Actitud ante las vocaciones

abril 15, 2008

Autor: Padre Nicolás Schwizer

 

Es frecuente escuchar sobre la escasez de vocaciones.

¿Sabemos cuáles son las actitudes que debemos cultivar para crear un clima favorable para que surjan las mismas?

 
Actitud ante las vocaciones
Actitud ante las vocaciones
1. El anhelo y la actitud positiva frente a ese regalo de Dios. El Padre Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt, está convencido que las vocaciones salen normalmente de familias sanas y religiosas, que dan testimonio de sus convicciones religiosas, que se imponen al ambiente superficial que los rodea. Son papás con un profundo anhelo de que en su familia nazcan vocaciones. Es un anhelo que guardan escondido en sus corazones y del cual no le hablan a sus hijos.

En épocas anteriores era un alto honor para una familia católica de que de su seno surjan vocaciones. Hoy en día esa actitud ya no es tan evidente.
¿Cuál será la causa? Pienso que el hombre de hoy es más materialista que antes y menos religioso. Y eso es fruto no sólo de la sociedad de consumo, sino también del ejemplo y la educación en nuestras familias.2. Oración por las vocaciones. El pedido para que Dios llame a uno de nuestros hijos, para nosotros tendría que ser una preocupación diaria, levantar las manos hacia Dios pidiéndole que abra los corazones de nuestros hijos y de otros jóvenes para una misión tan hermosa.

Un ejemplo de mi propia familia: Mis papás que todos los días rezaron el Rosario, agregaron en cada misterio un undécimo Ave María pidiendo por vocaciones religiosas de entre sus hijos. Y Dios los escuchó y los bendijo con una religiosa y un sacerdote.

El Padre Kentenich cuenta un ejemplo de Italia. De un pueblito de 5.500 habitantes surgieron en los últimos decenios unas 500 vocaciones. ¿Y cuál es el secreto de esa fecundidad inaudita? En este pueblo, las madres se unieron cada domingo y rezaron una sencilla oración. Le rogaron a Dios que de cada una de sus familias les regale una vocación. Y, a la vez, se comprometieron a llevar con su familia una vida cristiana y a educar a sus hijos en ese espíritu. Allí vemos el resultado de este simple acto. Hay que acompañar el anhelo con una corriente de oración.

3. El sacrificio por vocaciones. Es otro aporte que ofrecemos, concretamente por vocaciones de entre nuestros hijos. Otro ejemplo del Padre Kentenich:

De una familia irlandesa muy cristiana surgieron dos vocaciones sacerdotales. En el seminario, enfermaron gravemente de tuberculosis peligrando su sacerdocio. Al superar su problema, les llegó la noticia que su madre había muerto. Y antes que se ordenaran, recibieron la noticia que también la hermana falleció. Después se descubrió que las dos se habían ofrecido a Dios, para que les mandara a ellas la enfermedad y para que los dos hijos pudieran llegar a ser buenos sacerdotes.
Uno de ellos es un conocido predicador y apóstol del Rosario. Él está convencido de que debe su vocación a tres mujeres: a la Virgen, a su madre y a su hermana.
No es sólo una corriente de oración, sino también una marcada corriente de sacrificios.

4. Espíritu mariano. La atmósfera mariana en una familia es el mejor fundamento. El Padre Kentenich nos hace ver que la Santísima Virgen está interesada en mediarnos especialmente ciertas gracias: una de ellas es la gracia del sacerdocio y de la vocación religiosa. Sin ésta la Iglesia no puede cumplir su misión. Y resulta que María le regaló a la Iglesia su primer sacerdote: Jesucristo. María es el templo en el cual fue consagrado el sumo y eterno sacerdote. La familia de María le regaló a Cristo el espacio físico para su vocación sacerdotal. Y le ofreció, además, la atmósfera espiritual de la cual surgió su sacerdocio. Por eso si queremos que de nuestra propia familia surjan vocaciones religiosas, debemos cultivar ese espíritu mariano en nuestros hogares.

Eso me recuerda un episodio de mi propia vida: al nacer yo, mi mamá en seguida me entregó y consagró a la Virgen, para que ella me cuidara en mi camino de vida y, si estaba en sus planes, me hiciera sacerdote. Por eso creo que debo mi sacerdocio ante todo a María y a mi mamá.

 

Preguntas para la reflexión

1. ¿Rezamos a Dios para que a nuestra familia le de la gracia de una vocación?
2. ¿Deseamos realmente que uno de nuestros hijos elija el sacerdocio o la vida consagrada?
3. ¿Qué sacrificio le ofrecemos a Dios para que nos regale la gracia de llamar a un hijo nuestro?

 

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Consagración del niño Kentenich a la Sma. Virgen

abril 14, 2008

 

12 de abril de 1894

A consecuencia de difíciles circunstancias la Sra. Catalina Kentenich, madre del  joven José se ve obligada a dejarlo   en el orfanato de St. Vinzens de Oberhausen. (Alemania)

 

Ante la angustia  se su corazón y con preocupación   por  dejarlo allí, al separase de su hijo,   muy emocionada  decide  encomendárselo  a la  Santísima Virgen.

En la capilla del internado, ante la estatua  de la Virgen del Rosario, se arrodilla y entrega  al cuidado de  Ella al hijo, que en adelante ya no podría tener  consigo. Como señal  de la seriedad de la petición,  toma  el único valioso recuerdo de su infancia, una medalla de oro con una cruz, recuerdo de su Primera Comunión, y se lo pone en el cuello de la  Virgen suplicando con insistencia:

 

 ¡Educa tú a mi hijo! ¡Sé para él plenamente Madre!

 ¡Cumple tú en mi lugar los deberes de madre!”

 

No es difícil imaginarse cómo afectarían al niño los sentimientos y el comportamiento de  su madre. No solo quedó hondamente impresionado de la piadosa acción de su madre, sino que, por su parte, hizo un acto de consagración a María, cuya hondura y significado se mostrarían más tarde, al correr los años.

 

El Padre Kentenich, en 1955, echando una mirada  retrospectiva a su pasado colmado de vida y actividad  dirá:

 

La Santísima Virgen personalmente me formó y modeló desde los nueve años. Normalmente prefiero  no hablar de esto… Si miro hacia atrás puedo decir: no conozco a ninguna persona que haya tenido una influencia  tan profunda en mi desarrollo.”

 

La Santísima Virgen aceptó, sin duda, la consagración del niño y de su madre y tomó en sus manos, por así decir, el futuro de él, para que transcurriera siempre  exclusivamente bajo su protección y quedara así bajo el influjo fecundo de la gracia divina.

 

Textos extraídos del libro: “José Kentenich, una vida para la Iglesia”

Autor: Padre Engelbert Monnerjahn

Imágenes: Estatua de la Sma. Virgen que estaba en el Orfanato


LA ALEGRÍA

abril 2, 2008

Autor Padre Nicolás Schwizer 

El ser humano no puede existir, a lo largo, sin alegría.  “El que no cultiva la alegría, echa a perder su carácter hasta la médula”, dice el Padre Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt.

Una naturaleza humana sin alegría es una naturaleza enferma. San Francisco de Sales decía que “un santo que es triste, es un triste santo”. Y los monjes del siglo IV decían: “Quien es triste está poseído por el diablo”. Y por eso los monjes tristes fueron castigados fuertemente.

También el Padre Kentenich dijo: “Quien no le da alegría a los hombres, los empuja en los brazos del diablo”.

Antes de canonizar a alguien, se examina su grado de heroísmo en la alegría: ¿ha tenido una naturaleza alegre? ¿Ha sido un santo alegre?

Si queremos ser verdaderos maestros de la alegría, tenemos que resolver dos tareas:

Primera tarea. Debemos recibir todo lo bueno que Dios nos regala conscientemente como un don: ¡Fuera con las cosas evidentes! Nada es evidente en este mundo. ¿O es acaso evidente que tengamos pan suficiente para comer? ¿Es evidente que tengamos una casa propia, una familia bien constituida? ¿Es evidente que seamos cristianos, que la Sma Virgen nos haya llamado a esa comunidad, parroquia… donde nos sentimos tan bien? Y así hemos de pensar en todos los regalos que Dios nos concede, cada día de nuevo.

Es cierto que el día está entre dos noches. Y el melancólico, mientras disfruta de las alegrías del día, está recordando las penas de ayer y ya está sufriendo por las de mañana. Porque podríamos pensar también al revés, que la noche está entre dos días. La meta debe ser siempre que lleguemos a ser maestros de la alegría.

Segunda Tarea. Debemos concebir los dones de Dios como un llamado de amor y darle nuestra respuesta de amor: Aconseja el Padre Kentenich que lo hagamos igual que las gallinas. ¿Qué hace la gallina cuando come o bebe?

Baja la cabeza, alza la cabeza, baja la cabeza. Lo mismo tenemos que hacer nosotros: elaborar cada cosa mirando hacia arriba, levantando nuestro corazón hacia Dios.

Modelos. Estoy seguro que todos nosotros quisiéramos conquistar esta actitud de alegría permanente. En eso pueden ayudar los modelos.

El gran maestro de la alegría, es Jesucristo. En sus despedidas les dice a sus apóstoles: “Yo les he dicho todas estas cosas para que participen en mi alegría y sean plenamente felices”.

La  otra  maestra  de la alegría  en  los Evangelios es  la  Virgen  María.  En el Magnificat encontramos una manifestación de su gozo y júbilo interior: “Alaba mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador.” Nos muestra cómo debe ser nuestra alegría: nacida del interior. Alegría y admiración por lo que ha hecho Dios en nosotros y a través de nosotros.

Otro maestro de la auténtica alegría fue el Padre Kentenich.  Sabemos que su vida fue una continua alegría, porque estaba íntimamente unido a la fuente de ella que es Dios. Tuvo muchos de estos rasgos que ayudan a cultivar la alegría: Era capaz de admirarse, tener respeto y cariño frente a las cosas y especialmente frente a las personas. Sabía gozar con la originalidad de cada persona. Era capaz de hacerse niño con los niños, tonto con los tontos, sabio con los sabios. Gozaba con el más mínimo detalle, con las cosas pequeñas de la vida diaria: sabía descubrirle lo bueno, lo positivo, lo gracioso. Sabía también reírse a carcajadas. En una palabra: fue una de las personas que supo encontrarle el sabor verdadero a la vida.

Preguntas para la reflexión

  • 1. ¿Transmito alegría a los demás?
  • 2. ¿Suelo reírme frecuentemente?
  • 3. ¿Conozco versículos donde se destaca la alegría de Jesús?

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