Mes de María

Noviembre 29, 2009

29 de noviembre

El tercer rasgo: el Niño en los brazos (véase Lc 2, 6s.22-27). ¿Qué nos dice esta imagen? es la que da a luz a Cristo, la que nos trae a Cristo y la Servidora de Cristo: tres características. Ella no realiza esta triple actividad en una u otra oportunidad, de manera ocasional a lo largo de su vida sino que se trata de su ministerio. También hoy ella es, y quiere que se la conozca y reconozca como tal, la que da a luz a Cristo. Así lo hemos vivido, por ejemplo, en Navidad. La que nos trae a Cristo: ¡cuán pronto se apresuró a ir a través de la montaña una vez que había pronunciado su fiat y que se había hecho realidad el gran misterio! Quería llevar a Cristo a su prima Isabel y a Zacarías. Servidora de Cristo; ella misma se caracterizó de esa manera. Su Ideal Personal rezaba: He aquí la esclava del Señor. ¿De qué manera sirvió al Señor?: Podemos pensar en los tres sabios de oriente, o en el primer milagro que obró Jesús a instancias suyas. Quería servirlo a él y a su misión. Y así se afirma explícitamente: “y sus discípulos creyeron en él” (Jn 2, 1). Servidora de Cristo.

Aun allí donde se la recibe a ella misma, nunca está separada de él, siempre lleva al Señor en su corazón, en sus brazos. Este es su ministerio, Servidora de Cristo. Ella gira en torno a Cristo. No puede hacer otra cosa. Todo su ser está ordenado hacia Cristo. Ésta es la imagen bíblica de María.

La espada en el corazón (véase Lc 2, 35.41-50; Jn 19, 25ss). ¿Qué dolor es el que se caracteriza aquí? Es el dolor esencialmente femenino, dolor del alma, o bien más exactamente, compasión del alma. ¿Y cómo se mide la compasión del alma? Con la medida del amor. (Milwaukee, enero 1965).

 Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 “Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”


Adviento

Noviembre 29, 2009

 

1er domingo de Adviento

1er domingo de Adviento

       Encendemos, Señor, esta luz,
             como aquel que enciende su lámpara
            para salir en la noche,
             al encuentro del amigo que ya viene.
            En esta primera semana del Adviento
       queremos levantarnos para esperarte preparados,
            para recibirte con alegría.

         Muchas sombras nos envuelven.
        Muchos halagos nos adormecen.
         Queremos estar despiertos y vigilantes,
        porque tú nos traes la luz más clara,
        la paz más profunda,
      y la alegría más verdadera.

  ¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!

  …En Adviento,  Dios «viene»: viene para estar con nosotros, en cada una de nuestras situaciones; viene para vivir entre nosotros, a vivir con nosotros y en nosotros; viene a llenar las distancias que nos dividen y separan; viene a reconciliarnos con Él y entre nosotros. Viene en la historia de la humanidad para tocar a la puerta de cada hombre y de cada mujer de buena voluntad, para ofrecer a los individuos, a las familias y a los pueblos el don de la fraternidad, de la concordia y de la paz. En  Cristo están invitados a permanecer en espera vigilante y activa, alimentada por la oración y por el compromiso concreto del amor.

…El Adviento es por excelencia el tiempo de la esperanza, en el que los creyentes en  Cristo están invitados a permanecer en espera vigilante y activa, alimentada por la oración y por el compromiso concreto del amor.

   ¡Que el acercarse de la Navidad de Cristo llene los corazones de todos los cristianos  de alegría, de serenidad y de paz!   Palabras del Santo Padre Benedicto XVI,   del domingo 3 de diciembre de 2006 antes del Angelus

 Hoy, primer domingo  de Adviento, tiempo de espera y conversión encenderemos  el primer cirio virtual,  que representará  esta semana   la luz de nuestra alegría.

 La alegría debe irradiarse en nuestro propio  rostro.  P. Kentenich

Pidamosle a María,   Madre del Adviento, Virgen de la esperanza

 que   nos enseñe   a esperar con renovada alegría y su misma fe.
 (Te invitamos a rezar  un Salve)
Recopilacion de varios textos

N a v i d a d 2009

Noviembre 29, 2009

Saludo del Padre  Alerto Eronti  a los miembros del Círculo de Adoración.

“María, tus hijos somos

el canto de tu ternura,

espada de tus combates.

tesoro de tu conquista,

santuario de tu presencia,

Iglesia de Jesuristo.

 Siempre estoy en casa,

  porque siempre tú.

 siempre me acompañas” (*)

 El año 2009 se acerca a su fin, como es habitual en estas fechas les hago este saludo enmarcado entre las celebraciones de la Navidad y Reyes. Sin duda alguna, la “globalización” del mundo nos ha hecho vivir intensamente algunos sucesos: calentamiento global, crisis económica mundial, terrorismo, inseguridad, migración… A lo vivido planetariamente hemos de sumar nuestras propias vidas, con sus ilusiones y desilusiones, éxitos y fracasos, alegría y sufrimientos,… Es nuestra historia, es la historia de cada uno y al término de otro año que será “pasado”, celebraremos de nuevo el nacimiento del Hijo de Dios y el inicio de un nuevo año.

 ¡El nacimiento del Dios hecho hombre! ¡Dios naciendo! ¡Dios encerrado nueve meses en el vientre de La Mujer, María! ¡Dios aprendiendo a ser hombre: comer, sonreír, llorar, caminar…! Este hecho ocurrido hace ya más de 2000 años, sigue aconteciendo, sigue ocurriendo, ¡Dios no ha dejado de nacer! Es que Dios nace también en cada niño, sigue naciendo en cada joven, continúa  naciendo en cada hombre o mujer de “buena voluntad”. Por esto es que la fiesta tiene su particular y extraña fascinación: sentimos que no es ajena a nosotros, porque nosotros también hemos nacido, aprendido y proyectado como hombres e hijos de Dios.  El nacimiento de Jesús de Nazareth, acaecido en Belén de Judá es para cada uno y en cada uno de nosotros.  Ha venido a enseñarnos “el camino del hombre”.

 Se puede ser hombre y mujer de muchas maneras, pero sólo una es de plenitud.  Es a esta manera única a la que apunta la Navidad.  La celebración de la fiesta de la ternura, el amor y la paz, no es un hecho social, señala más allá, es un hecho profundamente humano y divino.  Contemplar al Niño con los ojos de María y José, significará contemplar lo mejor de nosotros mismos.  Es esa “mejor parte” de la que habla Jesús a Marta de Betania, señalando a la hermana menor sentada a los pies del Maestro.  Celebrar la Navidad cristianamente, es hacerlo en clave contemplativa, en clave de adoración y estupor de niños. Es como despertar energía, anhelos e ideales dormidos o atontados por el diario vivir.

La Navidad de Jesús,  el Hijo de Dios,  es pura energía vital, es alegría y paz, es promesa cumplida y esperanza cierta.

 En la Nochebuena del próximo 24 de diciembre, nos encontraremos -como cada año- junto al pesebre.  Querríamos tener los ojos fascinados de María y su corazón pleno de ternura, el sentir de José contemplativo y sólido cuidando el Tesoro de María. La sorpresa alegre de los pastores oyendo el canto de ángeles, y sin duda alguna pertenecer al grupo de los “hombres de buena voluntad”.

 El cambio de año va acompañado siempre de algunas palabras “clásicas”: felicidad, buenos augurios, salud, paz, ir a más y mejor.  Es que el cambio del almanaque pareciera ejercer un particular influjo psicológico y vital: ¡recomenzar!, ¡otra oportunidad!   Si es así, será bueno imaginar y reflexionar sobre los anhelos, necesidades, desafíos, que tenemos por delante. Cada recomenzar, cada cambio, encierra en sí una oportunidad y es bueno hacer lo posible para que, en lo que de nosotros depende, no se escurra como agua entre los dedos.  Para acometer esta realidad, será bueno recordar que no estamos solos.  No estamos solos porque muchos que queremos y nos quieren nos acompañan;  pero sobre todo no estamos solos porque Dios está con nosotros.  

Navidad es justamente esto: Dios con nosotros, Dios para nosotros, Dios en nosotros. Decir Dios con nosotros, es decir que lo mejor de cada uno pude crecer, desarrollarse, plenificarse.  Dios, dice el profeta, es “amigo del hombre”.  Es en amistad con él que estamos llamados a crecer, que no es otra cosa que dejar ir a más lo mejor de nosotros mismos.

 ¡Renacer!, es el mensaje de Navidad y es la apuesta para el nuevo año. ¡Amén!

 Un cordial saludo a todos. Que Dios les muestre su rostro y los bendiga desde Sion.            

 (*) Joaquín Alliende Luco


Mes de María

Noviembre 28, 2009

 

28 de noviembre

El Magnificat en los labios (Lc 1, 39-56). Es una confesión, una confesión jubilosa de los caminos por los cuales conduce la eterna sabiduría de Dios: tiene en sus manos las riendas del acontecer universal y está siempre detrás de todo lo que sucede. El espíritu de la fe mira más profundamente; detrás de todo ve el poder, la sabiduría y el amor de la conducción del amor eterno.

El Magnificat evoca las grandes leyes del gobierno del mundo. ¿Cuál es su ley de gobierno? María estudia esa ley en su propia vida y la aplica a todo el acontecer del mundo, como también a su propio pueblo. “Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre. Ha puesto los ojos en la humildad de su esclava”. Ésta es la gran ley del gobierno del mundo, una ley que ella aplica, después, a la totalidad del acontecer universal: “Exaltó a los humildes; despidió a los ricos sin nada; derribó a los potentados de sus tronos”. ¡Peculiar ley del gobierno del mundo! Y, más tarde, subraya cómo la sabiduría de Dios ha aplicado esta ley en su propio pueblo. Podríamos reducir el contenido del Magnificat a la simple ley, a la simple expresión que dice: tú eres el que siempre hace las mayores obras sólo a través de los más pequeños… Nos devela el poder y la potestad de conducción, la ley de conducción, de la Sabiduría eterna, trátese del acontecer universal, de la pequeña vida personal o también de la historia de comunidades. (Milwaukee, Enero 65)

 Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 ”Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”


Mes de María

Noviembre 28, 2009

27 de noviembre

María está ante nosotros con el Ave en el oído, el Magnificat en los labios, el Niño en los brazos, las lenguas de fuego sobre la cabeza, la espada en el corazón. ¿Percibimos cuán maravillosamente bella es la presentación de esa figura? Lenguas de fuego sobre la cabeza. Pero más aún: el dragón bajo los pies y envuelta en luz. ¿No es acaso una figura de maravillosa belleza? En su tiempo, Salomón, rey de los judíos, vio en sueños una imagen, una figura. Esta es la figura que más tarde pinta la Sagrada Escritura: “¿Quién es ésta que surge?” (Ct 6, 10) ¿Quién es? Es ella, tal como el Espíritu Santo la ha dibujado y caracterizado. El Ave en el oído (Lc 1, 26-38). ¿Quién es el que envía el saludo a María? El Dios eterno. Los teólogos han subrayado el hecho de que el ángel no llega con un mandamiento, sino con un pedido: “¿Quieres? ¿Estás dispuesta?”. La Virgen aparece aquí como representante del género humano. En ella es la humanidad quien ha de pronunciar un sí libre a la encarnación de la Palabra eterna. No asiente de inmediato, sino que primero, reflexiona. ¿Qué hizo, entonces? Lo mismo que debemos hacer siempre nosotros cuando preguntamos, de algún modo, si Dios manifiesta un deseo, y cómo, cuándo y dónde lo hace. En primer lugar, reflexionó sobre todo lo que le decía el ángel. Pero al no comprenderlo por sí misma, pregunta al ángel: ¿Cómo ha de suceder esto? Y recibe una respuesta a la pregunta del cómo, si bien una respuesta peculiar: “Para Dios nada es imposible”. Entonces, a la mención de la omnipotencia de Dios, su espíritu queda contento y pronuncia su sí sincero, de corazón. (Milwaukee, enero 65)

Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 ”Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”


Mes de María

Noviembre 26, 2009

26 de noviembre

Tu sola interemisti omnes haereses,21 tú sola, María, has vencido todas las herejías en el orbe. María lo hizo por su intercesión y por su ser, por su personalidad. Las herejías de antaño se referían a cuestiones religiosas, trátese del Dios Trino, de Cristo, la Iglesia o la redención. La historia del dogma demuestra cómo la Virgen contribuyó, de esta doble forma, por su ser y su personalidad, de manera única y original, a la superación de estas herejías: Tu sola interemisti omnes haereses in mundo.

Actualmente el mundo se enfrenta con otras herejías de dimensiones gigantescas y de características que nosotros apenas conocemos o que tal vez en algo presentimos. Nos referimos a las herejías antropológicas. En ellas, Dios ya no constituye el centro, al menos no en forma directa o inmediata. Intencionalmente digo ‘en forma directa e inmediata’, y no ‘en forma mediata e indirecta’, porque Dios y lo divino constituyen la protección más perfecta de lo humano. Cuanto más se esfuerzan por expulsar lo divino del mundo, tanto menos asegurada estará la naturaleza humana. Sin embargo, visto desde el punto de vista formal e inmediato, nos enfrentamos con herejías de gigantescas proporciones, cuyo objeto inmediato es la naturaleza humana. Se trata de herejías antropológicas. ¿Quién vendrá a socorrernos? (Sch. mayo 1932)

 Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 ”Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”


Mes de María

Noviembre 25, 2009

25 de noviembre

María es la gran señal apocalíptica por antonomasia. En el trasfondo, ella es la potencia que, en unión con Cristo, es atacada por la potencia diabólica. Y ella es la que, como la gran Señal, llama poderosamente la atención sobre sí misma y va en busca de instrumentos. No; no se trata aquí de cosas secundarias, marginales. Lo mariano no es el centro, pero forma parte del centro; no está al margen, a no ser que utilicemos la imagen del círculo: en tal caso, la línea del círculo pertenece al círculo en igual medida que el centro. En estos días queremos desechar también toda reserva; queremos trazar con inexorable claridad lo que la imagen de María tiene que decir al tiempo actual.

Luchamos para llevar la Iglesia a la otra ribera. Y ahora se plantea la pregunta: ¿cuáles son aquellas cosas esenciales que, en cualquier caso, deben rescatarse, que para el tiempo venidero deben acentuarse con mayor fuerza aún que hasta el presente? Entre estas cosas esenciales está la imagen de María. La santísima Virgen se yergue hoy, en el ámbito de la Iglesia católica, como signo de contradicción. Este signo despierta o bien una respuesta afirmativa, o bien una negativa. Ante él se dividen los espíritus. La figura de María es, por consiguiente, el signo en el que se dividen los espíritus. Queremos suplicar humildemente: hazme digno de alabarte, de ensalzarte; hazme digno de llevarte al mundo. (Schoenstatt, 1950)

 24 de noviembre

La historia de salvación comenzó con el nacimiento de Cristo y con el sí de María. Si el mundo actual quiere encontrar de nuevo el camino hacia Cristo, María debe dar nuevamente a luz a Cristo. También aquí presupongo que ustedes aceptan esto en su interior. Pero, cuando reflexionen o hablen al respecto, deben fundamentar todo y estudiarlo nuevamente, pues, de lo contrario, nunca entenderán toda la profundidad de Schoenstatt con su alianza de amor. ¡La santísima Virgen quiere crear desde aquí un mundo totalmente nuevo: Cristo debe nacer de nuevo! Pienso que en esto también a ustedes les sucederá como a alguien que me hacía hoy el siguiente comentario: cuanto más se profundiza en el estudio del Hacia el Padre, tanto más variadas son las respuestas que allí se encuentran. A menudo se trata sólo de un par de palabras que se nos abren como visiones a la distancia. Sólo se necesita tiempo para captarlas.

Gracias por todos tus regalos, por la abundancia que hemos recibido; gracias porque elegiste a Schoenstatt y porque allí Cristo nace de nuevo.

¿Comprenden lo que significan? No se trata solamente de que Cristo nace de nuevo como en todas partes. ¡No, no! Deben verlo con toda su fuerza, en esta gran perspectiva: Cristo debe nacer nuevamente. Por esta razón es tan importante que mantengamos con firmeza lo que hemos querido desde el comienzo. ¿De qué se trata? Del amor a María. Pero María no solamente como camino hacia la intimidad con Dios Padre, sino también como camino hacia el nacimiento de Cristo para el tiempo actual, para la nueva época. (Milwaukee, Estados Unidos, 31 de mayo de 1963)

 Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 “Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”


Mes de María

Noviembre 24, 2009

23 de noviembre

Todo en el orden salvífico gira en torno al Primogénito de toda la creación, pero, en cierto sentido y hasta cierto punto, también en torno a su bendita Madre y Esposa. Él se la ha elegido, según hemos destacado, como su Compañera y Colaboradora permanente por oficio, en toda la obra de salvación. Por esa razón se la denomina también “remolino de Cristo”. Esto quiere decir que, quien se ha entregado a María, se ve arrastrado por ella hacia Cristo casi como por una peculiar necesidad, semejante a lo que sucede con un remolino, para ser conducido por él al Padre. Por eso, la piedad medieval oraba de la siguiente manera: “¡Tú eres pura e íntegra, la sagrada custodia que ha llevado a Cristo, el Señor!”

Ya desde muy temprano, nosotros, los schoenstattianos, nos hemos propuesto como Familia, como dice la Segunda Acta de Fundación, el ideal de garantizar que “tengamos el honor de contribuir al surgimiento de una época en que la Iglesia pueda cantar con razón: “Tú has vencido también las herejías antropológicas de la Edad Moderna y has suscitado un nuevo ordenamiento de la sociedad cristiana.” Desde 1914 nos hemos comprometido crecientemente, por medio de nuestra alianza de amor con la MTA según la consigna: ¡Con María, alegres por la esperanza y seguros de la victoria, hacia los tiempos más nuevos! (Schoenstatt, agosto 1968)

    22 de noviembre

Los tiempos finales del mundo tienden, en mayor o menor grado, hacia lo mariano y hacia lo demoníaco. De todos modos, no es posible explicarlos en forma meramente natural. Así, los poderes divinos y los demoníacos eligieron la tierra como su campo de batalla y luchan, con sus instrumentos, por el dominio del mundo. Según puede verse, hoy acontece esto mismo de manera extraordinaria. Así podemos concebir, a la luz de la fe, la actual situación histórica.

Con lo dicho se ha insinuado la misión de María en las luchas espirituales de la actualidad. Como instrumento preferido en manos del Dios vivo, como aquella que por oficio es la Compañera y Colaboradora permanente de Cristo en toda la obra de la redención, ella tiene la tarea de aplastar, en unión a Cristo, la cabeza del Demonio, de tal manera que, al final, el mundo vuelva a ser propiedad de Dios y le tribute la honra que le corresponde. (…)

El sentido de la historia universal es doble: tiene un lado divino y un lado humano. El lado divino expresa que el sentido de la historia consiste en la búsqueda victoriosa de los elegidos por Cristo y María, en el Espíritu Santo, para regresar al Padre. El lado humano expresa la lucha por el regreso de los elegidos en Cristo y María, en el Espíritu Santo, hacia el Padre. Según ello, búsqueda y regreso al Padre se condicionan recíprocamente. Sin embargo, tanto en un caso como en el otro, Jesucristo está en el centro, pero nunca separado de su bendita Madre. (Schoenstatt, agosto 1968)

 Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 ”Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”


Mes de María

Noviembre 24, 2009

21 de noviembre

Por esa razón, muchas veces, tanto en teólogos cuanto en laicos comprometidos en su vida cristiana, se ha hecho costumbre en la Iglesia ver a María como el símbolo del Espíritu Santo. Para el Padre tenemos suficientes símbolos, al igual que para Cristo. Para el Espíritu Santo, en cambio, se está comúnmente en apuros. El símbolo es la paloma. Pero ¿dónde están aquí los puntos de comparación? En última instancia, es más profundo considerar a María como el símbolo del Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo es la entrega, el amor en persona, y la Santísima Virgen, por su parte, es el amor personificado. (EEUU marzo de 1963)

A menudo cantamos: “La mirada eterna de Dios Padre reposa sobre ti en silenciosa complacencia”. ¿En compañía de quién nos encontramos, entonces? En compañía de la Trinidad. “La mirada eterna de Dios Padre reposa sobre ti en silenciosa complacencia.” Por tanto, no solamente nuestra mirada reposa sobre la imagen de la Virgen Santísima, sino también la mirada de Dios, del Padre, del Uno y Trino reposa sobre ti en silenciosa complacencia. Pienso que debería ascender aún más: no sólo hoy, no sólo en este mes, no sólo en la era cristiana, la mirada de Dios –por expresarnos con imágenes– rodeó con amor la imagen de María. (Schoenstatt, Mayo 1931).

 Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 ”Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”

20 de noviembre

Es un gran honor para la mujer que Dios, el Padre eterno, haya dado atributos tan excepcionales a una mujer, por encima de todos los coros de los ángeles, por encima de todos los coros de la creación, excepción hecha, por supuesto, de la naturaleza humana del Dios hecho hombre. Dios aprecia y protege visiblemente, de manera singular, el valor, la dignidad y el fulgor de la mujer. Imagen solar de la dignidad femenina, imagen resplandeciente de la belleza femenina, del valor de la mujer.

En ningún otro lugar se presenta y cincela de manera tan clásica la metafísica de la mujer como en la mariología católica. Si procuramos reducir a principios últimos todos aquellos rasgos particulares que pueden afirmarse de la figura de María, ella se yergue ante nosotros en el resplandor de la Virgen, Esposa, Madre. Ésta es la esencia de la mujer: virgo, sponsa, mater. Toda entrega: en efecto, todo lo que pueda imaginarse en cuanto a formas de entrega resuena en estas tres formulaciones.

Toda pureza: Virgo. Sponsa: ¿qué significa Sponsa? Una vez más, entrega. Aquí tenemos, pues, todas las formas de amor del que es capaz una mujer. Éste se encuentra encarnado aquí en forma clásica. La esencia de la mujer es, por consiguiente, entrega personificada, amor personificado. (EEUU, marzo de 1963)

 Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

  ”Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”


Mes de María

Noviembre 24, 2009

19 de noviembre

No quisiera demostrarles ahora cómo María fue, sin más, la niña de Dios Padre. Habrá otros que podrán decirlo de sí mismos. A mí me importa grabarles lo siguiente: si el Señor establece la exigencia de que lleguemos a ser niños hasta la plenitud, nunca podremos realizar solos ese mandato, menos aún en el tiempo actual. Por esa razón: ¡intercambio de su persona y la nuestra! La Santísima Virgen es ambas cosas al mismo tiempo: la niña singular e insuperable, la extraordinaria hija de Dios, pero también la figura femenina más vigorosa, que no tiene parangón a la hora de dominar las situaciones más difíciles. Por eso nos alegramos de saber ahora un camino seguro y fácil para que se manifieste en nosotros la imagen de María. (Schoenstatt, Agosto 1966).

La imagen de María es precisamente la imagen ideal de mujer. ¿Cómo la hemos presentado? Como el fulgor admirable de la dignidad, grandeza y nobleza femeninas. Ciertamente, podemos imaginarnos a la Santísima Virgen de tal modo que ella se yergue ante nosotros como la encarnación femenina de la imagen de Cristo, en la medida en que esto es posible. Por tanto, si una mujer quiere imitar, a su modo, la vida de Cristo, no necesita realizar largas reflexiones. Sólo necesita detenerse a contemplar la imagen de María. Ella es la forma femenina de la figura de Cristo en su máxima posibilidad de realización. (EEUU marzo 1966)

18 de noviembre

Valdrá la pena, entonces, sellar nuestra alianza de amor e invocarla a partir de ahí en el futuro, una y otra vez, diciéndole: Tua res agitur! (¡Se trata de tu causa!). Por tanto, si percibo que a mi manera de ser le falta el equilibrio, que me falta carácter interior, le diré, entonces, una y otra vez: Tua res agitur; se trata de tu causa, tú tienes que educarme, yo aportaré, por cierto, la parte que me toca, pero tú debes hacer lo principal.

¿Y qué sucede con los mayores de entre nosotros? Aun cuando seamos tan viejos como yo lo soy actualmente, nunca se termina la tarea de autoeducarse. A través de circunstancias positivas y negativas, Dios y la Santísima Virgen habrán de seguir purificando nuestro modo de ser, nuestra inteligencia, nuestro corazón, nuestros sentimientos, nuestra voluntad, toda nuestra personalidad. Me parece que ya sólo por esta razón valdría la pena sellar la alianza de amor con María, más aún bajo la advocación de Madre y Reina tres veces admirable de Schoenstatt. Pues lo característico de la Madre y Reina tres veces admirable de Schoenstatt es actuar de manera singular en sus lugares de gracia como la gran educadora de la elite y la masa. Hemos hecho, por tanto, una buena elección al decidirnos por la alianza de amor con ella.

Quiero detenerme una vez más en la idea del intercambio personal, pero lo oriento en otra dirección. Varias veces hemos escuchado ya en la Sagrada Escritura la frase: “Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt 18, 3). (Schoenstatt, Agosto 1966). 

 17 de noviembre

¿Cuál es el sentido de nuestra alianza de amor con la MTA de Schoenstatt? ¡Un intercambio personal recíproco! Nosotros regalamos a la Santísima Virgen nuestra sensibilidad inmadura y superficial, nuestro egoísmo. Nos regalamos del modo como nos experimentamos reiteradas veces en las horas silenciosas, no como nos damos hacia afuera para engañar a los que nos rodean. Y a cambio de ello, María nos regala su persona. Si miran el contenido de Hacia el Padre, tal vez les llame la atención la siguiente estrofa de una de sus oraciones:

“Aseméjanos a ti y enséñanos a caminar por la vida tal como tú lo hiciste:

fuerte y digna, sencilla y bondadosa, repartiendo amor, paz y alegría.

En nosotros recorre nuestro tiempo preparándolo para Cristo Jesús”.

Esto sería materia para toda una serie de charlas, a fin de señalar todos los momentos que forman parte del carácter de María y de aplicarlos a nuestro propio ser. Lo principal, sin embargo, reside en que María asume la responsabilidad de transformarnos a semejanza suya: en imágenes suyas en cuanto a la inteligencia, al corazón, a los sentimientos y a la voluntad.

En virtud de la alianza de amor, que es recíproca, María asume la plena responsabilidad de que podamos reordenar cada vez más nuestras capacidades interiores. Mejor dicho: es ella la que reordena todo, de tal manera que podamos decir, cada vez con mayor razón: estamos en camino para transformarnos en “otra María”, pero en otra María que se manifieste con atrayente encanto, en medio de las transformaciones del tiempo actual, tanto con la Iglesia como en el mundo.

Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

“Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”