Arraigo en el Padre Fundador

noviembre 18, 2007

15 de noviembre 1885- 15 de noviembre 2007

Foto Milwauke  

Un Padre para todos…

Reflexiones con motivo del cumpleaños del Padre José Kentenich

 

La vivencia, la relación personal con el Fundador es un don. Es una gracia que encierra una experiencia que nadie nos puede dar desde afuera. Ha de hacerla cada uno: encontrarse, vivir su historia con Él y quererlo personalmente en la medida que experimente su cariño. Tarde o temprano, a cada schoenstattiano le llegará ese momento de gracia.

¿Qué podemos hacer en concreto para que se nos dé esa gracia? ¿Cómo podemos abrirnos a la gracia de un profundo arraigo en el Padre Fundador?

Conocerlo  Es difícil, querer a alguien a quien no conocemos bien. El primer paso es conocer al Padre, interesarnos por Él, abrirnos a su persona. A muchos les cuesta leer y estudiar, pero es la mejor forma para conocerlo a fondo, su persona, su vida y su obra. Si queremos acercarnos a Padre Fundador, hemos de hacer ese esfuerzo.Así descubriremos que el sentido más hondo de su vida era ser Padre. A lo largo de los años podemos ver como creció y se desarrolló esa gracia de la paternidad que Dios le concedió.Él sentía y decía que su ser padre fue el núcleo de su personalidad y misión. Dios nos dio así un Fundador cuyo carisma personal fue el de irradiar ese rostro de padre. Dios Padre nos regaló un reflejo vivo de su propia paternidad.Estudiando la vida del P. Kentenich, podremos descubrir otro rasgo esencial de su personalidad: frente a los hombres, Él era y quería ser siempre padre, pero frente a Dios se sentía siempre como niño, como el niño más pequeño.El hombre maduro es hijo y padre, es como un puente a través del cual Dios quiere darse a nosotros. Ese es el ideal que el Padre predicó y encarnó durante toda su larga vida.

Reconocerlo  Conocer y reconocer no es lo mismo: por ejemplo el diablo conoce a Dios, pero no la reconoce. ¿En qué sentido hemos de reconocerlo? Como Cabeza de la Familia de Schoenstatt. Como tal tiene una posición de primacía dentro de la Familia. Personalmente es el portador de una gran misión, misión que ha entregado a toda la Familia. Pero es Él quien la recibió. Por eso, tenemos que reconocerlo y aceptarlo como Cabeza, si queremos pertenecer a su Familia.

Seguirle   No es suficiente sólo reconocerlo. Debemos identificarnos con Él y con su obra. Su vida ejemplar lo autoriza para ser nuestro modelo. Porque Él es la mejor encarnación de lo que Schoenstatt pretende: crear un hombre nuevo, en una nueva comunidad. Hemos de ser fieles a su espíritu, sus principios, su misión. Sólo así seremos auténticos hijos suyos que puedan llevar adelante su obra.

Vincularnos El Padre, de su parte, quiere tomar contacto con cada uno de nosotros, nos busca, nos invita a acercarnos a Él. Debemos recibirlo, darle un lugar en nuestra vida, acogerlo en nuestro corazón. Aceptarlo como nuestro padre, sentirnos hijos suyos. Así empezaremos a compartir nuestra vida con Él, así como la compartimos con María.Entonces vamos a empezar a dialogar con Él, contarle nuestras alegrías y penas, luchas, éxitos y fracasos. Le pediremos consejo, ayuda. Vamos a confiarle y rezarle, p.ej. la novena… Y entonces vamos a entregarnos también a Él, a su cuidado y protección paternal, a su mano conductora y educadora.Y el fruto de toda esa vinculación creciente al Padre, es un arraigo hondo en su corazón. Allí nos recibe a todos nosotros, nos hace sabernos y sentirnos sus hijos queridos, nos cobija en su amor paternal. Y, por sobre todo, nos lleva al corazón de Dios, donde nos sentiremos acogidos y arraigados eternamente.

El P. Nicolás Schwizer, Padre de Schoenstatt suizo, trabajó durante muchos años en el Movimiento de Schoenstatt en Paraguay. Desde que sufrió un accidente de ruta gravísimo en el año 2000, que le ocasionó lesiones irreversibles en el cerebro, no puede trabajar más, pero sigue aportando al capital de gracias por la Obra del Padre a la que dedicó su vida. El texto está tomado del retiro virtual “El Padre Nicolás predica desde la web”, para suscribirse (gratis): pn.reflexiones@gmail.com

 


Carta de Alianza Noviembre 2007

noviembre 17, 2007

Queridos hermanos en la Alianza:

Un joven de 11 años, viendo las grandes necesidades de su pueblo, le dijo a su padre: “papá, quiero ser útil a mi gente”. Y le pidió que lo lleve a Buenos Aires para estudiar. Podría haber dicho: “papá, vos y los mayores hagan algo; los políticos y el gobierno mejoren la situación”, pero era tanto el amor y el dolor por su gente que lo llevó a ponerse él mismo al frente para ayudar a los suyos. Ese joven bueno, entregado y fiel hasta el final fue Ceferino Namuncurá; así comenzó su camino de liderazgo y santidad, con un único gran anhelo: “quiero ser útil a mi gente”. Hoy tenemos la alegría de honrarlo como beato Ceferino, hijo de Dios y hermano de todos.

El fin de semana pasado, los dirigentes del Movimiento de Schoenstatt en Argentina nos reunimos para evaluar lo hecho en el año 2007, para descubrir las voces de Dios en los acontecimientos sociales y eclesiales y, finalmente, para decidir líneas de acción para el año 2008. Nos guió una pregunta: ¿en qué trabajaremos para ayudar a la Iglesia y a la Patria camino al bicentenario? El intercambio de ideas y los debates fueron muy fecundos y llegamos finalmente a dos palabras claves:

Liderazgo y Santuario.

Desde hace años advertimos que nuestra Argentina necesita líderes honrados e idóneos que sirvan al bien de todos, que promuevan el diálogo y que impulsen un desarrollo orgánico de la sociedad. Dirigentes en todos los niveles de decisión y en todas las áreas de la sociedad, en la política nacional, provincial y en la barrial; en lo privado y en lo gremial; desde la ciencia hasta los medios de comunicación; en las universidades y en las familias. Argentina hoy necesita, imperiosamente, nuevos dirigentes motivados por una única idea: “quiero ser útil a mi gente”, servir para el bien de todos, a imagen del beato Ceferino. Dios siempre nos regala hombres que con su ejemplo iluminan nuestro camino.

Los líderes del nuevo milenio son los hombres y mujeres que han escuchado el llamado de Cristo y, siguiendo sus enseñanzas, se entregan con fervor al servicio de los hombres y para el bien de los pueblos. Hombres que conciben sus grandes o pequeñas responsabilidades diarias como un aporte a la construcción de una sociedad mejor. Esos nuevos líderes de corazones apasionados al servicio del bien común son los discípulos-misioneros del nuevo milenio.

Pero hay algo más: para que nuestro servicio a los hermanos sea duradero y no solo “buenas intenciones del momento”, tenemos que aprender en la escuela de María: el Santuario. Allí queremos encontrarnos con Ella, la primera Discípula y primera Misionera del Señor, que escuchó la Palabra, la meditó y la hizo carne en su vida diaria; en el Santuario queremos aprender de sus virtudes; desde el Santuario queremos partir con Ella para llevar la Buena Noticia a los hermanos. El Santuario de María es el hogar donde viven y el cenáculo, desde donde parten, los discípulos-misioneros de Cristo.  

Así llegamos a la conclusión que el lema del año anterior es muy actual, refleja los conceptos de Santuario y liderazgo y nos marca el camino del 2008.

“Desde el Santuario, discípulos-misioneros

 para una Patria Familia”

Queridos hermanos, este 18 de noviembre celebraremos el 122 cumpleaños de nuestro Padre Fundador. Él nos enseñó a vivir como verdaderos discípulos-misioneros de Cristo en la escuela de María. El Padre mismo fue un discípulo-misionero, un líder- servidor de los hombres, entregando  su propia vida para que su Familia tenga vida en Cristo. Toda su vida fue en y desde el Santuario, llegando a decir “quien me busque me encontrará en el Santuario”. Querida Familia, sea nuestro mejor regalo al Padre Fundador seguir sus huellas y amar a la Iglesia como él la amó.

¡Feliz día de Alianza!

Reciban un cordial saludo y mi bendición,

P. Javier Arteaga