Reflexiones

Septiembre 23, 2008

 

Padre rezando el rosario

Padre rezando el rosario

                                     

Arraigo en el Padre Fundador

 

               Escribe Padre Nicolás Schwizer, Instituto Padres de Schoenstatt

La  vivencia, la  relación  personal  con  el  Fundador  es  un  don.  Es  una gracia que  encierra  una  experiencia que  nadie  nos  puede dar  desde  afuera. Ha  de  hacerla cada  uno: encontrarse, vivir su  historia con  Él y  quererlo personalmente  en  la medida  que  experimente su cariño. Tarde o temprano, a cada schoenstattiano le llegará ese momento de gracia.¿Qué podemos hacer en concreto para que se nos dé esa gracia?   

¿Cómo  podemos abrirnos a  la gracia de un  profundo  arraigo en  el Padre Fundador?


1. Conocerlo. Es difícil, querer a  alguien a quien no conocemos bien.  El  primer paso es conocer al  Padre, interesarnos por  Él, abrirnos a su persona. A  muchos les  cuesta  leer y estudiar,  pero  es la  mejor forma para  conocerlo a  fondo, su persona, su  vida y  su obra. Si  queremos  acercarnos a Padre Fundador, hemos de hacer ese esfuerzo.
Así descubriremos que el sentido más  hondo de su vida era ser Padre. A lo largo de los  años podemos ver como creció y se desarrolló esa gracia de la paternidad que Dios le concedió.
Él sentía y decía que su ser padre fue el núcleo de su personalidad y misión. Dios nos dio  así un  Fundador cuyo  carisma  personal  fue el de irradiar ese rostro de padre. Dios Padre nos regaló un reflejo vivo de su propia paternidad.

Estudiando  la vida del Padre Kentenich, podremos  descubrir otro  rasgo esencial de su personalidad: frente a los hombres, Él era y quería ser siempre padre, pero frente  a Dios  se sentía siempre como  niño, como el niño más pequeño.
El  hombre maduro es  hijo y padre, es  como  un  puente  a través  del cual Dios quiere darse a nosotros. Ese  es el ideal que el  Padre  predicó y encarnó durante toda su larga vida.
2. Reconocerlo. Conocer y reconocer no es lo mismo: por ejemplo el diablo conoce a Dios, pero no la reconoce. ¿En qué sentido hemos de reconocerlo?

Como  Cabeza de la  Familia de  Schoenstatt.  Como tal  tiene  una  posición  de primacía dentro de la Familia.  Personalmente es el portador de una gran misión, misión que ha entregado a toda la Familia.  Pero  es  Él quien la recibió.  Por eso, tenemos que reconocerlo y aceptarlo como Cabeza, si queremos pertenecer a su Familia.

3. Seguirle. No  es suficiente sólo reconocerlo. Debemos identificarnos con  Él y con su obra. Su vida ejemplar lo autoriza para ser nuestro modelo. Porque  Él es la mejor encarnación  de lo que Schoenstatt  pretende: crear un  hombre nuevo, en una nueva comunidad. Hemos  de ser fieles a  su  espíritu, sus  principios, su misión. Sólo  así seremos  auténticos hijos  suyos que  puedan llevar adelante su obra.

4. Vincularnos.  El Padre, de su parte, quiere tomar contacto  con cada uno de nosotros, nos busca, nos invita a  acercarnos a  Él.  Debemos  recibirlo, darle  un lugar en  nuestra  vida, acogerlo en  nuestro  corazón.  Aceptarlo  como  nuestro padre, sentirnos hijos suyos. Así empezaremos  a compartir nuestra vida con  Él, así como la compartimos con María.
Entonces  vamos a empezar a dialogar con Él, contarle nuestras alegrías y penas,  luchas,  éxitos  y  fracasos.  Le  pediremos  consejo, ayuda. Vamos a  confiarle  y  rezarle,  por  ejemplo  la  novena… Y  entonces  vamos  a entregarnos también a Él, a su cuidado y protección paternal, a su mano conductora y educadora.

Y el fruto de toda esa vinculación creciente al  Padre, es  un  arraigo hondo en su corazón. Allí nos recibe a todos nosotros, nos hace sabernos y sentirnos sus hijos queridos, nos cobija en su amor paternal.  Y, por sobre todo, nos lleva al corazón de Dios, donde nos sentiremos acogidos y arraigados eternamente.
Preguntas para la reflexión

1. ¿Rezo la novena del Padre?
2. ¿Cuánto conozco de la vida del Padre Fundador?
3. ¿Es un modelo para mí

 

 

 


Carta de Alianza septiembre

Septiembre 18, 2008

El 15 de septiembre recordamos el 40º aniversario del fallecimiento del P. José Kentenich, nuestro Padre Fundador. En muchas catedrales y parroquias de Argentina y del mundo se celebraron Misas en su memoria. Una memoria viva que para nosotros es misión y constante desafío.

 El Papa Juan Pablo II nos decía en el Encuentro con el Movimiento el 20 de septiembre de 1985 en Vaticano, con motivo del centenario del nacimiento del Padre Fundador. “Desde muchas naciones os habéis reunido para agradecer por el don que Dios os hizo en la persona del P. Kentenich.”  Ese don de Dios se manifestó en la vida del P. Kentenich con rasgos muy concretos.

 1. Padre - P. Kentenich fue un claro reflejo de la paternidad de Dios para muchos hombres y mujeres de todo el mundo. Un sacerdote, luego de una larga charla con el P. Fundador, le preguntó: “¿Padre, tiene Ud. aluna intención por la que quiere que yo rece?” y el Padre le contestó: “Sí, rece para que pueda cobijar en mi corazón a millones de personas”.

Vivimos en un tiempo carente de personalidades paternales (no confundir con paternalismo), un tiempo de enorme orfandad y abandono. Esos fueron los mismos dolores que padeció el niño y el hombre Kentenich por la ausencia de su propio padre.  Justamente en aquello que Dios lo iba a distinguir como Su instrumento, en ello mismo el Señor debía formarlo, probarlo y educarlo. Es la misteriosa pedagogía divina que aprovecha lo pequeño, lo débil o torcido para sus santos planes de redención. El P. Kentenich anunció con su vida que Dios no es una idea metafísica, un concepto filosófico ni un personaje de la historia, sino un verdadero Padre que ama incondicionalmente. Al respecto decía: “La razón última de la “ausencia” de Dios en tantas almas debemos buscarla  en la carencia de personas que lo reflejen. Por lo tanto si nosotros no somos reflejos de Dios misericordioso le quitamos a los hombres de hoy la posibilidad de creer en Él.”

 2. Profeta del Dios de la Vida – Desde el más profundo espíritu evangélico, el P. Kentenich, nos enseña que Dios es un Dios vivo y para la vida: “Si queremos vivir en compañía de Dios, si queremos vivir en la presencia de Dios, como se decía antiguamente, si queremos tener un trato de amistad con el Dios vivo, entonces hay que contemplar a Dios en todas partes; hablar con Dios en todas partes, fundados en la fe y el amor…”

Mons. Zollitsch, presidente de la conferencia episcopal alemana, decía al respecto: “Muchos de nuestros contemporáneos –incluso muchos bautizados que se consideran cristianos –viven hoy como si Dios no existiera. No cuentan más con la acción de Dios en este mundo, en sus vidas, en su vida cotidiana. En Schoenstatt buscamos al Dios de la vida, contamos con Él y su acción, día tras día. Hemos aprendido y practicado, día a día, en la búsqueda de las huellas de Dios, la fe practica en la Providencia Divina.”

 3. Aliado y misionero de María – Desde que su mamá lo consagró a la Sma. Virgen a los 9 años, en momentos muy difíciles para ella, María fue su madre, su guía y consuelo, su educadora.  En ese acto ya está el germen de la Alianza de Amor que más tarde dará origen a Schoenstatt.  Él fue el primer aliado de María en Schoesntatt y su gran misionero. Él mismo revela la misión que le confió Dios al respecto; “…mi misión fue y es anunciar al mundo el misterio de María. Mi tarea es proclamar a la Sma. Virgen, revelarla a nuestro tiempo como la Colaboradora permanente de Cristo en toda su obra de Redención, como la Corredentora y la Medianera de las Gracias. Revelar a la Sma. Virgen en su profunda unión a Cristo y con la misión específica que Ella tiene desde el Santuario de Schoenstatt para el tiempo actual.” (16 de noviembre de 1958) Proclamar el misterio de María significó para el P. Kentenich mostrarle a los hombres la Madre fiel, el “libro de oro” del cristiano, la imagen, modelo y modeladora del hombre nuevo en Cristo. Pero Kentenich no se queda con María como Madre a amar e imagen a imitar, sino que busca movilizar lo mariano en el seno de la Iglesia para gestar una nueva cultura, que a instancias de María, sea más cristiana, más solidaria, justa y fraterna, y por  ello más humana.

 4. Comprometido con el hombre y su tiempo – El P. Fundador supo acuñar esa genial frase que define todo su ser y su actuar: “Con la mano en el curso del tiempo y el oído en el corazón de Dios”. Él no predicó una religiosidad espiritualista, desentendida del hombre y su tiempo sino bien anclada en el corazón de Dios y encarnada en el mundo. Pasó dos guerras mundiales, experimentó la degradación humana en un campo de concentración, pasó hambre, crisis económicas y pobreza; vivió con y como su pueblo. En cada tiempo supo buscar las respuestas para las problemáticas del hombre y la sociedad en el corazón mismo de Dios; asimismo buscó caminos de aplicación sencillos y profundos para que llegaran al corazón del hombre. Fue valiente para denunciar todo lo que atentara contra la dignidad y la integridad del hombre como hijo de Dios. Fue fiel y franco con su Iglesia, asumiendo que tiempos de grandes cambios requieren renovación, creatividad, valentía y un nuevo ardor  en el modo de vivir y transmitir la fe.

 Querida Familia de Schoenstatt, al comenzar estas líneas les decía que la memoria del P. Fundador es memoria viva, que nos motiva y desafía a la misión.  Mons. Tenhumber, obispo de Münster, Alemania, dijo una vez a la Familia de Schoesntatt que éramos “la carta de presentación de la santidad del Padre”. Una carta de presentación que de nosotros depende que sea “legible, motivadora y atractiva”. Por nuestra intensidad y calidad de vida en la Alianza, por nuestra valentía para vivir auténtica y creativamente nuestra misión, la Iglesia y la sociedad recibirán lo que nosotros mismos hemos recibido en la persona del Padre Fundador. O no.  En este nuevo 18 podemos estar infinitamente agradecidos por el Don recibido pero también recordemos que somos deudores del Padre y de su fundación.

 “Ustedes, a su manera pueden ayudarme a llevar la responsabilidad

 y compartir la misión de la Familia…

Quien tiene una misión debe cumplirla, aunque una salto mortal siga al otro.”

(P. J. K., 31 de mayo de 1949)

 Sí, Padre; ¡tu herencia nuestra misión! Aquí estamos, vamos contigo, nuestra mano en tu mano, nuestro corazón en tu corazón.

                                        P. José Javier Arteaga


Un regalo para el Padre

Septiembre 16, 2008
Vitro del Padre en el Santuario
Oración ofrecida por una hija fiel de Villa Ballester  para

la pronta beatificación  y canonización del Padre José.

Padre:

Te rogamos por la poderosa intercesión de nuestra

Madre y Reina Victoriosa, tres veces 
Admirable de Schoenstatt

y  la Alianza de Amor que sellamos con Ella,

por la beatificación y pronta santificación

de nuestro Padre y Fundador José Pedro Kentenich.

Tú dices: “Por los frutos  te reconocerán”.

El Padre a través de su entrega de amor,

dejo  frutos en la Familia, de vocación y santidad.

Ya hay muchos hijos espirituales esperando

los méritos  de la beatificación;

estos que ya Tú  bien conoces,

son los frutos de la Santidad de nuestro Padre,

que ha hecho todo lo que le has pedido con fidelidad

como  Fundador de esta obra tuya.

Hoy deseamos mostrarle al mundo que

también  hay sacerdotes santos, que han entregado

su vida con  amor, austeridad y castidad,

por eso te pedimos como Familia

en una oración hecha clamor

le regales el honor de los altares.  Amén

¡CANONÍCENLO USTEDES!

Septiembre 15, 2008
Retrato

Retrato

El Padre  José Kentenich  siempre decía:

 SI PIENSO EN EL 20 DE ENERO ME CRECEN ALAS…,

LAS ALAS DE LA FE EN LA VICTORIA.”

 

Así con este mismo anhelo subiéndonos a las alas de la victoria invitamos  a toda la familia de Schoenstatt, desde  esta página,  a crecer en Alianza Filial con un gesto heroico hacia nuestro  Padre Fundador; como en aquel  lejano  y doloroso 20 de  enero.

Decidámonos nuevamente  por el Padre, así como él sé decidió  por  nosotros  para que pronto llegue el  reconocimiento de parte de la Iglesia a su misión mariana para el mundo de hoy. Su Santidad el Papa Juan Pablo II le dijo a la Familia de Schoenstatt:

¡CANONÍCENLO USTEDES!

Nosotros sus hijos, debemos hacer realidad esta frase. Recordemos las palabras que el Padre escribiera  desde la prisión  en diciembre de 1941:

“YO ME ESFUERZO PARA QUE USTEDES PUEDAN ESTAR ORGULLOSOS DE MÍ. CUIDEN DE QUE YO TAMBIÉN PUEDA ESTARLO DE USTEDES.”

Queremos decirte Buen Dios:

 

Aquí estamos!    ¡Somos sus hijos!    ¡La familia del Padre!

 

que,  por la Alianza de Amor, en el espíritu del 20 de enero te imploramos   por la poderosa intersección de nuestra Madre, Reina y Victoriosa  Tres veces Admirable de Schoenstatt  le  regales al Padre Kentenich  el honor de los altares.

 

Te ofrecemos   para su pronta   beatificación y canonización  nuestro esfuerzo por la más alta santidad en la vida diaria, con vigoroso espíritu de sacrificio y sencilla alegría para que el mundo lo descubra  como: Profeta del Dios vivo, portador de  Cristo a  nuestro tiempo y resplandor  luminoso del rostro de María hoy, que ha entregado la misión de su vida a la Santa Madre Iglesia.

 

“¡Ayúdanos, María, es tiempo ya! “.

“¡Hilf, María, es ist Zeit…!”

 

Esta oración  a María,  era rezada por el Padre Kentenich con fuerza  y entusisasmo  cuando tenía  entre 7 u 8 años. Esta especie de jaculatoria, se rezaba mucho en Alemania como un resumen del Salve.

La misma también fue rezada por las Hermanas de María cuando el Padre Kentenich estaba agonizando.


MÁS CERCANO QUE NUNCA

Septiembre 15, 2008
Tumba del Padre en su 40° aniversario

Tumba del Padre en su 40° aniversario

La historia del Padre Kentenich es apasionante. Un hombre que, como pocos, vivió los desafíos y problemas más hondos del cambió de época. También, como pocos, se hizo  portador de los anhelos más profundos  del hombre actual. Con lucidez profética señaló derroteros que tendrán vigencia por siglos.

Su historia de vida muestra, una vez más, que Dios elige a los suyos de la nada y se glorifica  a partir de la pequeñez  humana. Una vida que recuerda  que es Dios quien conduce la historia y regala a sus instrumentos una fecundidad admirable y desbordante. Fue un hijo de María, de corazón encendido por amor a Ella y apasionado por la trascendencia de su misión de renovar la Iglesia y forjar una nueva cultura en Cristo Jesús. Nos encontramos ante la figura señera de un eximio  educador y formador de hombres; sabia nueva  para la Iglesia del tercer milenio.

 

La Virgen se lo llevó después  de haber celebrado Misa, por primera vez en la Iglesia de la Adoración, consagrada  a  la Santísima Trinidad, que se levanta sobre el monte de Schoenstatt  y cuya  construcción había sido prometida a la Virgen en 1946, como ofrenda por la protección de Schoenstatt durante la guerra.

El Padre fundador celebró  su primera  y última  Misa allí, el 15 de septiembre de 1968, en la fiesta de Nuestra Señora de los siete dolores, dolores que él había compartido muy íntimamente a lo largo de su vida ya que todos sus sufrimientos habían sido únicamente  por Ella, por la misión de María  frente a la Iglesia y al mundo del futuro.  Por la Santísima Virgen, el Padre fundador  había sufrido calumnias del mismo tipo  que sufrió Ella.  Como Ella, gustó también las amarguras del destierro. La Santísima Virgen se lo llevo al terminar la Misa,  en la sacristía. Falleció a causa de un ataque   al corazón, en forma instantánea y en medio de una paz extraordinaria.

 

La Familia de Schoenstatt siente, que desde que el Padre fundador murió, lejos de haberse  hecho  más distante, su persona se ha vuelto  mucho  más cercana. La intimidad con el Padre Kentenich ha crecido, en la medida que  los suyos se unen a él.

Él bendice  al que se le entrega, al que le da su cariño de hijo. Él bendice en forma extraordinaria, porque está más cerca de la Santísima Virgen que nunca y le puede “tironear del manto” con mucha más fuerza  y rapidez que lo hacía cuando estaba aquí en la tierra.

 

Texto extraído del libro: “La historia del Padre Kentenich” del P. Juan Pablo  Catoggio


40° Aniversario fallecimiento Padre José Kentenich

Septiembre 14, 2008

40° Aniversario del fallecimiento del Padre José Kentenich

Septiembre 14, 2008

El Movimiento de Schoenstatt recuerda en todo el mundo

 los 40 años del fallecimiento de su fundador

 El lunes 15 de septiembre, el Movimiento de Schoenstatt en todo el mundo recuerda el cuadragésimo aniversario del fallecimiento del Padre Kentenich. En Chile se celebra una Santa Misa en conmemoración de este acontecimiento en todas las catedrales del país; en Schoenstatt, como cada año, se celebra una Santa Misa para toda la Familia de Schoenstatt en la hora del fallecimiento del Padre, presidida por el P. Heinrich Walter, Presidente de la Presidencia General de la Obra de Schoenstatt. El 14, Mons. Robert Zollitsch, arzobispo de Friburgo y presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, presidirá una Santa Misa en conmemoración del Padre Kentenich en la Iglesia de Peregrinos en Schoenstatt.

El mismo día están en Schoenstatt unos 300 peregrinos de la diócesis de Osnabrück, Alemania, al menos otros 300 peregrinos más que vienen para la celebración del “Día del Padre”, y dos peregrinaciones grandes de Latinoamérica, una de Chile, y otra de la Argentina. Mons. Zollitsch ya envió el texto de su prédica para que se pueda ofrecer la traducción a los peregrinos internacionales. La cadena más grande de TV de Alemania anunció el envío de un equipo de filmación pues preparan un programa sobre Mons. Zollitsch, con una parte especial sobre Schoenstatt y el Padre Kentenich. Mientras a los peregrinos se les ofrece un programa variado con oraciones en la tumba del Padre y en el Santuario Original, presentaciones y talleres.

En muchas catedrales y Santuarios de varios países, se celebran Santas. Misas el 15 de septiembre en conmemoración del Padre Kentenich. En la Republica Argentina se celebrará a las  18 hs.  una Santa Misa en la Catedral  de Buenos Aires.


Reflexiones

Septiembre 14, 2008

Autoridad y obediencia

 Escribe Padre Nicolás Schwizer

Un aspecto práctico en nuestro camino hacia Dios, lo constituye una correcta aplicación de la autoridad, un aspecto muy afectado por la crisis de Padre en el mundo de hoy, que ha provocado una crisis de autoridad en todos los ámbitos.

 

Conceptos errados de autoridad

 

Un privilegio. Para muchos la autoridad es simplemente un privilegio. Se tiene autoridad para provecho propio. Eso hace que muchos hagan todo lo posible por llegar al poder, porque a través de él pueden dominar a los demás y llenarse de bienes. Antes de llegar a él se puede prometer cualquier cosa; después se muestra el verdadero rostro olvidando las promesas. En el ámbito familiar se aplica el mismo estilo de autoridad: el padre de familia es un señor que tiene todos los derechos y privilegios y los demás miembros de la casa deben obedecerle. Este concepto ha sido, con certeza, el que más ha contribuido a desprestigiar la autoridad.

 

Una carga pesada. Para otros la autoridad es una carga pesada que se lleva de mala gana y ejerciendo una especie de labor policíaca: es preciso poner orden y controlar todas las cosas y personas. Todo debe pasar bajo su control personal. Fiscalizar, reprimir, ordenar y corregir parecen ser los términos que contiene la autoridad.

 

Un derecho de mandar. Muchos confunden lisa y llanamente autoridad con potestad, es decir, con el derecho a disponer de alguien. Pareciera como si la autoridad se confundiera con el poder de mando. La mayoría piensa que tiene más autoridad el que más puede mandar.

El término autoridad evoca dos cosas a la mentalidad actual: mandar y obedecer. La autoridad aparece como una limitación de la libertad y por eso se ha hecho odiosa en nuestra época orientada hacia la liberación.

 

Concepto evangélico de autoridad: El servicio

Jesucristo plantea el asunto de una manera diametralmente opuesta. Nos dice: “Los que gobiernan las naciones las dominan y se hacen llamar benefactores. Uds. no deben ser así… El que quiera ser el primero que se haga el último”.

Nos muestra su ejemplo diciendo que él no vino “a ser servido sino a servir”. Esto significa que sitúa la autoridad en el plano del servicio. Existe una flagrante contradicción entre el concepto evangélico de autoridad y el concepto que reina en nuestro tiempo.

 

Etimológicamente, autoridad viene del verbo del latín “augere”, que significa hacer crecer, aumentar, hacer nacer, dar origen. De ahí viene “auctor esse”, que significa aquel que genera la vida en cada uno. Ya en su origen el término autoridad se define por el servicio a la vida.

 

Libertad y obediencia. Una comunidad no puede ser fecunda sin espíritu de obediencia. Se trata de ver a Dios detrás de toda autoridad humana legítima. Quiere decir, me inclino no ante la autoridad de un hombre, sino ante la autoridad de Dios que se manifiesta en él. Por eso, obediencia por amor a Dios. “Obediencia motivada por amor nos hace libres”, asegura el Padre Kentenich. Y cuanto más avanzamos por este camino, tanto más libres hemos de sentimos interiormente.

Obediencia es la gran señal de amor. El amor prueba su autenticidad en la obediencia. Es fundamentalmente fusión del yo con un tú. Pero la prueba de que esa fusión no es algo sentimental es que se exprese en mi deseo de fundirme con la voluntad de él. Es la gran prueba de amor de los hijos. Es la actitud fundamental de Cristo: “Mi alimento es hacer la voluntad del Padre” (Jn 4,34). Es también la actitud fundamental de la Virgen María: “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). La obediencia, actitud clave de Cristo y de María, es también la actitud clave de todo cristiano.

 

Preguntas para la reflexión

 

1.     ¿Me es fácil obedecer?

2.     ¿Cómo actúo cuando tengo autoridad?

3.     ¿De qué manera podemos ser diferentes?

 

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Reflexiones

Septiembre 14, 2008

Los caminos del amor de Dios

 

Escribe Padre Nicolás Schwizer

 Dios me invita a recorrer con Él los caminos de su amor en mi vida. ¿Y cuáles son estos caminos? Son muchos y en la vida de cada persona son distintos. Pero existen tres caminos que no faltan y son los más difíciles de comprender y de aceptar como caminos de amor:

1. Camino de su misericordia y mi miseria. Para reconocer nuestra pequeñez ante Dios, debemos aprender a ver el amor de Dios, debemos meditar sobre nuestra vida con los ojos de la fe, tratar de encontrar a Dios en los sucesos de nuestra existencia. Debemos buscar cada día en nuestra vida la misericordia de Dios, meditar y postgustar nuestra miseria y su misericordia. Esa tiene que ser nuestra meditación predilecta: postgustar las manifestaciones de su amor misericordioso en nuestra vida.

Pero no sólo la misericordia de Dios, sino también nuestra miseria personal tenemos que interpretarla como un designio del amor de Dios, aprender a ver el amor de Dios a lo largo de nuestra vida… ¿De qué miserias se trata?: Miserias físicas, miserias espirituales y religiosas, miserias del carácter, miserias morales, nuestros fracasos e infidelidades.

2. Camino de las desilusiones. Uno de los caminos que Dios ha previsto para profundizar nuestro amor es el de las desilusiones: de nosotros mismos y de los demás: del cónyuge, de los hijos, de los parientes, de los amigos, etc.

Todas las personas tienen para nosotros una función de atracción. Deben atraer, despertar nuestro amor, pero luego transmitirlo a Dios.

Deben ser como la cuerda que nos lleva al corazón de Dios Padre. Pero podemos vincularnos también desordenadamente a las creaturas, de modo que no nos conduzcan hacia arriba. Y entonces Dios hace que nos desilusionamos de ellas. Tarde o temprano toda persona va a desilusionarnos. Pues toda persona tiene faltas y limitaciones humanas que no puede superar.

Nuestro corazón es tan grande que sólo puede sentirse satisfecho en el corazón de Dios, quien con frecuencia nos quita justamente eso a lo que más estamos vinculados. O nos desilusiona justamente de las personas más queridas. Por eso, cada decepción, cada pérdida dolorosa es siempre un llamado de parte de Dios: “¡Hijo, ven a mi corazón!”

Muchas personas se quiebran con las desilusiones, porque su vida no está orientada hacia el Señor, porque su amor no trasciende a la persona amada y no conduce al corazón de Dios. No viven su Alianza de amor con Dios Padre.

3. Camino del sufrimiento y de la cruz. Es la forma más fecunda para crecer en la Alianza de amor con Dios.

Para toda persona que se deja educar por la Sma. Virgen, llegarán momentos en que el alma estará completamente árida, seca. No siente nada, ni felicidad ni gusto en lo religioso. Es en esos momentos de sequedad, cuando muchos se quiebran. Quedan al pie de la montaña del amor, porque no logran decidirse por la entrega perfecta, no se dejan conducir a través de las oscuridades de la cruz.

¿Qué quiere lograr Dios con esa aridez del alma? Que nos desprendamos de una creatura a la cual estamos ligados demasiado profundamente: quiere desprenderme de mí mismo. Por eso Dios me educa para que me olvide de mí mismo y gire en torno a Él: que piense, que trabaje por Él, que me entregue a Él. Y así Dios busca conducirme a la cumbre de la santidad, busca conquistar mi corazón para Él. Mi amor tiene que ser purificado y desprendido no sólo de las demás creaturas sino, sobre todo, desprendido de mí mismo. Sólo de ese modo podrá vivir profundamente mi Alianza con Dios.

Preguntas para la reflexión

1.      ¿Veo el amor de Dios en las dificultades?

2.       ¿Cómo recibo las cruces?

3.      ¿Cómo me afectan las desilusiones?

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