39 Aniversario de la muerte del Padre José Kentenich

septiembre 30, 2007

Padre Angel Lorenzo Strada

15 de septiembre de 2007

PRÉDICA del  P. Ángel Lorenzo Strada

en la Iglesia de la Adoración

Hoy es un día de agradecido recuerdo. El Dios vivo actuó claramente en los momentos de la muerte de nuestro fundador, tal como lo hizo con frecuencia en la historia de la Familia. Las circunstancias concretas dan testimonio de tal acción.¿Puede pensarse una mejor hora para su partida a la casa del Padre? Inmediatamente después de celebrar la Eucaristía; en la iglesia que él había pedido que se construyera; acompañado por cientos de miembros de su Familia; en un  domingo, día de la resurrección del Señor; en una fiesta mariana.Disposiciones de Dios, cuya profundidad y significado quizás aún no hemos descifrado. Los últimos gestos de nuestro fundador fueron la bendición de rosarios y la cordial invitación a almorzar a cohermanos en el sacerdocio. Él, que había vivido con sencillez, sin ninguna búsqueda de honras y reconocimiento, muere en silencio, sin grandes palabras.Él, que con amor abnegado había regalado su corazón a tantas personas, muere de un paro cardíaco.Hoy, treinta y nueve años después, hacemos viva memoria de este acontecimiento de gracias. Al mismo tiempo nos mueve la voluntad de comprender mejor y más profundamente la persona y el mensaje de nuestro fundador para el ser y la misión de nuestra Familia. Sólo así podremos entregar nuestro aporte en la Iglesia y para la Iglesia. La inevitable y cada vez mayor distancia de su existencia terrena exige un continuo “aggiornamento”, una puesta al día de su carisma para la Iglesia y el mundo. Se trata, claro que a un nivel muy diferente, del mismo proceso de vida de la Iglesia universal, que después de veinte siglos en el Concilio Vaticano II y en las décadas posteriores busca una actualización del mensaje de Cristo. Se trata ciertamente de una hermosa y, a la vez, una difícil tarea. Porque en el Padre Fundador estamos ante una personalidad que abre grandes horizontes y los une a pequeños pasos. Contemplemos otras figuras notables de la fe, así podemos ganar un mejor ángulo para mirar a nuestro fundador.

Entre las personalidades relevantes de la historia de la Iglesia probablemente  San Pablo es quien con mayor fuerza encarnó esa tensión creadora

 Pablo es el hombre de los grandes horizontes, el apóstol de los gentiles, el que lucha contra la estrechez de la sinagoga, las normas y las tradiciones de la religión judía. Ellas impiden la amplitud y el universalismo del evangelio de Cristo. Pablo no teme la abierta confrontación con Pedro y otros apóstoles (Gál 2, 11s). Cristo ha traído nueva vida para todos los pueblos, quiere la conversión de los corazones y no el cumplimiento exterior de ritos y normas envejecidos. Lo decisivo es la apertura a la acción del Espíritu y no el atarse a la tradición. Pablo es simultáneamente el hombre de los pequeños pasos. El incondicional seguimiento de Cristo y la fidelidad a su encargo lo impulsan a un abnegado compromiso con los suyos. Se tornará padre y madre de hombres y comunidades (1 Cor 4, 14s; 1 Tes 2, 7s). Con amor reprende a los gálatas y con claras palabras amonesta a los corintios (Gal 3, 1s; 2 Cor 12, 11s). Pablo manifiesta su preocupación por todas las comunidades: “¿Quién es débil sin que yo me sienta débil? ¿quién está a punto de caer, sin que yo me sienta como sobre ascuas?” (2 Cor 12, 28). En la joven Iglesia existen peleas, celos y envidias, búsqueda de poder y de honra. Algunos son partidarios de Pablo, otros lo son de Apolo (1 Cor 3, 4s). Pablo sufre por esto y  confiesa que “me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio” (1 Cor 9, 22). Su amor es concreto y personal y habla del “querido hermano Onésimo”, “nuestro querido amigo Lucas”, “el querido hijo Timoteo”. Saluda muy cordialmente a  Prisca y a Aquila; a Rufo, “el elegido del Señor,  y a su madre, que lo es también mía”; “a la querida Persis, que también ha trabajado mucho por el Señor”  (Rom 16, 1 s)   

 El Dios de la historia coloca también a nuestro fundador ante grandes horizontes 

Los seculares tiempos de cambio exigen un nuevo tipo de hombre, que desde su interior opta libremente por Cristo. Exigen un nuevo tipo de comunidad, caracterizada por una profunda solidaridad entre todos sus miembros y una activa corresponsabilidad en la realización de  una común misión. Nuestro fundador pone la mano en el pulso del tiempo y el oído en el corazón de Dios. Vive en una época que no tiene nada de tranquila y armónica. Seculares tiempos de cambio y aceleración de la historia constituyen el marco histórico de la biografía del Padre Kentenich. Miserias y sombras de la época no lo asustan. Por el contrario, le hacen ganar nuevos impulsos para la misión. Un viejo mundo está en llamas. Hombres y pueblos sufren, y nosotros con ellos. Un nuevo mundo está surgiendo. Compartimos las esperanzas y trabajamos por él. “Afuera con las estrecheces” es su llamado después de la prisión en Dachau. “Con María, alegres en la esperanza y seguros de la victoria hacia los más nuevos tiempos”, su último mensaje a la Familia.Los nuevos tiempos exigen la renovación de la Iglesia. Convocan a una Iglesia que no es sedentaria y cómodamente instalada espera que los hombres lleguen a ella sino que sale a su encuentro. Una Iglesia que es amiga y servidora de todos los hombres, en especial, de los pobres, los que están solos y excluidos. Una Iglesia que irradia la alegría del evangelio y es lugar de una viva experiencia de Dios, en la que todas las fuerzas apostólicas trabajan en común, tal como lo pensó San Vicente Pallotti. A nuestro fundador lo anima la esperanza de que Schoentatt será anticipación de una Iglesia renovada y que colaborará efectivamente en su edificación. 

Él anuncia estos grandes objetivos, pero con la misma decisión trabaja para su logro

Si este mensaje de renovación quiere ser concreto y efectivo debe recorrer el camino del trabajo en pequeño, de la realización esforzada y paulatina.  Los grandes horizontes corren el riesgo de terminar en sueños utópicos y proclamas huecas. Deben ser, por el contrario, estímulos para objetivos claros y base firme para proyectos concretos. Los pequeños pasos corren el riesgo de terminar siendo ineficaces y anodinos. Las nuevas playas no se encuentran a un par de metros de la tierra firme, exigen audacia y mirada amplia. Visiones históricamente eficaces unen grandes horizontes y pequeños pasos. Ambos son inseparables.Los pequeños pasos constituyen para el Padre Kentenich su programa diario. El servicio paternal a los que le han sido confiados lo impulsan a incontables diálogos personales y miles de cartas. El amor abnegado a su fundación se manifiesta en los ejercicios, jornadas y conferencias, donde regala fuertes impulsos y clara orientación.

Él dice: “Fue un largo y espinoso camino, marcado por el más pequeño de los trabajos en pequeño. Las grandes jornadas no fueron las cosas principales. Todas ellas, sin excepción, no hubieran  significado mucho sin el acompañamiento personal de los participantes. El conocimiento exacto de la situación de los participantes y el continuo contacto vital determinó la orientación de las jornadas, o mejor dicho, la elección de los temas y las formulaciones en particular. Aseguró asimismo su fecundidad y efectividad” (1955)

El anuncio se hace carne sobre todo en la propia vida del fundador. Este es el motivo más profundo de su gran autoridad moral. María, el alma de su alma, le regala mirada amplia para los grandes horizontes así como fuerza y tenacidad diaria para los pequeños pasos.La memoria agradecida de nuestro Padre y fundador es un llamado a nosotros. Con él estamos llamados a poner la mano en el pulso del tiempo y  a agudizar la mirada para todos sus múltiples desafíos

Este es ciertamente el mejor medio contra parálisis, rutina y un infecundo girar en torno a sí mismo. Que los grandes horizontes señalados por nuestro fundador despierten en nosotros creatividad y nuevo encendimiento. Los necesitamos en el camino hacia el 2014. Y en la  misma medida necesitamos coraje y tenacidad para los pequeños pasos exigidos por la realización de la misión. Imploremos hoy al fundador que permanezca con nosotros y nos acompañe en el camino. Amén.       

 Foto: P. Ángel L. Strada, postulador 


Un gran adiós para una gran Padre

septiembre 19, 2007
  

 

El Padre Kentenich murió el día de los Dolores de la Virgen María, un domingo. Fue todo un signo, un día de María y un día de Resurrección. Porque su muerte fue la coronación de una vida consagrada a María y su Misión,  una vida signada por la cruz.

Su vida terminó con una Eucaristía. Poco tiempo antes había dicho que moriría cerca del altar.  Esto fue signo de lo que muchas veces había predicado: que la Santa Misa debía ser el punto de partida, cumbre y culminación de nuestra vida cotidiana.

La Pascua del Padre Fundador aconteció en medio de los suyos, murió en familia, último signo de su carisma y mensaje: “Nos pertenecemos el uno al otro ahora y en la eternidad…entonces, permaneciendo el uno en el otro y con el otro, contemplaremos a nuestra querida Madre  y  a la Santísima Trinidad”.

A su entierro acudieron muchas personalidades. Reinaba un clima de oración y de profundo dolor.

Desde 24 naciones se congregaron sus hijos para darle el último  adiós y expresarle su gratitud y fidelidad.

La ceremonia comenzó junto al Santuario original, abajo, en el valle. En ese lugar, 54  años antes, el Padre Kentenich  había fundado  la Familia de Schoenstatt.

Se leyeron fragmentos del Acta de Fundación  y se lo despidió tañendo la campana del Santuario y entonando el “Cántico al Terruño”.

Luego, la larga  procesión  subió hacia la Iglesia de la Adoración.  Las novicias de las Hermanas de María acompañaban el ataúd,  cada una llevando una azucena blanca.  

Las campanas  de la Iglesia  doblaban para acoger definitivamente al Padre.

Alguien dijo: “Lo han sepultado como a un rey”.

En la misa de cuerpo presente  concelebraron unos 200 sacerdotes. Monseñor Tenhumberg dijo en su sermón:

Todo gran hombre es una carta de Dios para su época. La vida de nuestro Padre Fundador es nuestra carta de Dios…

“La herencia del Padre es nuestra Misión”.

Dirá Pablo VI

“Queridos hijos  y queridas hijas:

En la lápida sepulcral de un sacerdote y apóstol alemán, sumamente benemérito, se leen unas palabras que revelan su personalidad  y el rico mensaje de su vida: “DILEXIT ECCLESIAM – AMÓ A LA ILGESIA”.

Estas palabras  os dirigimos también a vosotros: ” Amad a la Iglesia”.

En estos tiempos agitados manteneos fieles al magisterio de la Iglesia y al sucesor de San Pedro,  y así  vuestra vida será también rica y se verá colmada”.

Textos extraídos del libro: “Todo un Padre”  del P.  José  M.  Neuenhofer Foto: Tumba del Fundador  (Alemania)


Carta de Alianza Septiembre 2007

septiembre 17, 2007

Queridos hermanos:

El mes de septiembre nos ha traído nuevamente los días cálidos y luminosos; los árboles se van revistiendo de un suave verde nuevo y la vida se despliega con renovada vitalidad. No es casualidad entonces que en septiembre tengamos tantas fiestas en honor de María: el 8 Nacimiento de la Sma. Virgen; el 12 Santo Nombre de María; el 15 Ntra. Sra. De los Dolores; el 24 Ntra. Sra. de la Merced. Podríamos decir que María y la vida van muy unidas, más aún, que la Plenitud de Vida se manifiesta en María, que María nos trae la Vida misma, a Cristo Jesús.

María es sinónimo de vida, es madre. Ella concibe, da a luz, cuida y educa a su Hijo. Así la vemos con Jesús y José en el pobre pesebre de Belén, en la huída a Egipto, en la peregrinación al Templo de Jerusalén y en la vida cotidiana de Nazaret. María esta atenta a la vida, por eso es solidaria con aquellos novios en Caná que se han quedado sin vino en su fiesta de bodas, y pide a Jesús por ellos. María es la mujer que ama, que es fuerte en la fe y que cree en su Dios estando al pie de la cruz de su único Hijo. María es la madre que une y reúne a los discípulos de Jesús en el Cenáculo y los alienta a permanecer fieles y a anunciar la Vida Nueva resucitada.

Con María hemos sellado una Alianza de Amor, la cual renovamos cada 18 de mes. Con María, la Madre de la Vida. Y mientras les escribo esta Carta de Alianza vienen a mi memoria las tremendas imágenes de los tobas chaqueños, raquíticos, que están muriendo de desnutrición. Recuerdo a los ancianos golpeados y asesinados para robarles unos pesos. Recuerdo los casos de los jóvenes idiotizados y aniquilados por el consumo de drogas y alcohol. Los secuestros, las violaciones, los abortos, la violencia en las canchas de fútbol y en los barrios. La inseguridad, la mentira y la corrupción pública y privada. Esto también sucede en este septiembre; junto a la vida hay mucha muerte. Y María seguramente nos pregunta dolorida, ¿qué hacemos sus hijos y aliados para que triunfe en nuestra Patria la cultura de la Vida sobre la cultura de la muerte?

Hace unos días me llegó un mail donde me contaban que un obispo dijo que “la gente está un poco desilusionada de la dirigencia política”, y consecuentemente un gobernante le respondió que “la Iglesia debe limitarse a velar por la parte espiritual”. Tal vez algunos católicos todavía no saben (entre ellos este gobernante) que nuestra fe se fundamenta en un Dios eterno que se encarnó y vivió entre los hombres para hacernos partícipes de su amor y su salvación; y que la Iglesia, siguiendo las enseñanzas del Señor, anuncia el mensaje de redención, ama, defiende y está atenta a la vida de todos los hombres y de cada hombre en esta tierra. Las veces que se ha olvidado de este principio, ha errado su camino. Por eso las palabras del Card. Errázuriz en la homilía de Aparecida, que les escribí en el mes de junio, me parecen tan apropiadas nuevamente: Proclamaremos de manera convincente que toda vida humana es sagrada y requiere para sí un trato digno y enaltecedor. Nos seguiremos oponiendo a la pena de muerte, a la violencia, a la tortura, al aborto, a la eutanasia y a la lacerante miseria, que no se condice con la dignidad de la vida humana, que fue creada a imagen y semejanza de Dios. Nuestra opción es la vida para todos, particularmente para los pobres y abandonados. Nuestro “no” a la anticultura de la muerte nace con fuerza de nuestro “sí” a la vida.”

Dentro de un mes en la Argentina tendremos elecciones para presidente, gobernadores, intendentes y legisladores. Las elecciones son el modo que tenemos los ciudadanos para expresar nuestra voluntad soberana y elegir así a nuestros gobernantes. Somos nosotros los que, haciendo uso de nuestra libertad y responsabilidades cívicas, elegimos a los que creemos más idóneos para conducir la Patria. En el documento “El compromiso ciudadano y las próximas elecciones” nuestros obispos nos recuerdan cuatro temas a los cuales tenemos que prestar especial atención a la hora de analizar candidatos, sus propuestas y sus plataformas partidarias:

1.    La vida es un don de Dios y el primero de los derechos humanos que debemos respetar. Corresponde que cuidemos por su existencia y dignidad desde el momento de la concepción y hasta su fin natural.

2.    La familia, fundada en el matrimonio entre varón y mujer, es la célula básica de la sociedad y la primera responsable de la educación de los hijos. Debemos fortalecer sus derechos y promover la educación de los jóvenes en el verdadero sentido del amor y la familia.

3.    El bien común, es el bien de todos los hombres y de todo el hombre. Debemos ponerlo por sobre los bienes particulares y sectoriales.

4.    La inclusión social, debemos priorizar medidas que garanticen y aceleren la inclusión de todos los ciudadanos. La pobreza y la inequidad, no obstante el crecimiento macroeconómico y los esfuerzos realizados, siguen siendo una injusticia nacional.

Con nuestro voto, pensado y rezadoestaremos ayudando a construir la cultura de la Vida y una Patria con rostro de Familia. 

Queridos hermanos en la Alianza, el 15 de septiembre recordamos el fallecimiento del P. José Kentenich. Sea nuestro mejor regalo y homenaje de hijos, vivir comprometidamente nuestra Alianza de Amor “con la mano en el pulso del tiempo y nuestro oído en el corazón de Dios”.

Desde el Santuario les deseo un bendecido día de Alianza.

P. Javier Arteaga


Reflexiones

septiembre 15, 2007

La nueva presencia del  Padre Fundador

 

                                                                              Escribe Padre Nicolas Schwizer

 

1. Hacerle presente al Padre Fundador

 

 

¿Qué espera el Fundador de los miembros de su Familia de Schoenstatt?

Me parece que él quiere que nosotros lo hagamos presente en el mundo de hoy.

 Quiere que cada uno de nosotros lo prolongue a él, a su obra y su carisma.

Esto tiene que ver con su canonización.

La Iglesia, al canonizar a una persona, confirma que vivió una vida santa y que por eso es un modelo para todo cristiano. Pero no sólo canoniza a la persona, sino también lo que la persona hizo, proclama la validez de su obra.

 Por eso la Iglesia, al canonizar al Padre Kentenich, debería poder canonizar también a su Familia santa.

Es decir este hombre es tan santo que hay miles de personas que se han santificado a causa de él.

 De allí que nuestro anhelo y esfuerzo por la santidad es un testimonio para su canonización. Un Obispo alemán dijo en el entierro del Fundador: “Uds. son la carta de presentación del Padre Kentenich”.

Que el párroco diga: Estos schoenstattianos son los que mejor trabajan.

Que el Obispo diga: Con este movimiento se puede contar siempre. Y que nuestros amigos o compañeros digan: Qué cambiada está esta persona o esta pareja desde que entró a Schoenstatt. 

2. Responsables de su obra.

Creemos que a través de él, Dios ha querido dar una respuesta a los desafíos de nuestro tiempo. Como Familia de Schoenstatt hemos de asumir esta respuesta en nosotros mismos y entregársela como un servicio a la Iglesia y el mundo. Hemos de ser prolongadores del carisma de nuestro Padre. 

2.1 Corazón de la Iglesia.

¿Cuál es el mensaje del P. Kentenich y de nosotros para la Iglesia?

Las palabras “Dilexit Ecclesiam” – Amó a la Iglesia– grabadas en su tumba expresan claramente la gran preocupación de su vida: regalarle a la Iglesia un gran movimiento de renova­ción mundial.

 

A la vuelta del exilio de Milwaukee, dijo a la Familia reunida: “Creemos que tenemos la vocación de ser corazón de la Iglesia.

¿Qué significa ser corazón?

Significa ser el poder de amor, una fuerza que conquiste a la Iglesia, que llene la Iglesia con el heroísmo del amor.

Ser poder de amor, esta es nuestra misión”. Por eso, el Padre siente la necesidad y la responsabilidad por renovar la Iglesia, para que pueda ser alma del mundo.

 Y Schoenstatt con la tarea de ser María en la Iglesia, de ser corazón de esa Iglesia renovada. Por eso nos dio la misión de poner en práctica la Iglesia del Concilio. 

Ahora,

¿Qué podemos hacer para cumplir con el encargo del P. Fundador?

Si queremos ayudar a forjar esa Iglesia del mañana, Schoenstatt debe ser una anticipación de la Iglesia renovada, de la Iglesia del Concilio. Así como el Padre lo hizo, debemos dedicarnos a construir Schoenstatt, así trabajamos por la Iglesia del futuro. 

La otra forma de ayudar a renovar la Iglesia es insertarnos activamente en los organismos pastorales de la Iglesia. En las parroquias y la pastoral con un gran espíritu de servicio. Creo que todos nos damos cuenta de los regalos que recibimos de Schoenstatt y que no son para guardarlos, sino para transmitirlos a otros, para enriquecer a toda la Iglesia. El día de mañana, en toda la Iglesia ha de notarse algo de nuestro carisma schoens­tattiano.  

2.2 Alma del mundo.

 Schoenstatt debe ser corazón de la Iglesia y además debe ser alma del mundo.

 El Padre nos llama a transformar el mundo. Si queremos hacerle presente al Padre, no podemos quedarnos tranquilos en nuestra casa, vivir allí nuestro cielo. Tenemos que luchar para que nuestra tierra llegue a ser un trozo de cielo, una colonia del cielo. 

Preguntas para la reflexión 

1.       ¿Cambié en algo con Schoenstatt?

2.       ¿Cómo trabajo para la iglesia del futuro?

3.       ¿Cuál es mi apostolado actual?

El Padre Nicolás Galus Schwizer es un Sacerdote suizo que trabajó muchos años en Paraguay.

En el año 2000 sufrió un accidente que lo ha dejado disminuido físicamente.Si desea las Fichas de Reflexión quincenales (en español, portugués o inglés) envíe un mail a: pn.reflexiones@gmail.com, tambien las podra encontrar en :

http://groups.google.com/group/PNreflexiones/topics

 

 


Festejos en Villa Ballester

septiembre 14, 2007

Sabado 15 

de Septiembre

nuestro santuario nos convoca…

Festejaremos un nuevo cumpleaños

Celebraremos los 60 años de la llegada

del  Padre Fundador a nuestras tierras

y  la Primera Alianza Filial

Recordamos los 39 años de su fallecimiento

Actividades

15 hs. Convocatoria

15.30 hs. Charla del   Padre Alberto Eronti 

16.45 hs Santa Misa

18 hs Compartir Comunitario    

 LOS ESPERAMOS  

 


Carta de Alianza Agosto 2007

septiembre 4, 2007

Queridos hermanos en la Alianza:

El sábado 11 de agosto fue ordenado sacerdote en la Iglesia de Dios Padre, Florencio Varela, Provincia de Buenos Aires, el diácono Tomás Dell´Oca, perteneciente a la comunidad de los Padres de Schoenstatt. Fue un día de gran alegría para todos los fieles presentes venidos de muchas ciudades de Argentina, Chile, Brasil y Paraguay.

La alegría y el agradecimiento se podían sentir en el aire, porque la Iglesia tenía un nuevo sacerdote.  Pero esta noticia, que a nosotros nos llena de alegría, no salió en los grandes diarios ni en los noticieros de televisión. Tal vez por aquello de que “una buena noticia no vende” o porque no se conoce lo que es y hace un sacerdote. Algunos piensan que es un “asistente social con espíritu religioso”; otros “un resabio de la sociedad medieval”; y otros un “utópico idealista de Dios”

 ¿Quién es realmente un sacerdote? ¿Qué lo define? ¿Para qué vive?

Primero debemos decir que el sacerdote es un hombre que se siente profundamente hermano de los suyos y vive diariamente la realidad fraterna, compartiendo las alegrías, las penas y las esperanzas de los hombres, sus hermanos. Con ellos y por ellos vive cada día.

El sacerdote también es un hombre

Que  ha escuchado el llamado amoroso y exigente de Cristo que lo invita a seguirlo sólo y únicamente a Él; con sus luces y sus sombras, todo de Él.

Que  ha sido consagrado y configurado con Cristo para bendecir, perdonar y santificar en Su nombre;

y   finalmente ha sido enviado por Cristo para anunciar su Reino a todos los hombres.

El cardenal Eduardo Pironio decía que un sacerdote es un hombre que se ha sentido profundamente  amado por Cristo, con un amor único e irrepetible.

 Sacerdote es el hombre que ha tenido un encuentro personal con Cristo, que ha quedado tan dulcemente herido por su amor, que ya nunca querrá dejarlo. Más aún, ya nunca podrá dejar de nombrarlo, porque de lo que está lleno el corazón habla la boca.

Porque ha fundado su vida en Cristo necesita dialogar con Él en la oración y alimentarse de la Eucaristía.

Como decía Juan Pablo II a los sacerdotes: “Si han encontrado a Cristo, vivan a Cristo, vivan con Cristo y anúncielo en primera persona: “para mí la vida es Cristo” (Fil. 1, 21)

El sacerdote es maestro y profeta, llamado a anunciar y a vivir el Reino de Dios en medio de un mundo que muchas veces ignora y rechaza a Dios.

Está llamado a proclamar la verdad de Cristo a tiempo y destiempo, porque no puede callar aquello que ha visto y escuchado. Dios.

El sacerdote es testigo fiel y elocuente de lo que para el mundo es incomprensible. Según la escritora Simon Weil: “El sacerdote católico es comprensible sólo si hay en él Algo incomprensible”. Dios.

Sacerdote valiente y consecuente, capaz de soñar y construir cada día la Patria Nueva, encarnando la solidaridad, la justicia, la verdad y la paz en las palabras y en los hechos para que se cumpla la voluntad del Señor, “aquí en la tierra como en el Cielo”.

Y finalmente el sacerdote es, esencialmente, un padre. Como todo hombre el sacerdote está llamado a ser padre. El ideal sacerdotal que vivió y nos enseñó el P. José Kentenich se sintetiza en la palabra “Padre”.

El sacerdote está llamado a manifestar a los hombres el inmenso amor de Dios, que es Padre, siendo él mismo un padre que da vida en Cristo, que cuida la vida y que sirve desinteresadamente a la vida.

Está llamado a ser imagen del Padre Dios, el Padre de Misericordia, como se nos ha manifestado plenamente en Cristo Jesús.

Como padre esta llamado a unir y reunir, a gestar vínculos fraternos entre los suyos y a forjar Iglesia, familia de Dios, en cada lugar que esté.

 El sacerdote entrega diariamente su vida en la ofrenda Eucarística del altar y de la vida diaria. Su vida unida a Cristo se ha transformado en oración y ofrenda de amor, en Pan partido y compartido en el dolor de la cruz “para que muchos tengan vida, y Vida en abundancia”.

El Señor nos decía el domingo pasado en su Evangelio “allí donde está tu tesoro estará tu corazón”:

¿Cuál es el tesoro del sacerdote? ¿Qué bien tiene para compartir? El Bien de Cristo. “El bien que tenemos para proponer a los hermanos se expresa siempre en la exhortación: ¡Recibe a Cristo y Sigue a Cristo! No tenemos otro bien; pero nadie tiene un bien mayor para ofrecer”, decía el Papa Juan Pablo II a los sacerdotes. Un Bien, un Tesoro, que llevamos en nuestras pobres vasijas de barro.

¿Cuál es la fortaleza del sacerdote? ¿Qué lo anima cada día, toda la vida? Transcribo un párrafo de una carta de un sacerdote que me llegó en estos días:“Lo que me da fuerzas, confianza, serenidad, es saber que no voy solo; Dios está conmigo, mi comunidad de sacerdotes está conmigo; voy enviado para una misión y la Mater me necesita. Es interesante sentir cómo tu vida es una misión, que no vives sólo para ti; y cuanto menos vives para ti tanto más se llena tu corazón de una fecunda libertad, convicción y serenidad.”

¿Cuál es el secreto del sacerdote? “El amor de María, la Alianza de Amor con la Mater.  Ella es la Madre tierna y fiel que nos da vida en Cristo; es la Maestra que nos enseña a amar a Cristo y a los hermanos; y es la Reina que vence en todas las batallas y guía nuestras vidas hacia Cristo. Somos sacerdotes, total posesión de Cristo y de María al servicio de nuestros hermanos.”

Queridos hermanos, en este próximo 18 de agosto agradezcamos vivamente al Señor y a nuestra Madre por el P. Tommy y por todos los sacerdotes.

 Pidamos por la fecundidad de sus vidas sacerdotales y que nos regale muchas y santas vocaciones, para gloria de Dios y para el bien de toda su Iglesia. Desde el Santuario de nuestra Madre y Reina reciban mi bendición,P. Javier Arteaga