Un sueño que queremos volver a hacer realidad

Agosto 23, 2008
 

¡Un millón de niños en oración,

por la unidad y la paz, junto a la Virgen María! 

EL DÍA 18 DE OCTUBRE A LAS 9:00 AM.

 Image El Consejo Nacional de Laicos de Venezuela convoca a participar en esta idea que surgió en Caracas en el año 2005  en una ermita de la Madre Tres Admirable y hoy se está difundiendo a nivel mundial.

Consiste en invitar a 1.000.000 de niños de todo el mundo a unirse en la oración del Santo Rosario, junto a la Santísima Virgen.

La iniciativa es infundir en el corazón de los niños, la idea de  hacer oración por la paz interior de cada ser humano, así como también por la paz y la unidad de la familia, en el país y en el mundo entero.

El Rosario ha sido propuesto como oración por la paz, Juan Pablo II dijo: “Hoy deseo confiar a la eficacia de esta oración, la causa de la paz en el mundo y en las familias”.

Para esta actividad, no hay necesidad de movilizaciones ni gastos, debido a que consiste simplemente rezar el rosario el 18 de Octubre a las 9:00 de la mañana, en las aulas, patios de recreo, plazas, capillas, hospitales pediátricos, parroquias, orfelinatos, hogares de cuidado, preescolares, en el lugar donde te encuentres.

Para ser voluntario solo se requiere que ayudes a dar a conocer y motivar en tu comunidad esta Jornada de Oración o también que dispongas la mañana del 18 de Octubre a las 9:00 a.m. para acompañar a los niños.

Consideramos valioso y muy importante tu apoyo, sin él no podemos hacer realidad las gracias que derramarían para el mundo los Corazones de Jesús y de María al recibir las oraciones de tantos niños.

Los innumerables testimonios recibidos de la Campaña del año 2005 y 2006 mostraron la gran alegría y acogida de millares de niños dentro y fuera de Venezuela.

Para que este proyecto se haga realidad necesitamos de TI.

“Y pensar que si un millón de niños rezaran el Rosario el mundo cambiaría”

S. Padre Pío

www.unmillondeninos.com

www.millon-de-ninos-rezando.net  


FESTEJO DE LA FAMILIA BALLESTERENSE

Agosto 23, 2008

DOMINGO 14 DE SEPTIEMBRE  11,30 hs.

CELEBRAMOS LOS 28 AÑOS DE NUESTRO SANTUARIO NAZARET

Colón 3550 Villa Ballester-Bs. As.-ARGENTINA

LOS ESPERAMOS


1943 “Espejo del pastor” (estrofas escogidas)

Agosto 20, 2008
Padre J. Kentenich

Padre J. Kentenich

L

as estrofas escogidas    que publicamos a continuación fueron escritas por el Padre José Kentenich durante su estadía  en el campo de concentración de Dachau.  Estas  pertenecen a la obra “Espejo del pastor”,  de la cual  sólo hay publicadas algunas partes.

E

sta dirigida a las Superioras de las Hermanas de María.  Es un tratado sobre la libertad del cristiano y sobre la vivencia mariana y crística  del misterio de la Santísima Trinidad.

L

a comienza a escribir el 9 de octubre de 1943 y la concluye  en enero del año siguiente. Consta de 5870 estrofas.  En ellas quiere recoger la experiencia de  treinta años de la Familia de Schoenstatt y, a la  luz de los acontecimientos del día 20 de enero de 1942 (ver fechas importantes en la vida del P. K y su Familia), proyectarla en una sabiduría  de conducción.

2618. La vigilancia llena de amor ayuda a purificarnos

trasmite luz y enseña al alma a unirse.

Quien desprecia la vigilancia, por sí mismo es culpable

de que Dios no le manifieste un favor más grande.

 

2619. Caminos iluminados pueden transitar almas,

que ven detrás de todo la voluntad de Dios,

en los cuales frecuentemente rompe la oscuridad

la luz clara de la vida del Espíritu de Dios.

 

2620. La luz deja encontrar también los caminos correctos,

para unir el alma interiormente a Dios,

hasta que esté en unión de amor con él

y transite heroicamente los senderos de amor más elevados.

 

2621. Esta es la luz, que resplandece al meditar

a la cual frecuentemente no atendemos en la vida cotidiana;

quien no medita, vive en la oscuridad

es y permanece constantemente consagrado a la mediocridad.

 

2622. Quienes, sin embargo, se aseguran permanentemente la meditación,

aprehenden a distinguir el actuar de Dios

de los impulsos de la propia naturaleza enferma

y de la huella finamente oculta del demonio…

 

2651. A través de los superiores Dios quiere decirnos en cada caso,

lo que según su deseo debemos arriesgarnos;

el espíritu, que nos debe inspirar,

que cada obra hace grande y llena de gracia

 

2652. No puede ser dado mediante el superior:

El mismo quiere ya en la tierra reinar en nosotros.

La gracia, que sostiene el quehacer externo

sólo quiere reposar permanentemente en el Espíritu Santo.

 

2653. Dios quiere constantemente guiar todo nuestro actuar:

mediante, la obediencia regula el hacer y el sufrir;

Él moviliza directamente nuestro interior

Él habla en nosotros y nos conduce hacia el cielo.

 

2654. De esa manera me dice a través de una campanilla,

que debo encaminarme ahora hacia la capilla,

a través del texto coloca palabras en mi boca,

que necesitaré en la oración al atardecer.

 

2655. Con esto todavía no se da por satisfecho completamente:

Él quiere también proteger nuestro interior

quiere conducir en nosotros cada fuerza del alma

Él es, quien en nosotros crea luz y calidez.

 

2656. Aquel quiere avivar cada movimiento del alma

y  bendecir las decisiones santas.

Sin el espíritu del Padre la obediencia exterior sola

no  puede alegrar el corazón.

 

2657. Esto vale para todo nuestro día de trabajo.

Recién a través del “espíritu” se le infunde la auténtica solidez,

Él es, quien hace todo lo bueno en nosotros,

Mientras  tengamos la valentía de escucharlo.

 

2568. Solamente puede distinguir la voz de Dios,

De  los ruidos que hacen al mismo tiempo

el  mundo, el demonio y el yo enfermo

quien  se recoge frecuentemente en la meditación,

 

2569. para escuchar con finura el suave hablar de Dios

y  dejarse cautivar por su Espíritu,

y  abrirse ampliamente a la luz de Dios

y  contemplar hondamente su rostro.

 

2660. Como a su tiempo los judíos en su éxodo por el desierto

rodeados   de peligros crecientes,

fueron   guiados por Dios día y noche a través de una columna

que   continuamente los iluminaba con claridad.

 

2661.  A través de ella El se mostró fiel en el camino del desierto

y  a pesar de ciertas quejas no abandonaron;

de  esa manera quiere ser el Espíritu Santo el conductor,

que  conduce nuestra alma a través del reflejo de la gracia.

 

2662. Solamente debemos seguir ciegamente y sin resistencia

las  suaves inflexiones de la gracia

y  los movimientos resplandecientes de su luz.

Él nos conduce seguro hacia la tierra prometida.

 

2663. Para entender correctamente su voz,

con  frecuencia debemos recogernos en nuestro interior

y,  en el silencio, afinar el corazón y el oído

cuando  Dios se manifiesta con sus deseos.

 

2664. Al comienzo nos dirá poco.

Si ponemos seriedad y perseverancia en escuchar

e  intentamos llevar a cabo con fidelidad lo que nos pide

entonces  apartará más fuertemente el velo que lo oculta.

Agradecemos  al Padre Juan José Riba este hermoso regalo 

 


Villa Ballester un lugar elegido por la Sma. Virgen María

Agosto 19, 2008
P. Kentenich y miembros de  la Comunidad alemana (1947)

P. Kentenich y miembros de la Comunidad alemana (1947)

 

“Para que el mundo por Ti renovado,  glorifique a tu Hijo Jesús”

“He venido a traer fuego a la tierra  ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!” (LC.12, 49)

 

Estas palabras nos apremian, como discípulos-misioneros, a un ardor siempre renovado por la Misión.

El fuego del que habla Jesús es el amor. Fuego que a Él lo había consumido entregando su vida en la cruz.  Desde allí mira al discípulo amado, al joven Juan, el único fiel a sus pies clavados y  le pasa la antorcha encendida en ese gran  amor, diciéndole: “He aquí a tu Madre…”.  Ella es  el fuego, el fuego del  Fuego de Cristo.

María, el remolino de Jesús, está llamada a llevar a los hombres desde su corazón a Cristo en el Espíritu Santo al Corazón del Padre Dios.

 

“He venido a tirar del carro de triunfo de la Madre de Dios”

 

Estas son las palabras de nuestro Padre y  Fundador, el P. José Kentenich  pronunciadas al arribar a nuestras tierras, hace concretamente 61 años.  Estas,  nos impulsan como  las palabras de Jesús que encabezan este artículo, “… fuego del fuego de Cristo…, que llameante esparce centellas luminosas, hasta que el mundo como un mar de llamas se encienda para la gloria  de la Santísima Trinidad”. J.K.

El Padre Kentenich llega a  Villa Ballester  el 29 de Mayo de 1947,  a  encender  en las almas el fuego  del amor a María. ¿Y con quiénes se encuentra en primer lugar?

Con las primeras hermanas de María (Instituto secular fundado por él mismo) que habían arribado a la Argentina en 1935 desde Alemania, llamadas e invitadas  por los Padres Pallottinos, especialmente por el Padre Weber. Este último  estaba encargado  de  atender la pastoral  de un grupo de alemanes que habían emigrado a estas tierras, previo a las dos grandes guerras mundiales, en 1913 y 1933. Se establecen aquí atraídos por el clima y las facilidades que les ofrecían otorgándoles terrenos y precarias viviendas los hermanos catalanes Ballester Flotat.

Las hermanas de María fueron convocadas especialmente  para  llevar adelante la atención espiritual de esta comunidad de habla alemana.

Fueron albergadas en la casa de la Familia Eckstein,  quienes  donaron la casa a la colectividad alemana; el lugar actualmente se  llama Marienheim y significa Hogar de María.

Al llegar al “Marienheim”,  el Padre Kentenich se dirigió en primer lugar a la capilla. Tras orar unos minutos en silencio, se volvió hacia las Hermanas y les  dijo algunas palabras que mueven montañas:

 

“La Madre de Dios quiere renovar el mundo por intermedio nuestro.

 Ella quiere crear un movimiento de Renovación.  ¡Desde aquí! 

Y no quiere hacerlo  sola, sino  a través  de instrumentos.

Esa  es nuestra tarea: ser instrumento.

 ¡¡¡Ella se ha glorificado Aquí!!! ¡¡¡Ella ya se ha establecido Aquí!!!

 

De ese lugar físico donde el Padre Kentenich se alojó sólo queda el antiguo patio, por el cual paseó muchas veces rezando el Rosario.

La casa era modesta. Antes de ingresar al salón central, había dos sencillas habitaciones, una a la derecha y la otra a la izquierda, eran pequeñas y muy húmedas.  El Padre ocupó la pieza de la derecha, que tenía un lavabo dentro de un placard de madera. Al no disponer de baño privado, utilizaba uno común de chapas ubicado  en el patio, no había tampoco agua corriente.

También testigo de su presencia en nuestra ciudad, es la calle Pueyrredón, camino de ocho cuadras   que hacía con frecuencia a pie,  para ir a tomar el tren.

Mientras el Padre estuvo en Villa Ballester, permaneció  en la casa, atendiendo a la gente que quería conversar  con él. Su catequesis era continua, e iba dirigida en primer lugar a las Hermanas de María, ya sea en  la meditación matutina, en diálogos personales, o en las conversaciones en la mesa.

Una de las preocupaciones del Fundador era infundir en ellas la convicción de que Schoenstatt, como hecho de gracias, era una realidad no sólo  en Alemania, sino también aquí  en Argentina, donde ellas estaban.

De ahí su insistencia en el “AQUÍ”.

 

Como profeta deja tres imperativos para el futuro Santuario de gracias y el floreciente Movimiento de peregrinos:

 

*“La Santísima Virgen quiere glorificarse y establecerse todavía más AQUÍ. Más aún, quiere renovar  Buenos Aires…  No sólo desde Schoenstatt, Alemania, debe ser renovado el mundo, sino también DESDE AQUÍ.”

 *“La Madre de Dios se quiere establecer aún más aquí para transformar este lugar  y a cada uno de nosotros en María. ¡Hágase María!

*“Aquí quiere desplegar de manera visible su actividad y llevar a las personas hacia arriba, transformarlas. Ella obrará a través de nosotros.”

El Movimiento asume, con las hermanas, no sólo la Misión dada por el Padre, “Desde Aquí”,   sino que junto a ellas quiere regalar al mundo, a nuestra Patria y a cada familia que recibe la Virgen Peregrina,  el ser  imagen y Modelo de la Sagrada Familia de Nazaret.

 * Desde Aquí se  apoyó y  participó en la búsqueda del terreno y construcción de varios santuarios, especialmente el  Santuario Nacional de Florencio Varela. (1952)

* Desde Aquí  El Padre Kentenich escribió  parte de la Carta del 31 de Mayo, carta decisiva para el futuro del Movimiento de Schoenstatt, que luego fue ofrecida en el altar del Santuario de Bellavista (Chile)

 

* Desde Aquí  surgió  la corriente de los  santuarios del hogar inspirada en los rincones marianos que las familias  de la comunidad tenían en sus casas.

La Familia  de Villa Ballester comienza la búsqueda   de su propio terruño y  encuentra  una sede de manera muy providente en 1973. Son tiempos de entrega y fidelidad.

Conscientes de su riqueza histórica busca su misión diocesana con gran compromiso.

 El 18 de septiembre de 1975 es proclamada: “Desde aquí, en fidelidad crucificada  forjemos el Nazaret del  Padre”

Finalmente el 20 de septiembre de 1980, la Familia ballesterense ve cumplido el sueño de tener su Santuario.

Este   lleva como Misión e Ideal en sus muros  la de ser y forjar Nazaret. Si bien ni siquiera es uno de los primeros de nuestra Patria, al ser el que recoge las palabras proféticas del Padre,  pienso que de alguna forma, supo ser el testigo silencioso y el que tuvo el privilegio de acoger en su tierra, la primera casa central,  durante muchos años, de las Hermanas de María.

 

María quiere llenarnos y atraernos hacia Ella, para ser niños ante el Padre,  para que DESDE AQUÍ,  desde el Santuario, pueda renovarnos y renovar al mundo.

 Su Hna. María Ester

Bibliografía:

v      Platicas del Padre Kentenich en Villa Ballester, Argentina

v      “Huellas de un Padre” del Padre Esteban Uriburu

v      “Historia de los alemanes en la Argentina” de Martín Lange

v            Consultas: Dr. José Angió, Dr. En historia y Miembro de la Acad. Nacional de   Historia

 


Agosto 19, 2008
Padre Javier Arteaga

Padre Javier Arteaga

Queridos hermanos en la Alianza: 

El viernes 8 de agosto pudimos ver la magnífica apertura de los juegos olímpicos 2008 en Beijing. Palabras, cantos y bailes, destreza física, creatividad e ingenio, colores, luces y formas. Miles de hombres de todo el mundo estaban allí realizando y participando de esa maravilla; el espíritu del hombre estaba allí presente. Mientras escribo esta carta leo que ya fueron otorgadas 75 medallas de oro junto a otras tantas de plata y de bronce. El esfuerzo y la excelencia tienen su premio. Hace unos días leí un artículo que decía: “Cada atleta entrenó por mucho tiempo, preparó su estrategia y llegó a los juegos con la esperanza de llevarse un reconocimiento y una victoria. Todo se juega en pocos minutos. Algunos suben al podio de los vencedores, otros se contentan con haber participado. Algunos tendrán una segunda oportunidad en 4 años, otros no. La historia grabará algunos nombres y otros, como muchos, permanecerán en las memorias individuales de sus seres queridos y allegados”. 

Nuestra vida tiene mucho de juego olímpico: sueños, esfuerzos, conquistas, victorias y derrotas. Ya sea en lo personal y en lo familiar, en un grupo pequeño o como nación, siempre estamos en carrera, a los saltos (a veces muy altos o muy largos), levantando pesas, lanzando jabalinas, haciendo goles o errándolos, llegando primeros, segundos o últimos. Tanto en los juegos olímpicos como en el juego de la vida lo importante es tener claro la meta ¿qué quiero alcanzar?, el adecuado entrenamiento ¿Cómo me prepararé y lo lograré? y el fin último- trascendente ¿para qué hago todo esto?  

Seguramente un jugador de fútbol no logrará ganar una medalla de oro si se pone a lanzar discos. Para ello es menester preguntarse cuáles son las capacidades y talentos personales y consecuentemente ponernos las metas a conquistar. Muchas frustraciones en la vida tienen su origen en la falsa percepción sobre uno mismo. Algo semejante pasa con la vida de un país: cuando se interpreta su historia y su presente con una mirada parcial o deformada estamos determinando un futuro mediocre y frustrante porque no está fundada en la verdad. En Argentina tenemos aún muchas metas por alcanzar: la unidad en la diversidad, el respeto a toda vida humana, el progreso equitativo para todos, etc., y para ello necesitamos hombres y mujeres de espíritu grande y generoso, atletas de la verdad y del amor.

Pero con las capacidades solas no llegaremos muy lejos; a los talentos personales debemos sumarle el esfuerzo del entrenamiento para desarrollarlos. Y para ello muchas veces necesitamos la ayuda de especialistas, de entrenadores, de los mejores que quieran sumar sus conocimientos en pro de la meta, de un bien común. ¿Por qué países como China, Estados Unidos, Alemania, Corea del Sur o Rusia han ganado hasta ahora la mayoría de las medallas de oro? La respuesta no es difícil: porque tienen un objetivo claro y han puesto todas sus posibilidades orientadas a ese fin, y evidentemente tiene muchas posibilidades, comenzando por las organizacionales, económicas, científicas, etc., etc. Así sucede en la vida personal: solos no podemos, somos seres interdependientes. Pensando en la Patria recordé una excelente entrevista a Claudio Fernández Aráoz, uno de los mayores especialistas internacionales en la búsqueda de líderes empresariales, que publicó el diario La Nación el 30 de agosto pasado. Ante la pregunta si en la Argentina hay una masa crítica que ayude a pegar un salto cualitativo como país, Claudio Fernández Aráoz decía:

En primer lugar, para que la Argentina pegue ese salto no hacen falta genios ni grandes ideas. Nunca es así para ningún país ni para ninguna organización que aspira a la grandeza. Más que grandes estrategias, hacen falta una opción consciente para perseguir la grandeza y un trabajo disciplinado para alcanzarla. Una primera condición es el liderazgo adecuado al máximo nivel. No tengo dudas de que tenemos candidatos potenciales calificados en el país, pero tenemos que aprender a elegirlos. La segunda condición para dar el salto es que los líderes correctos armen bien sus equipos. Y para esto la Argentina cuenta con una masa crítica más que suficiente de talento. Nuestra nación se construyó y se hizo grande en su momento por las aspiraciones de grandeza de nuestros predecesores, a pesar de las frustraciones inevitables de todo trabajo de liderazgo”.  

¿Pero para qué sirve tanto esfuerzo y alcanzar finalmente la meta? El mismo San Pablo, a quien evocamos en este año paulino, nos lo dice claramente en la primera carta a los Corintios 9,25: “¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! Los atletas se privan de todo, ¡y eso por una corona corruptible! Nosotros, en cambio, por una incorruptible. No perdamos de vista el fin último de nuestra gran olimpíada: la Vida Eterna en Dios.

Queridos hermanos de Alianza, con todo el amor y el respeto que me inspira la Sma. Virgen, me animo a decir que para las olimpíadas de nuestra vida tenemos la mejor entrenadora: María. Ella, la llena de gracia, que hizo este camino junto a su Hijo y ya llegó a la meta del Cielo, es la más interesada en que nosotros también lleguemos y podamos “subir” todos, junto a Ella, al podio de los benditos de Dios en el Cielo. Mientras tanto sigamos “entrenando“, trabajando por el bien, la paz, la solidaridad y la justicia cada día, construyendo aquí la cultura del encuentro y de la Alianza. El Padre José Kentenich desde el Cielo nos alienta:

¡Alegres en la esperanza y seguros de la victoria,

con María, hacia los tiempos más nuevos!”.

 Desde el Santuario les envío un cordial saludo y bendición en el día de Alianza,                                                                                                                                                                  P. José Javier Arteaga

DESDE EL SANTUARIO, DISCÍPULOS-MISIONEROS

PARA UNA PATRIA FAMILIA


Reflexiones

Agosto 16, 2008

Escribe  Padre Nicolas Schwizer 

El crecimiento de nuestro amor matrimonial

En el matrimonio, nuestra tarea permanente debe ser cultivar el amor, crecer en él hasta llegar a un amor perfecto y maduro. Al comienzo, todo amor es egoísta. Y sólo de a poquito se convierte ese amor primitivo en un amor maduro.

¿Cómo tenemos que cultivar nuestro amor matrimonial? El Padre Kentenich fundador del Movimiento de Schoenstatt, nos da tres respuestas:

1. Debemos querer hacernos felices mutuamente. Significa hacer feliz en primer lugar no a mí mismo, sino al otro; pasar del amor egoísta al amor desinteresado al tú. Me exige preguntarme permanentemente: ¿Con lo que estoy haciendo, con lo que estoy diciendo, haré más feliz a mi cónyuge?

Es un crecimiento muy grande en el amor. Es una altura de entrega y generosidad fuera de lo común.

2. Debemos ayudarnos mutuamente a perfeccionarnos. ¡Cuántas oportunidades de perfeccionamiento se nos presentan en la vida cotidiana! Por ejemplo cuando las personas viven permanentemente juntas, cuán difícil resulta mantener el respeto el uno al otro.

¿En qué forma nos hacemos ver nuestras faltas? ¿Es un sentir y adentrarnos en la debilidad del otro, un aguantar paciente sus limitaciones, o es un gritarse y ofenderse mutuo?

Y los sacrificios pueden convertirse en una carga pesada. Todos lo sabemos y lo hemos sentido ya en algunos momentos. Y el Padre Kentenich,   también lo sabía y por eso dijo una vez, citando a un antiguo filósofo: “Si se compara la vida matrimonial con la vida de los mártires, encontramos pocos mártires que aguantaron tanto sufrimiento como muchos matrimonios deben soportar”.

Todo esto exige un alto grado de amor y de santidad. Es imposible llegar a eso, si nuestro amor matrimonial no tiene sus raíces en Dios.

3. El amor conyugal culmina en una fidelidad a toda prueba. Conocemos la descripción de fidelidad que nos da el Padre Kentenich: la mantención pura, lozana y creadora del primer amor. Es mantenerlo a través de las pruebas del tiempo para eternizarlo. Fidelidad en este sentido profundo y amplio es regalarle siempre al cónyuge todo mi corazón, regalarle mi tiempo privilegiado, mis intereses prioritarios.

Es imposible ser fiel en este sentido, sin un gran espíritu de sacrificio y sin un contacto directo con Dios a través de los sacramentos y la oración.

De todos modos, si miramos la vida matrimonial desde este punto de vista, se convierte en una escuela de santidad de primera magnitud. Se  trata de vivir la santidad de la vida diaria matrimonial y además vivir también la espiritualidad de alianza matrimonial.

El matrimonio no es solamente una comunidad de amor, sino que se fundamenta sobre una alianza de amor mutua. Y esa alianza tiende a profundizarse. Quiere darle al otro todos los derechos sobre mí, para que él sea feliz: yo no quiero otra cosa que lo que tú quieres.

Y después podemos ir más lejos todavía: Estoy dispuesto a renunciar y regalarle hasta lo más difícil, lo más pesado, si tú lo deseas. Si quieres esa renuncia, te ruego que me lo pidas. Es así como quiero mostrarte mi amor.

 Preguntas para la reflexión

¿Nos reímos como matrimonio, como familia?

2  ¿Nos herimos al criticarnos?

¿Estoy dispuesto a aceptar lo que mi cónyuge me pida


Reflexiones

Agosto 16, 2008

Escribe  Padre Nicolas Schwizer

 La Paciencia

Lo curioso es que en la Biblia esta palabra se refiere, ante todo, a la paciencia de Dios para con nosotros. Dios tiene paciencia con los hombres y mujeres que ha creado. Él tolera sus defectos y permite que el género humano siga poblando la tierra a pesar de su mala conducta.

Es el Espíritu Divino, paciente con nosotros, quien viene ahora a nosotros. Y de Él nos toca aprender para tener con los demás la misma paciencia que Él tiene con nosotros. Ya el libro de los Proverbios nos enseña: “Más vale un hombre paciente que un héroe, un hombre dueño de sí mismo, más que un conquistador de ciudades” (16,32). San Pablo, en sus cartas, insiste una y otra vez en esa virtud fundamental del aguante. Nos invita a revestirnos de entrañas de paciencia, soportarnos unos a otros con amor, perdonarnos mutuamente (cf. Col 3,12s; Efes 4,2; 1 Tes 5,14; 1 Cor 13,4). 

Todos hemos hecho la siguiente experiencia: Cuanto más cerca vivimos de una persona, más aumentan los roces, el fastidio, actitudes que irritan. Pensemos en nuestro cónyuge, nuestros hijos, parientes que viven en nuestra casa, compañeros de trabajo y amigos. Se mantienen la relación sincera y el afecto básico hacia la otra persona, pero se empaña el aprecio permanente con el disgusto diario.

Mucho se puede hacer para suavizar roces y facilitar la convivencia: dialogar, abrirse, sincerarse, corregirse y aceptarse. Mucho se puede hacer, pero todo ello ha de ir sobre el fundamento esencial de paciencia, de tolerancia, de puro y simple aguante humano. Porque en el fondo todos sabemos que la situación nunca va a ser ideal, ni en uno mismo ni en los demás.

Y lo que tenemos que hacer, por eso, es sobrellevar las inevitables contrariedades con resignación anticipada. Las cosas llevan tiempo. Los frutos maduran despacio. La naturaleza sigue su ritmo, y las estaciones no pueden acelerarse.

Y lo mismo sucede en la cosecha del Espíritu. Hace falta tiempo. Hace falta paciencia.

¡Espíritu Santo, conviértenos, aunque sea de a poquito, en maestros de la paciencia!

Paciencia para escuchar a los demás

Todas las personas que nos rodean, son cada una un ángel de Dios que nos trae un mensaje suyo. ¿Cómo mantengo yo la actitud de escucha frente a esa palabra de Dios que me viene a través del otro? Él o ella es palabra de Dios para mí en primer lugar a través de su amor, pero también a través de sus deseos, sus necesidades, sus penas. Todo es palabra de Dios que me está llamando: Sus gestos de amor me llaman a agradecer, sus deseos y necesidades a atenderlo, sus penas para aliviarlas y compartirlas.

Pero, ¿escucho yo esas palabras de Dios que me vienen a través de los demás? ¡Dios me quiere decir algo! Y cuando siento que hay algo de Dios en lo que me dice el otro, ¿lo acojo, le abro el corazón, para que esa palabra encuentre morada en mí?

Hay que escuchar al otro, pero también hay que hablarle al otro. Existen momentos en que Dios quiere hablarle al otro a través mío. Y entonces es un deber, hablar. Es un deber, dialogar. Entonces yo soy una palabra para el otro, que él necesita escuchar para crecer. Y si no le hablo, estoy negándome a ser palabra de Dios, Buena Noticia, Evangelio de Dios para el otro.

Preguntas para la reflexión

  • 1. ¿Me considero una persona paciente? ¿Como me ven los demás en este aspecto?
  • 2. ¿Tengo momentos de oración para escuchar lo que Dios me dice a través de los acontecimientos y de las personas?
  • 3. ¿Escucho con esa actitud de alegría cada vez que el otro abre la boca?

Reflexiones

Agosto 16, 2008

Escribe  Padre Nicolas Schwizer

 Nuestra fe cristiana 

¿Qué se necesita para que la fe cristiana arraigue profundamente en un hombre, quede fuerte y sana?

Los entendidos nos dicen que tres fuerzas deben cooperar para que un hombre llegue a la fe y, además, crezca y madure en ella: Dios, el Hombre mismo y la Comunidad de los creyentes.

1. Dios. Sabemos que Dios, a través del Bautismo da la gracia inicial para que la fe pueda nacer y crecer en un cristiano. Esta fe recibida en el bautismo es una semilla. Y la semilla está hecha para producir una planta y la planta para producir frutos. Para que la semilla de la fe pueda crecer en el alma, Dios tiene que seguir dando su gracia.

¿Cómo podemos conseguir esa gracia de la fe, a lo largo de nuestra vida? Creo que Dios nos pone una condición fundamental para ello: Él quiere que le pidamos esa gracia con humildad y confianza filiales. El apóstol Santiago nos dice en su carta: «Dios resiste a los soberbios, pero da la gracia a los humildes” (4.6). Y el mismo señor nos enseña en el Evangelio pedir con confianza: “Todo cuanto pidáis en la oración, creed que lo recibiréis y lo tendréis” (Mc 11,24).

2. El hombre mismo. La fe es un regalo de Dios. Pero también es una respuesta personal del hombre mismo. Él puede y debe colaborar en el crecimiento de su fe. Debe vivir y realizarla en su vida de cada día. Debe probarla con hechos y actos de fe concretos. La semilla que no es cuidada y alimentada, no puede madurar; se seca y muere. Y pienso que esa es la razón de la debilidad y hasta desaparición de la fe en muchos de nuestros contemporáneos.

Un sabio de la India dijo, después de un viaje por Europa: “Encontré en Europa un cristianismo de domingo y un paganismo cotidiano”. Una fe que no inspira el trabajo diario, el contacto con los demás, la alegría y el sufrimiento de cada día, no puede crecer, sino disminuye y muere, tarde o temprano.

3. La comunidad de los creyentes. La tercera condición fundamental, además de la gracia de Dios y de la cooperación del hombre, es la Comunidad de los creyentes. La fe sólo puede arraigar en un hombre, cuando forma parte de una comunidad cristiana porque la fe no es asunto privado de uno.

En la comunidad recibe la revelación de Dios y le da su respuesta de fe. Por eso dice San Pablo: “¿Cómo creerán si nada oyeron de Él? ¿Y cómo oirán si nadie les predica?” (Rom 10,14):

Pero no es suficiente predicar solamente con palabras. Más importante y fecundo es predicar con una vida de fe. Porque la vida sólo nace de la vida; y una fe vital nace sólo de una fe vital.

Y me parece que esta es otra de las causas, por la que tantos hombres de hoy no pueden creer: Muchos educadores y predicadores de la fe – papás, sacerdotes, maestros, etc. – no encarnan la fe en su persona ni en su vida. Hablan sólo de ella, pero no viven de ella. Por eso, su mensaje no convence ni vivifica.

Aquí entra entonces, con mucha fuerza, la importancia de nuestras comunidades cristianas y de nuestros grupos cristianos.

Pero lo más fundamental y decisivo para el nacer y crecer sano de la fe son nuestras familias cristianas, las primeras comunidades de fe. Los papás son no sólo los grandes educadores de la fe de sus hijos, sino también reflejos de Dios mismo para ellos. Mediante la relación con los padres, el niño experimenta la relación con Dios Padre y con su Madre celestial, la Sma. Virgen. Y así, va surgiendo, de un modo natural y espontáneo, una vinculación personal con Dios.

Y la esencia de la fe no es creer en ciertas verdades o artículos de fe, sino es creer en una persona, es creer en un Dios personal. Y madurar en la fe significa profundizar mi vinculación íntima con Cristo y con el Dios Trino.

Por eso, pidamos que el Señor nos regale la gracia de crecer permanentemente en la fe y en la vinculación personal con Él, y que nuestras crisis de fe sean sólo crisis de crecimiento. Pidámosle también a la Sma. Virgen, Madre y modelo de la fe, que nos fortalezca y acompañe en nuestro caminar hacia la Casa del Padre.

Preguntas para la reflexión

  • 1. ¿Me considero un cristiano de domingo?
  • 2. ¿Me considero una persona de fe?
  • 3. Como persona o como grupo, ¿en qué nos distinguimos de los demás?

Reflexiones

Agosto 15, 2008
Padre Nicolas Schwizer

Padre Nicolas Schwizer

 El hombre libre

 En el ámbito de la autoridad surgen, muchas veces, conflictos con la libertad de cada uno. Pensemos nomás en la rebeldía de nuestros hijos adolescentes.

Lo que pasa es que la autoridad frecuentemente limita la libertad personal. Y tiene que hacerlo, cuando están en juego intereses prioritarios.

La libertad individual no puede existir sin limitaciones, dentro de una comunidad como la familia, los movimientos, la Iglesia, la sociedad.

Y entonces es importante la educación de nuestra libertad. Tiene que ser una libertad condicionada, una libertad subordinada a valores e intereses superiores.

 Somos un montón de prejuicios. El egoísmo, el miedo, la costumbre, la sociedad nos hacen preferir de antemano conductas que son más cómodas, más seguras, más aceptadas. Muchas veces tomamos decisiones que creemos son opción personal nuestra. Pero en realidad nos han sido dictadas e impuestas solapadamente por todo tipo de influencias que determinan nuestro camino. Para que una decisión sea realmente personal, tiene que ser totalmente libre. Y esa libertad de prejuicios y temores sólo puede darla el Espíritu. Si en nuestra vida personal son difíciles las decisiones, más aún lo son en la vida social. Ahí se necesita, más que en ninguna otra ocasión, la visión del Espíritu y la valentía que inspira su poder.

Una definición popular del hombre libre dice que es el hombre “que sabe lo que quiere, quiere lo que sabe, hace lo que quiere y ama lo que hace”. Por eso, quisiera ver con Uds. un momento, estos grandes pasos de la educación de la libertad.

1. Saber lo que quiero. Primero, se trata de aclarar y definir mis valores muy personales. Es como elaborar mi escala personal de valores, mis prioridades de vida.

Luego, se trata también de formular mis metas personales, de saber lo que quiero en la vida. En esta sociedad masificada, muchas veces mis metas me son dictadas desde afuera; no vivo mi vida propia y original. Tengo que hacerme independiente de la opinión ajena, desprenderme de las presiones sociales, de la moda, de las influencias de la propaganda y de las mil formas como puedo ser influido desde afuera.

Tengo que animarme a concretar objetivos personales, metas a corto y a largo plazo.

Y, por supuesto, revisar y evaluar periódicamente mis valores y metas.

 2. Querer lo que sé. El segundo paso, luego de saber lo que realmente quiero, es llegar a querer lo que sé. Estamos hablando de lo que quiero realmente, para lo que estoy hecho, no de lo que los caprichos personales buscan Este paso es decisivo para la cohesión interior de la personalidad. No sólo se trata de saber, sino de querer. Tengo que afirmar mis anhelos y metas de vida con mi voluntad y con el corazón. Esto me permite ser coherente conmigo mismo.

 3. Hacer lo que quiero. El sentido es que haga lo que realmente quiero hacer y no lo que mi yo primitivo me impulsa a hacer. Muchas veces usamos el concepto “hacer lo que quiero”, no en el sentido de la verdadera libertad, sino en el equivocado camino que empuja hacia el egoísmo o el capricho personal. Pero aquí se trata de discernir y hacer las cosas en base a valores personales. Se trata de hacer lo que creo que es lo mejor para mí y para los demás. Y eso me hace verdaderamente libre.

 4. Amar lo que hago. El hombre libre que sabe lo que quiere, quiere lo que sabe y hace lo que realmente quiere, esta en condiciones de amar lo que hace. Cuando no se dan esas condiciones, muchas veces se llega a odiar o despreciar lo que se hace. Por otra parte es muy humano el no hacer lo que uno quiere, sino lo que no quiere. Es la experiencia de San Pablo: “Yo no hago lo bueno que quiero, sino lo malo que no quiero” (Rom 7,19).

Somos seres limitados. Pero, a pesar de ello, tenemos que esforzarnos en crecer hacia la verdadera libertad.

 Preguntas para la reflexión

  • 1. ¿Me considero una persona libre?
  • 2. ¿ Tengo claro mis valores y metas?
  • 3. ¿Me gusta mi trabajo, me actualizo en mi profesión?

 

 


Reflexiones

Agosto 15, 2008

Los caminos hacia el corazón del Padre

Escribe  Padre Nicolas Schwizer

 El P. Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt, nos señala los 4 caminos que usa Dios para ayudarnos a caminar hacia su corazón. 

1. El camino normal. Consiste en que el hombre aprenda a abrirse al Padre Dios a través de la experiencia gozosa de su padre natural. Fue el camino de Santa Teresita. Ella aprendió a conocer a Dios mirando a su papá. Cuando iba a misa, de niña, no miraba el altar porque no entendía nada, pero miraba la cara de su papá. Y por lo que iba pasando en la cara de su papá, iba captando la importancia de lo que pasaba en el altar. Y después de la muerte de él, cada vez que rezaba el “Padre nuestro”, se dirigía al mismo tiempo a sus dos papás en el cielo, cuyos rostros nunca había visto separados. Este es el camino normal o ideal, el que todos habríamos seguido si no hubiera habido pecado original. Sin embargo, son pocos los que hoy en día pueden seguirlo.

 ¿Pero qué pasa si este camino normal ha fallado? El Padre Todopoderoso que es capaz de sacar bien del mal, puede enderezar los caminos torcidos. Y según el Padre Kentenich, Dios recurre principalmente a otros tres caminos, para compensar las deficiencias del propio hogar y facilitarnos el acceso a Él.

 2. El camino del padre sustituto. Un camino compensatorio es la experiencia de alguien que llega a convertirse, en el plano humano, en un verdadero padre. Puede ser el abuelo, un tío, un profesor, un sacerdote, alguien que hace las veces de padre para mí. Y esta experiencia se va convirtiendo en el camino de acceso hacia la paternidad de Dios.

Logran descubrir en otra persona, el tipo de autoridad que buscan: un hombre cercano, que sirve, que da confianza, que estimula; un verdadero padre que conduce hacia Dios.

 3. El camino de contraste. Este camino compensatorio lo recorren aquellas personas que no se bloquean con la ausencia de un padre humano. Sino que Dios se las arregla para que ese vacío genere un hambre inmensa de ese padre que no han tenido.

Y cuando este tipo de personas descubre que Dios es ese papá que tanto andaban buscando, se aferran a Él con una fuerza extraordinaria.

 4. El camino de la propia paternidad. Un tercer camino es la experiencia de la propia paternidad, sea carnal o espiritual. Muchos hombres, a pesar de vivir una triste infancia, han llegado a ser excelentes padres. Han sido los propios hijos, con su entrega sencilla y filial, los que despertaron y plasmaron en ellos un corazón de padre. Recién allí descubrieron el maravilloso misterio de la relación hijo‑padre. Y como fruto de esa experiencia gozosa de su propia paternidad, empezaron a comprender que Dios también era así.

 Revisemos cada uno cuál ha sido su propia historia, su experiencia personal de paternidad. Recorramos nuestro propio camino hacia un descubrimiento vital del amor del Padre Dios.

Un gran desafío

Creo que todos nos damos cuenta de la importancia única del ser padre de familia. La felicidad de nuestros hijos y nuestra propia felicidad dependen de ello. Y si pensamos en el camino ideal de Santa Teresita, el desafío es inmensamente grande. No sólo debemos ser padres amorosos de nuestros hijos, sino debemos hacer presente al Padre Dios y a la Santísima Virgen ante ellos. Nuestros hijos deben reconocerlos en nosotros, amarlos en nosotros y, a través de nosotros, llegar a ellos de un modo espontáneo. Debemos poder decir como Cristo: Quien me ve a mí, ve al Padre Dios. Quien me ve a mí, ve a la Madre de Dios.

 Es un desafío a aspirar a la santidad más alta. “Sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto”. Sed perfectos como vuestra Madre del cielo es perfecta.

Preguntas para la reflexión

  • 1. ¿Cuál fue mi experiencia con mi padre?
  • 2. ¿Qué imagen ven mis hijos en mí?
  • 3. ¿Cómo podría mejorar mi imagen paterna?