo el empuje de un consumismo hedonista, por desgracia, la Navidad corre el riesgo de perder su significado espiritual para reducirse a una mera ocasión comercial de compras e intercambio de regalos. En verdad, sin embargo, las dificultades y las incertidumbres y la misma crisis económica que en estos meses están viviendo tantas familias, y que afecta a toda la humanidad, pueden ser un estímulo para descubrir el calor de la simplicidad, de la amistad y de la solidaridad, valores típicos de la Navidad. Despojado de las incrustaciones consumistas y materialistas, la Navidad puede convertirse así en una ocasión para acoger, como regalo personal, el mensaje de esperanza que emana del misterio del nacimiento de Cristo”.

¡Despertemos, llega Cristo! 

 

Celebrar a alguien que amamos es una buena oportunidad para recordarlo, agradecerle y renovar nuestro amor y compromiso por él.

 

ª     Celebrar la Navidad es celebrar a Dios con nosotros.

Dios viene a nuestro encuentro, es el esperado “Emmanuel” (Is. 7, 13-15). Ya no hay más soledad, Dios ha acortado la distancia que nos separaba de Él; se ha acercado hasta el extremo de hacerse hombre como nosotros y compartir toda nuestra existencia hasta el final. ¡Dios está con nosotros porque nos ama! Sin embargo, hay muchos hombres que no conocen a este Dios tan cercano porque no tienen la experiencia del amor fraterno y familiar. Nuestro compromiso de Navidad es ser testigos del bien, la justicia y la verdad para que el hombre de hoy pueda creer en un Dios presente y actuante en su historia.

 

ª       Celebrar la Navidad es celebrar al Dios del Amor.

“Tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo único” (Jn. 3, 16). El nacimiento y la vida de Cristo entre los hombres es el mayor testimonio del amor generoso y solidario de Dios para con nosotros. ¿Qué ganaba Él viniendo a nosotros? ¿Qué nos debía? Nada. Sólo quiso darse todo para que tuviéramos su Vida y participáramos de su Amor. La Navidad es la fiesta del Dios de Amor que se entrega con total generosidad y sin merecimientos de nuestra parte, para que vivamos en Su amor. No obstante, para muchos, hoy el amor es un sueño lejano. Nuestro compromiso de Navidad debería ser forjar vínculos familiares y fraternos más firmes, crecer en el amor generoso y solidario con el que está postergado, compartiendo nuestro tiempo, nuestro pan y nuestro corazón. Salir de nosotros para ir a los otros sin cálculos, por amor, como Dios lo hizo con nosotros.

 

ª        Celebrar la Navidad es celebrar al Dios de la Vida.

Cristo se presentó a sí mismo diciendo “Yo soy… la Vida” (Jn 14, 6) y nos reveló la causa de su presencia entre nosotros: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). Jesús ha salido al encuentro de los hombres, ha curado a enfermos y a los que sufren, ha liberado a endemoniados y resucitado a muertos. Se ha entregado a sí mismo en la cruz y ha resucitado, manifestándose de esta forma como el Señor de la vida: autor y fuente de la vida inmortal. Jesús ha venido para dar la respuesta definitiva al deseo de vida y de infinito que el Padre Dios, creándonos, ha inscrito en nuestra alma. Pero hoy la vida cotiza en baja en la bolsa de valores en nuestra Patria. El tercer compromiso de Navidad podría ser defender la vida del hombre, desde su concepción hasta su muerte natural, y promover una vida digna, con un techo, trabajo, estudio y salud accesible para todos. Porque Dios es el Dios de la Vida que ama y está presente en cada vida humana.

 

Queridos hermanos, estamos a una semana de la Navidad, y en este 18 de diciembre, al celebrar la Alianza de Amor con María, le pedimos que nos regale un corazón como el de Ella, abierto al Dios de la Vida, solidario con los hermanos y forjador de familia. Con el Padre Fundador pidamos:

 Madre,

Tal como muestras al Niño a pastores y reyes

y te inclinas ante Él adorándolo y sirviéndolo,

  así queremos con amor ser siempre sus instrumentos

y llevarlo a la profundidad del corazón humano.

 

 

Desde el Santuario reciban un cordial saludo y bendición para cada uno y sus familias.

 ¡Feliz Navidad y bendecido año 2009!

                                   P. José Javier Arteaga


Carta de Alianza

Noviembre 13, 2008
Boletín del Movimiento de Schoenstatt                                                                
Argentina – 18 de noviembre  de 2008
 

 

“La seguidilla de episodios de violencia juvenil en las escuelas, incrementada en las últimas horas con nuevos casos en San Isidro, Entre Ríos y Tucumán, enciende una luz de alarma en las aulas.  Pero para el ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, la raíz del problema no está en los colegios y tampoco en los chicos. La responsabilidad es de los adultos y, principalmente, de los padres, dijo ayer en una entrevista con LA NACION.
(…)“¿Dónde aprenden los chicos estas conductas? ¿Quién se las está enseñando? No es la escuela ni son los maestros”, advirtió Tedesco, de 63 años y con larga experiencia en organismos de la UNESCO.  Fundamentó su opinión en que los chicos conviven en una sociedad con un clima que favorece la permisividad y el hábito de no respetar la norma. Hay que comenzar a identificar ámbitos de enseñanza y aprendizaje de esas conductas violentas. Y puede ser desde los medios de comunicación y los jueguitos electrónicos hasta el propio ámbito familiar…”  (Diario La Nación, 9 de abril de 2008)

 

Queridos hermanos:

 

Estas palabras de un funcionario nacional reflejan una realidad vivida por todos los ciudadanos: la creciente violencia juvenil tiene una de sus raíces principales en la familia. La carencia de afectos paterno-filiales, la violencia familiar, la ausencia de los padres- que es otra forma de violencia-, la miseria material y la ausencia de políticas que defiendan y promuevan la vida familiar, son algunos elementos que, sumandos, preparan el camino para lo que hoy estamos viviendo.

 

Pero si ampliamos el espectro de nuestra mirada observaremos que no solo la problemática de la violencia juvenil, sino que casi todas las dimensiones de nuestra vida social tienen que ver con la familia. Ángela Sannuti, licenciada en psicología (UCA) decía en un artículo: “Una sociedad esta hecha de instituciones y comunidades y estas, a su vez, se apoyan en las relaciones que se entablan día a día. El corazón de estas relaciones empieza a latir en el seno de la propia familia.” (“La familia, donde nace la sociedad”).

 

En la familia están las raíces de toda sociedad humana. Una condiciona y potencia a la otra. Todos los usos familiares son también usos y costumbres sociales. Estos pueden ser buenos o malos, pero nunca son neutros. Estos usos y costumbres familiares ayudan para que tengamos una “sociedad con espíritu fraterno-familiar” o para que nuestra sociedad termine siendo “una jungla”. Está en nosotros ayudar a tener una “patria familia” o una “patria jungla” donde reina el sálvese quien pueda. De allí la importancia de que nuestro compromiso hoy sea trabajar concientemente en desarrollar actitudes de ciudadanos de una patria con alma de familia. La pregunta es ¿cuáles son esas actitudes? ¿Cuáles son los valores que las sustentan? ¿Con que espíritu? Decía el Padre José Kentenich en 1949, recién terminada la 2ª guerra mundial: “En la nueva configuración del mundo, se ha de prestar mayor atención a la familia, ella ha de ser concebida como la célula fundamental de la sociedad humana, y por eso ha de ser formada conforme a  la idea original de Dios, y pensarla y trabajar por ella desde el pensamiento que tuvo Dios”. Nosotros, que estamos unidos por el fuerte vínculo de la Alianza, nos sentimos llamados a dar nuestro aporte para refundar nuestra Patria desde las bases. Se trata de poner todas nuestras fuerzas y buscar aliados hoy para llenar de valores los distintos ámbitos de nuestra vida familiar, laboral y social.  Se trata de vivir la familia, ¡de ser familia viva que da nueva vida!

 

1.   Pensar nuestras familias como forjadoras de ciudadanos.

Anhelamos ser buenas personas en el ámbito personal, pero no es suficiente: debemos educarnos para ser buenos ciudadanos. Ser ciudadanos es tener conciencia de pertenencia a un lugar, a una patria, a la tierra de los padres, porque allí uno se siente enraizado y por ello responsable. El Cardenal Bergoglio dice: “ser ciudadano es sentirse convocados a un bien, a una finalidad con sentido” (“La Nación por construir”, Cardenal Bergoglio). Se trata de un cambio de actitud: dejar de ser meros habitantes para pasar a ser verdaderos ciudadanos. Ese cambio comienza en la familia y en las pequeñas comunidades con espíritu familiar. Desde las familias construimos el país.

 

2.   Pensar nuestras familias como escuelas de fe y dignidad humana.

No tenemos que ser agudos observadores para darnos cuenta que el valor “vida” no cotiza muy alto en la bolsa de valores de muchos argentinos: aborto, eutanasia, asesinatos, violaciones, secuestros, trata de personas, tráfico de armas, droga, corrupción, etc. El hombre no es respetado y valorado cuando no dispone para comer, de medios que aseguren su salud, la instrucción básica, una fuente de trabajo digna, cuando es considerado un objeto más en la cadena de producción. Pero esta imagen “utilitarista” del hombre también se da en la familia cuando el hombre o mujer es tenido en cuenta porque trae dinero a casa, porque es más juicioso, o porque es más inteligente. Dios nos ama porque somos sus hijos – esa es nuestra dignidad-, no porque hacemos todo bien. En la medida que cada familia sea escuela de altísima dignidad humana nuestro país será  el lugar donde cada uno pueda vivir seguro y respetado por lo que es y donde cada persona pueda desarrollarse en plenitud, como hijo de Dios.

 

3.   Pensar nuestras familias como lugares de comunión y diálogo:

En nuestras familias conviven distintos sexos: papa y mama, hermanos y hermanas; diferentes edades, roles y gustos. Todas estas diferencias muchas veces crean tensiones. Las diferencias no nos dividen, por el contrario, bien aprovechadas nos complementan y enriquecen. En la familia nos unen los vínculos del amor y esa unidad familiar “contiene” a las diferencias que hay en ella y la enriquecen. La clave es la unidad en la diversidad y el secreto es la pertenencia mutua y el diálogo. El Padre Fundador decía al respecto: “La esencia de la autentica vida familiar consiste en un profundo sentido de responsabilidad por el bien de todos.” Forjar la Patria según este modelo de comunión nos posibilitará entonces el respeto, el reencuentro y la unidad tan anhelados.

 

Queridos hermanos en la Alianza, la familia, no obstante las dificultades, sigue siendo un gran valor en nuestro pueblo y está en el corazón de nuestra misión como Movimiento de Schoenstatt. Viendo la urgencia del momento presente y como aporte al Bicentenario de la Patria, los delegados de las comunidades diocesanas y los asesores reunidos en la Jornada de Delegados, formulamos el lema que nos motivará en el trabajo del año 2009:

 

Familia viva ¡Esperanza argentina!

 

María, la Madre de las Familias, nos ayuda e impulsa en nuestra vida familiar, sabiendo que los lazos que allí vamos tejiendo nos unen en una inmensa red de amor, solidaridad y conciencia de misión desde los Andes hasta el Mar. 

 

Desde el Santuario les deseo un bendecido día de Alianza y Mes de María.

 

                                                                                                                                                                              P. José Javier Arteaga


Carta de Alianza

Octubre 18, 2008
Boletín del Movimiento de Schoenstatt                                                                
Argentina – 18 de octubre de 2008

Queridos hermanos:

 

Hoy, 18 de octubre, la Familia de Schoenstatt en el mundo entero festejamos tres acontecimientos ocurridos hace 94 años:

1. La primera Alianza de Amor hecha entre los jóvenes estudiantes y la Sma. Virgen en la antigua capillita de San Miguel en Schoenstatt;

2. Por esa consagración María tomó posesión de esa capilla y la transformó en su Santuario, el Santuario de la Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt;

3. El día de la primera Alianza se considera el día de la fundación de Schoenstatt. 

Por eso hoy decimos con alegría:

 ¡Feliz día de Alianza!

¡Feliz día del Santuario!

¡Feliz día, Familia de Schoenstatt!

Recuerdo que hace muchos años, siendo yo estudiante y estando en el Santuario de La Plata, se me acercó un grupo de jóvenes que habían visto el Santuario desde la calle y me preguntaron qué era esa capilla. Aquella pregunta no sólo me exigió elaborar una respuesta simple, concreta y clara en poco tiempo sino que también detonó en mí la pregunta: ¿qué significa el Santuario para mí? Una pregunta que también podemos hacernos cada uno: ¿Qué significa el Santuario y la Alianza para nosotros hoy?

 

El Santuario es un manantial de gracias

Por la Alianza de Amor entre María y los jóvenes Dios irrumpió nuevamente en nuestra historia humana. Como lo hizo antaño en Luján, Lourdes o Fátima, el 18 de octubre de 1914 el Señor hizo brotar un nuevo manantial de gracias, un Santuario de María en la tierra de Schoenstatt para bendecirnos a todos los hombres.

 

En el santuario Dios se acerca a nosotros por manos de María

Dios quiere regalarnos abundantes gracias por manos de María, la Medianera de las Gracias; por Ella el Señor quiere dar respuesta a nuestras preguntas y problemáticas; por Ella quiere acercarnos a Cristo el Salvador a fin de fortalecernos en la fe, la esperanza y el amor, especialmente en tiempos de muchas turbulencias personales y sociales. En los Santuarios Dios se acerca a nosotros por las bondadosas manos de María. Por eso decía el P. José Kentenich: “María quiere ofrecernos aquí (en el Santuario) un hogar espiritual, un terruño, una patria”. (Prédica en Stuttgart, 28.8.1940)

 

En el Santuario María nos llama a vivir en Alianza

María ha sembrado un jardín de Santuarios en la geografía de nuestra patria Argentina; desde allí nos llama a vivir en Alianza con Ella, con el Señor, con cada hermano y con toda la creación. Ella quiere que vivamos unidos por el vínculo del amor y hacer de nuestras comunidades y de la patria entera una gran familia. La historia posterior al 18 de octubre confirma que la Sma. Virgen tomó en serio esa Alianza de los jóvenes y el P. José Kentenich: miles y miles de peregrinos han experimentado en el Santuario que María es la Madre que amorosamente nos cobija, la Educadora que nos forma como hombres nuevos y la Reina que nos envía como misioneros de Cristo. María es un remolino de amor que nos lleva a vivir la vida en clave de Alianza, de unidad, de encuentro. ¿No es éste acaso el secreto anhelo del hombre? 

 

En Alianza con María, santos para nuestro tiempo 

Las circunstancias históricas en que aquellos jóvenes sellaron la Alianza de Amor con la Sma. Virgen no eran de paz y bonanza sino de guerra (primera guerra mundial), de grandes incertidumbres y estrecheces; mas la conciencia que los guió fue de entrega heroica y santa en las manos de María para la renovación religiosa y moral de la Patria en el espíritu del Evangelio. Si bien hoy no sufrimos el horror de la guerra, nuestra realidad argentina está marcada por grandes problemas que son nuestro desafío: el respeto a la vida del hombre, la unidad como nación, el desarrollo equitativo, el respeto a las instituciones, el pan y el trabajo en cada hogar, la educación, la salud…. Hoy también nuestra Alianza de Amor con María nos llama a dar frutos de santidad personal y de renovación social en Cristo. Una estrofa de la oración del P. Franz Reinich, escrita antes de ser ejecutado por el régimen nazi por mantenerse fiel a Cristo, dice así: “También hoy llama el Padre héroes para la misión; aquí me tienes Madre, como una Ofrenda de Amor”. Se trata de nuestra Alianza vivida fielmente y creativamente a fondo, que madure y dé frutos de renovación y santidad.

 

Queridos hermanos, estamos a un paso del 2010, bicentenario de nuestra Patria y del 2014, centenario de Schoenstatt. Creo que el tempo nos llama a un triple imperativo:

 

1.   Crecer en conciencia de Aliados: La Sma Virgen ha cumplido y cumple con creces su compromiso. Honremos nuestra parte realizando extraordinariamente bien nuestros compromisos personales, cívicos y cristianos. Y recordemos: ¡quien nos ve, ve un Aliado de María!

 

2.     Crecer en la conciencia de Familia: La Alianza con María nos debe unir cada vez más como hermanos y llevarnos hacia la Alianza fraterna con un marcado espíritu familiar. Esa es la respuesta vital que queremos dar ante el deterioro de los vínculos familiares y ante una patria dividida y fragmentada: ¡forjemos familia!

 

3.     Crecer en conciencia de Misión: Muchas veces la piedad mariana se reduce a un “pietismo intimista” carente de fuerza apostólica. No somos un grupo de autoayuda. Somos un movimiento apostólico y misionero porque María es la primera apóstol y la primera misionera de Cristo. El P. Fundador hoy nos repite ¡Vayan y enciendan el mundo!

 

Querida Familia, en este 18 de octubre acompañemos muy especialmente a la Familia de Buenos Aires que celebra los 45 años del Santuario de Belgrano y a la Familia de Córdoba que celebra los 40 años del Santuario de Villa Warcalde. Que sea un gran día de festejo por las gracias recibidas en el Santuario; que sea un gran día de renovación en la Alianza de Amor; y que sea un gran día de envío en la fuerza del Espíritu Santo para dar a manos llenas lo que aquí hemos recibido.

 

¡Feliz día de Alianza!

¡Feliz día del Santuario!

¡Feliz día, Familia de Schoenstatt!

 

Reciban un cordial saludo y mi bendición,

                              P. José Javier Arteaga


Sobre el proceso de canonización del Padre José Kentenich

Octubre 4, 2008

P. Ángel Strada Postulador de la causa de Canonización

P. Ángel Strada Postulador de la causa de Canonización del P. Kentenich

Es fundamental seguir implorando la gracia de un milagro

El postulador de la causa, P. Ángel Strada, nos informa que el pasado 15 de septiembre, 40º aniversario de la muerte del P. Kentenich, se reunió en Schoenstatt el Tribunal diocesano de la causa. Después de visitar la tumba del Padre, el lugar en el Schulungsheim (Casa de Formación) donde vivió los últimos años y la casa Padre Kentenich, firmaron el decreto constatando que, de acuerdo a las normas de la Iglesia, no se le tributa culto litúrgico.

En dicha reunión el traductor de la causa, Sergio Acosta, prestó juramento y el postulador entregó documentación referida a la fama de santidad.

En los próximos meses se realizarán los trabajos técnicos: confección de índices, legalización de las actas, etc.

La sesión de clausura de la etapa diocesana tendrá lugar previsiblemente en la primera mitad del próximo año. Después vendrá la segunda y decisiva etapa en Roma.

Junto con dar gracias a Dios por estos avances es preciso seguir implorando la gracia de un milagro por intercesión del Padre Kentenich.

Datos extraídos  de la página web www.schoenstatt.de


Reflexiones

Octubre 2, 2008
Padre Nicolas Schwizer
Padre Nicolas Schwizer

El Instrumento

 Escribe Padre Nicolas Schwizer

 

Dependencia de Dios. Creemos que la Virgen María es la Vencedora en todas las batallas. Pero, ¿cuál es el precio de sus victorias? Dice el Proto Evangelio: “Tú acecharás su talón” (Gen 3,15). ¿Qué significa esto? Interpreta el Padre Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt: “Esto quiere decir que vivimos en el orden de la cruz”. También la Virgen y el Señor vivieron en ese orden. No tenían el pecado original, pero asumieron una de sus consecuencias: el sufrimiento y la cruz.

 

Nosotros vivimos en el orden de la cruz: nuestro talón ha sido herido. Tenemos que contar con esto y tomarlo muy en serio. ¿Y cuál es la cruz más pesada para el hombre que aspira hacia lo alto? Es el peso de su propia naturaleza, la fragilidad humana. Frente a ello tenemos que hacer una sola cosa: decir que sí a nuestra pequeñez de todo corazón, aceptar nuestra debilidad con gran humildad. Este sí es el presupuesto más esencial para ser apto, para ser aceptado como instrumento. Nuestras debilidades son “como un trampolín para lanzarnos a los brazos de Dios” asegura el Padre Kentenich.

 

Es algo grande poder decir que Dios quiere emplearme como instrumento a pesar de que soy débil. ¡Y cuántas debilidades llevamos todos con nosotros! Debilidades corporales, espirituales, morales… Pero mayor aún es decir: Dios me quiere precisamente porque soy débil.

 

¿Por qué permite Dios nuestras debilidades, nuestras faltas? La verdadera piedad no consiste, de ninguna manera, en que no caigamos, en que no tengamos pecados. La verdadera piedad consiste en la dependencia de Dios, en la adhesión a Dios. Y la persona noble se siente tanto más dependiente cuanto más conoce su propia debilidad. Por eso, Dios permite la debilidad. Porque quiere que nos vinculemos a Él. Mi debilidad debe ser como una fuerza que me empuja hacia los brazos de Dios.

 

El título más valioso para tener derecho a recibir la misericordia de Dios, es el de mi miseria personal. Por eso el Padre Kentenich puede decir: “La pequeñez conocida y reconocida por el hombre, por el hijo, significa ‘impotencia’ del Padre y ‘omnipotencia’ del hombre”.

Es lo que expresa San Pablo con las palabras: “Cuando soy débil, soy fuerte”. (2 Cor 12,10).

 

La actitud de instrumento. El gran obstáculo para la actividad de Dios en el hombre y a través del hombre es y sigue siendo la enferma voluntad propia. El verdadero instrumento ha renunciado a ella, para estar solamente a disposición de Dios y de su obra. Allí donde Dios lo pone, está él con toda su persona y su fuerza y vive sólo para su tarea.

 

El Padre Kentenich solía contar en este contexto el ejemplo de un sacerdote de Colonia. Hizo pintar su ideal personal en la casa parroquial. El cuadro mostraba un burro, y sobre él a la Santísima Virgen con Cristo. Lo que quería decir con ello es: yo soy el burro sobre el cual pueden sentarse Cristo y la Virgen María. Y como el burrito, debo yo llevar a Cristo y a la Virgen por el mundo. Debemos cultivar en nosotros la consciencia de ser un burrito, de ser un instrumento predilecto en manos de la Virgen y de Dios.

 

Al llamarme a esta comunidad, a esta parroquia, Dios me ha elegido a ser colaborador suyo. Me ha elegido a ser instrumento en su mano y en la mano de María, para hacer a través de mí grandes cosas. Lo que importa no es entonces mi capacidad o mi pequeñez personal. Lo que importa es mi conciencia de instrumento, mi disponibilidad y obediencia a los deseos del Padre. Si me siento instrumento a través del cual Él está actuando, eso me da una gran seguridad frente a la vida y sus desafíos, y despierta una fuerza creadora extraordinaria. Y ese ha sido el secreto de los santos. Por eso, conciencia de instrumento o conciencia de ser el “burro” de la Virgen María y de Dios para sus planes.

 

Preguntas para la reflexión

 

1.      ¿Busco a Dios en mi apostolado?

2.      ¿Me siento un burro de la Sma. Virgen?

3.      ¿La figuración personal está presente en mis tareas?

 

Si desea suscribirse, comentar el texto o dar su testimonio, escriba a: pn.reflexiones@gmail.com


Reflexiones

Septiembre 23, 2008

 

Padre rezando el rosario

Padre rezando el rosario

                                     

Arraigo en el Padre Fundador

 

               Escribe Padre Nicolás Schwizer, Instituto Padres de Schoenstatt

La  vivencia, la  relación  personal  con  el  Fundador  es  un  don.  Es  una gracia que  encierra  una  experiencia que  nadie  nos  puede dar  desde  afuera. Ha  de  hacerla cada  uno: encontrarse, vivir su  historia con  Él y  quererlo personalmente  en  la medida  que  experimente su cariño. Tarde o temprano, a cada schoenstattiano le llegará ese momento de gracia.¿Qué podemos hacer en concreto para que se nos dé esa gracia?   

¿Cómo  podemos abrirnos a  la gracia de un  profundo  arraigo en  el Padre Fundador?


1. Conocerlo. Es difícil, querer a  alguien a quien no conocemos bien.  El  primer paso es conocer al  Padre, interesarnos por  Él, abrirnos a su persona. A  muchos les  cuesta  leer y estudiar,  pero  es la  mejor forma para  conocerlo a  fondo, su persona, su  vida y  su obra. Si  queremos  acercarnos a Padre Fundador, hemos de hacer ese esfuerzo.
Así descubriremos que el sentido más  hondo de su vida era ser Padre. A lo largo de los  años podemos ver como creció y se desarrolló esa gracia de la paternidad que Dios le concedió.
Él sentía y decía que su ser padre fue el núcleo de su personalidad y misión. Dios nos dio  así un  Fundador cuyo  carisma  personal  fue el de irradiar ese rostro de padre. Dios Padre nos regaló un reflejo vivo de su propia paternidad.

Estudiando  la vida del Padre Kentenich, podremos  descubrir otro  rasgo esencial de su personalidad: frente a los hombres, Él era y quería ser siempre padre, pero frente  a Dios  se sentía siempre como  niño, como el niño más pequeño.
El  hombre maduro es  hijo y padre, es  como  un  puente  a través  del cual Dios quiere darse a nosotros. Ese  es el ideal que el  Padre  predicó y encarnó durante toda su larga vida.
2. Reconocerlo. Conocer y reconocer no es lo mismo: por ejemplo el diablo conoce a Dios, pero no la reconoce. ¿En qué sentido hemos de reconocerlo?

Como  Cabeza de la  Familia de  Schoenstatt.  Como tal  tiene  una  posición  de primacía dentro de la Familia.  Personalmente es el portador de una gran misión, misión que ha entregado a toda la Familia.  Pero  es  Él quien la recibió.  Por eso, tenemos que reconocerlo y aceptarlo como Cabeza, si queremos pertenecer a su Familia.

3. Seguirle. No  es suficiente sólo reconocerlo. Debemos identificarnos con  Él y con su obra. Su vida ejemplar lo autoriza para ser nuestro modelo. Porque  Él es la mejor encarnación  de lo que Schoenstatt  pretende: crear un  hombre nuevo, en una nueva comunidad. Hemos  de ser fieles a  su  espíritu, sus  principios, su misión. Sólo  así seremos  auténticos hijos  suyos que  puedan llevar adelante su obra.

4. Vincularnos.  El Padre, de su parte, quiere tomar contacto  con cada uno de nosotros, nos busca, nos invita a  acercarnos a  Él.  Debemos  recibirlo, darle  un lugar en  nuestra  vida, acogerlo en  nuestro  corazón.  Aceptarlo  como  nuestro padre, sentirnos hijos suyos. Así empezaremos  a compartir nuestra vida con  Él, así como la compartimos con María.
Entonces  vamos a empezar a dialogar con Él, contarle nuestras alegrías y penas,  luchas,  éxitos  y  fracasos.  Le  pediremos  consejo, ayuda. Vamos a  confiarle  y  rezarle,  por  ejemplo  la  novena… Y  entonces  vamos  a entregarnos también a Él, a su cuidado y protección paternal, a su mano conductora y educadora.

Y el fruto de toda esa vinculación creciente al  Padre, es  un  arraigo hondo en su corazón. Allí nos recibe a todos nosotros, nos hace sabernos y sentirnos sus hijos queridos, nos cobija en su amor paternal.  Y, por sobre todo, nos lleva al corazón de Dios, donde nos sentiremos acogidos y arraigados eternamente.
Preguntas para la reflexión

1. ¿Rezo la novena del Padre?
2. ¿Cuánto conozco de la vida del Padre Fundador?
3. ¿Es un modelo para mí

 

 

 


Carta de Alianza septiembre

Septiembre 18, 2008

El 15 de septiembre recordamos el 40º aniversario del fallecimiento del P. José Kentenich, nuestro Padre Fundador. En muchas catedrales y parroquias de Argentina y del mundo se celebraron Misas en su memoria. Una memoria viva que para nosotros es misión y constante desafío.

 El Papa Juan Pablo II nos decía en el Encuentro con el Movimiento el 20 de septiembre de 1985 en Vaticano, con motivo del centenario del nacimiento del Padre Fundador. “Desde muchas naciones os habéis reunido para agradecer por el don que Dios os hizo en la persona del P. Kentenich.”  Ese don de Dios se manifestó en la vida del P. Kentenich con rasgos muy concretos.

 1. Padre - P. Kentenich fue un claro reflejo de la paternidad de Dios para muchos hombres y mujeres de todo el mundo. Un sacerdote, luego de una larga charla con el P. Fundador, le preguntó: “¿Padre, tiene Ud. aluna intención por la que quiere que yo rece?” y el Padre le contestó: “Sí, rece para que pueda cobijar en mi corazón a millones de personas”.

Vivimos en un tiempo carente de personalidades paternales (no confundir con paternalismo), un tiempo de enorme orfandad y abandono. Esos fueron los mismos dolores que padeció el niño y el hombre Kentenich por la ausencia de su propio padre.  Justamente en aquello que Dios lo iba a distinguir como Su instrumento, en ello mismo el Señor debía formarlo, probarlo y educarlo. Es la misteriosa pedagogía divina que aprovecha lo pequeño, lo débil o torcido para sus santos planes de redención. El P. Kentenich anunció con su vida que Dios no es una idea metafísica, un concepto filosófico ni un personaje de la historia, sino un verdadero Padre que ama incondicionalmente. Al respecto decía: “La razón última de la “ausencia” de Dios en tantas almas debemos buscarla  en la carencia de personas que lo reflejen. Por lo tanto si nosotros no somos reflejos de Dios misericordioso le quitamos a los hombres de hoy la posibilidad de creer en Él.”

 2. Profeta del Dios de la Vida – Desde el más profundo espíritu evangélico, el P. Kentenich, nos enseña que Dios es un Dios vivo y para la vida: “Si queremos vivir en compañía de Dios, si queremos vivir en la presencia de Dios, como se decía antiguamente, si queremos tener un trato de amistad con el Dios vivo, entonces hay que contemplar a Dios en todas partes; hablar con Dios en todas partes, fundados en la fe y el amor…”

Mons. Zollitsch, presidente de la conferencia episcopal alemana, decía al respecto: “Muchos de nuestros contemporáneos –incluso muchos bautizados que se consideran cristianos –viven hoy como si Dios no existiera. No cuentan más con la acción de Dios en este mundo, en sus vidas, en su vida cotidiana. En Schoenstatt buscamos al Dios de la vida, contamos con Él y su acción, día tras día. Hemos aprendido y practicado, día a día, en la búsqueda de las huellas de Dios, la fe practica en la Providencia Divina.”

 3. Aliado y misionero de María – Desde que su mamá lo consagró a la Sma. Virgen a los 9 años, en momentos muy difíciles para ella, María fue su madre, su guía y consuelo, su educadora.  En ese acto ya está el germen de la Alianza de Amor que más tarde dará origen a Schoenstatt.  Él fue el primer aliado de María en Schoesntatt y su gran misionero. Él mismo revela la misión que le confió Dios al respecto; “…mi misión fue y es anunciar al mundo el misterio de María. Mi tarea es proclamar a la Sma. Virgen, revelarla a nuestro tiempo como la Colaboradora permanente de Cristo en toda su obra de Redención, como la Corredentora y la Medianera de las Gracias. Revelar a la Sma. Virgen en su profunda unión a Cristo y con la misión específica que Ella tiene desde el Santuario de Schoenstatt para el tiempo actual.” (16 de noviembre de 1958) Proclamar el misterio de María significó para el P. Kentenich mostrarle a los hombres la Madre fiel, el “libro de oro” del cristiano, la imagen, modelo y modeladora del hombre nuevo en Cristo. Pero Kentenich no se queda con María como Madre a amar e imagen a imitar, sino que busca movilizar lo mariano en el seno de la Iglesia para gestar una nueva cultura, que a instancias de María, sea más cristiana, más solidaria, justa y fraterna, y por  ello más humana.

 4. Comprometido con el hombre y su tiempo – El P. Fundador supo acuñar esa genial frase que define todo su ser y su actuar: “Con la mano en el curso del tiempo y el oído en el corazón de Dios”. Él no predicó una religiosidad espiritualista, desentendida del hombre y su tiempo sino bien anclada en el corazón de Dios y encarnada en el mundo. Pasó dos guerras mundiales, experimentó la degradación humana en un campo de concentración, pasó hambre, crisis económicas y pobreza; vivió con y como su pueblo. En cada tiempo supo buscar las respuestas para las problemáticas del hombre y la sociedad en el corazón mismo de Dios; asimismo buscó caminos de aplicación sencillos y profundos para que llegaran al corazón del hombre. Fue valiente para denunciar todo lo que atentara contra la dignidad y la integridad del hombre como hijo de Dios. Fue fiel y franco con su Iglesia, asumiendo que tiempos de grandes cambios requieren renovación, creatividad, valentía y un nuevo ardor  en el modo de vivir y transmitir la fe.

 Querida Familia de Schoenstatt, al comenzar estas líneas les decía que la memoria del P. Fundador es memoria viva, que nos motiva y desafía a la misión.  Mons. Tenhumber, obispo de Münster, Alemania, dijo una vez a la Familia de Schoesntatt que éramos “la carta de presentación de la santidad del Padre”. Una carta de presentación que de nosotros depende que sea “legible, motivadora y atractiva”. Por nuestra intensidad y calidad de vida en la Alianza, por nuestra valentía para vivir auténtica y creativamente nuestra misión, la Iglesia y la sociedad recibirán lo que nosotros mismos hemos recibido en la persona del Padre Fundador. O no.  En este nuevo 18 podemos estar infinitamente agradecidos por el Don recibido pero también recordemos que somos deudores del Padre y de su fundación.

 “Ustedes, a su manera pueden ayudarme a llevar la responsabilidad

 y compartir la misión de la Familia…

Quien tiene una misión debe cumplirla, aunque una salto mortal siga al otro.”

(P. J. K., 31 de mayo de 1949)

 Sí, Padre; ¡tu herencia nuestra misión! Aquí estamos, vamos contigo, nuestra mano en tu mano, nuestro corazón en tu corazón.

                                        P. José Javier Arteaga