Un gran adiós para una gran Padre

  

 

El Padre Kentenich murió el día de los Dolores de la Virgen María, un domingo. Fue todo un signo, un día de María y un día de Resurrección. Porque su muerte fue la coronación de una vida consagrada a María y su Misión,  una vida signada por la cruz.

Su vida terminó con una Eucaristía. Poco tiempo antes había dicho que moriría cerca del altar.  Esto fue signo de lo que muchas veces había predicado: que la Santa Misa debía ser el punto de partida, cumbre y culminación de nuestra vida cotidiana.

La Pascua del Padre Fundador aconteció en medio de los suyos, murió en familia, último signo de su carisma y mensaje: “Nos pertenecemos el uno al otro ahora y en la eternidad…entonces, permaneciendo el uno en el otro y con el otro, contemplaremos a nuestra querida Madre  y  a la Santísima Trinidad”.

A su entierro acudieron muchas personalidades. Reinaba un clima de oración y de profundo dolor.

Desde 24 naciones se congregaron sus hijos para darle el último  adiós y expresarle su gratitud y fidelidad.

La ceremonia comenzó junto al Santuario original, abajo, en el valle. En ese lugar, 54  años antes, el Padre Kentenich  había fundado  la Familia de Schoenstatt.

Se leyeron fragmentos del Acta de Fundación  y se lo despidió tañendo la campana del Santuario y entonando el “Cántico al Terruño”.

Luego, la larga  procesión  subió hacia la Iglesia de la Adoración.  Las novicias de las Hermanas de María acompañaban el ataúd,  cada una llevando una azucena blanca.  

Las campanas  de la Iglesia  doblaban para acoger definitivamente al Padre.

Alguien dijo: “Lo han sepultado como a un rey”.

En la misa de cuerpo presente  concelebraron unos 200 sacerdotes. Monseñor Tenhumberg dijo en su sermón:

Todo gran hombre es una carta de Dios para su época. La vida de nuestro Padre Fundador es nuestra carta de Dios…

“La herencia del Padre es nuestra Misión”.

Dirá Pablo VI

“Queridos hijos  y queridas hijas:

En la lápida sepulcral de un sacerdote y apóstol alemán, sumamente benemérito, se leen unas palabras que revelan su personalidad  y el rico mensaje de su vida: “DILEXIT ECCLESIAM – AMÓ A LA ILGESIA”.

Estas palabras  os dirigimos también a vosotros: ” Amad a la Iglesia”.

En estos tiempos agitados manteneos fieles al magisterio de la Iglesia y al sucesor de San Pedro,  y así  vuestra vida será también rica y se verá colmada”.

Textos extraídos del libro: “Todo un Padre”  del P.  José  M.  Neuenhofer Foto: Tumba del Fundador  (Alemania)

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