Padre, “Tu herencia nuestra Misión”

mayo 30, 2008


Preparación para la vida familiar

mayo 29, 2008

Escribe Padre Nicolás Schwizer

 

Sabemos que la familia se ve profundamente amenazada por factores que atentan contra su estabilidad y su integridad. Es necesario que los cristianos la defendamos con pasión y valentía.

 

El fundamento de toda vida familiar es el amor, que ha unido dos vidas. Si el amor entre los esposos se debilita, o se pierde, toda la familia está en peligro.

Por eso, la principal preparación de la pareja, para llegar al matrimonio, es la educación para el amor, pero, para el verdadero amor.

Lo digo porque hoy existen grandes confusiones. El amor no es lo mismo que un sentimiento de atracción ni una pasión incontrolada y sensual. No es lo mismo que una atracción física entre hombre y mujer, ni es verdadero amor aquello que tantas veces aparece en los medios de comunicación y que no pasa de ser un mal disimulado sexualismo.

 

El verdadero amor no es una experiencia pasiva, sino una actitud activa que exige algo de mí. El amor es esencialmente dar, es esforzarse en hacer feliz al otro. Para la mayoría, el amor consiste en “ser amado” y no en “amar”. Se quedan esperando que el otro les haga felices. Se preocupan en aparecer atractivos, ser agradables, todo con el fin de que se los ame. Amar, para ellos, es recibir, es gozar, es disfrutar.

Por eso no es de extrañar que una ola de sexualismo avance en nuestra juventud y amenace destruir la alegría, la pureza y la hermosura del amor – para convertirlo en un materialismo sensual, fuente de muchos desengaños, dolores y fracasos.

 

La preparación al matrimonio debe comenzar en la juventud y prolongarse hasta que maduren el amor y las actitudes interiores que harán que los jóvenes lleguen a ser buenos esposos y padres, la principal “profesión” de ellos y el arte más difícil de aprender.

Hoy vemos innumerables casos de padres que no comprenden a sus hijos, que no son capaces de educarlos y ganarse su confianza. Vemos cantidad de esposos que no son capaces de perdonarse, de superar sus defectos de carácter, etc.

Y la verdad es que han llegado al matrimonio prácticamente sin preparación alguna, salvo el noviazgo: sin formación de las virtudes morales y sociales, esenciales para formar un buen hogar.

Para el ejercicio de la profesión civil, se dedican años de estudio. En cambio, para prepararse al matrimonio, se hace poco. A veces nada, o casi nada. ¿Por qué nos extrañamos de que haya muchos fracasos matrimoniales y familiares?

 

La Iglesia hace esfuerzos para preparar a los novios antes de su matrimonio. Pero estas reuniones preparatorias son insuficientes. El trabajo de preparación al matrimonio debe hacerse también en los establecimientos educacionales, en los grupos de formación juvenil y, de manera muy particular, en el hogar.

 

La familia es la gran escuela de amor.

En ella aprendemos y practicamos el amor en sus múltiples formas: el amor de hijos frente a nuestros padres. El amor fraternal con los hermanos. El amor esponsal experimentado en el ejemplo de los papás. Y también el amor a Dios.

Es en la familia, donde experimentamos el amor, el servicio, el perdón, la bondad, la entrega de unos por otros, también el sacrificio y la renuncia por amor.

 

Toda la santidad y belleza del amor familiar encuentra su culminación terrena en la Familia de Nazaret. Jesús que venía a construir un mundo nuevo, pasó 30 años junto a María, esforzándose por vivir el nuevo ideal cristiano de la familia, y apenas 3 años, predicando en público. De Él aprendió María la importancia de la familia.

Por eso, donde Ella iba, creaba un ambiente de hogar: en casa de Isabel, en Caná, en el Cenáculo. Y desde entonces donde llega, crea familia de inmediato, convierte a los hombres en hijos y hermanos. Así fue en su vida en la tierra y esa es la gracia propia que Ella reparte ahora desde el cielo.

Pidamos a la Sma. Virgen que ayude a crear en todos nuestros hogares un ambiente de amor personal. Si abrimos al poder educador de María las puertas de nuestros hogares, entonces se convertirá en la Madre y Educadora nuestra.

Preguntas para la reflexión

 

1. ¿Cómo preparo a mis hijos/as para el matrimonio?

2. ¿Colaboro en mi parroquia en la formación de los novios?

3. ¿Soy una persona que crea ambiente de familia?

 

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Corpus Christi

mayo 24, 2008

Jueves de Corpus Christi

El próximo jueves 22 de mayo la Iglesia celebra la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor, aunque en algunos países se celebrará el próximo Domingo 25 de mayo. La fiesta, extendida en 1269 por el Papa Urbano IV a toda la Iglesia latina, por una parte constituyó una respuesta de fe y de culto a doctrinas heréticas acerca del misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, por otra parte fue la culminación de un movimiento de ardiente devoción hacia el augusto Sacramento del altar.La piedad popular favoreció el proceso que instituyó la fiesta del Corpus Christi; a su vez, esta fue causa y motivo de la aparición de nuevas formas de piedad eucarística en el pueblo de Dios. Esta festividad es una ocasión propicia para que podamos  profundizar en nuestra fe y en nuestro amor hacia la Eucaristía.

 Según tradiciones locales consolidadas, la Solemnidad del Corpus Christi comprende dos momentos: la Santa Misa, en la que se realiza la ofrenda del Sacrificio, y la procesión, que manifiesta públicamente la adoración al Santísimo Sacramento. La procesión es la “forma tipo” de las procesiones eucarísticas porque prolonga la celebración de la Eucaristía. En efecto, inmediatamente después de la Santa Misa, la Hostia que ha sido consagrada  se conduce fuera de la Iglesia para que el Pueblo de Dios dé un testimonio público de fe y de veneración al Santísimo Sacramento.

“…La fiesta del Corpus Christi se caracteriza de modo particular por la tradición de llevar el Santísimo Sacramento en procesión, un gesto denso de significado. Al llevar la Eucaristía por las calles y las plazas, queremos introducir el Pan bajado del Cielo en nuestra vida diaria; queremos que Jesús camine por donde caminamos nosotros, que viva donde vivimos nosotros. Nuestro mundo, nuestra existencia debe transformarse en su templo. En este día la comunidad cristiana proclama que la Eucaristía es todo para ella, es su vida misma, la fuente del amor que vence la muerte. De la comunión con Cristo Eucaristía brota la caridad que transforma nuestra existencia y sostiene el camino de todos nosotros hacia la patria celestial. Por eso la liturgia nos invita a cantar: “Buen Pastor, Pan verdadero (…). Tú que todo lo sabes y todo lo puedes, y que nos alimentas en la tierra, conduce a Tus hermanos a la mesa del Cielo, en la gloria de Tus santos”… (Benedicto XVI. Ángelus 18 de junio de 2006).

“…En la Eucaristía se revela el designio de Amor que guía toda la historia de la salvación (cf. Ef 1,10; 3,8-11). En Ella, el Deus Trinitas, que en Sí mismo es Amor (cf. 1 Jn 4,7-8), se une plenamente a nuestra condición humana. En el pan y en el vino, bajo cuya apariencia Cristo se nos entrega en la Cena Pascual (cf. Lc 22,14-20; 1 Co 11,23-26), nos llega toda la vida divina y se comparte con nosotros en la forma del Sacramento. Dios es comunión perfecta de Amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ya en la Creación, el hombre fue llamado a compartir en cierta medida el aliento vital de Dios (cf. Gn 2,7). Pero es en Cristo muerto y Resucitado, y en la efusión del Espíritu Santo que se nos da sin medida (cf. Jn 3,34), donde nos convertimos en verdaderos partícipes de la intimidad divina. Jesucristo, pues, «que, en virtud del Espíritu Eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha» (Hb 9,14), nos comunica la misma vida divina en el Sacramento Eucarístico. Se trata de un don absolutamente gratuito, que se debe sólo a las promesas de Dios, cumplidas por encima de toda medida. La Iglesia, con obediencia fiel, acoge, celebra y adora este don. El «misterio de la fe» es misterio del Amor Trinitario, en el cual, por gracia, estamos llamados a participar. Por tanto, también nosotros hemos de exclamar con san Agustín: «Ves la Trinidad si ves el Amor ».” (Benedicto XVI.  Sacramentum Caritaris, 7)

 

Texto extraído  de la página “El camino de María

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ARGENTINA-CARTA DE ALIANZA – MAYO DE 2008

mayo 23, 2008

Queridos hermanos:

Hace un mes una vasta zona desde Rosario hasta La  Plata se vio envuelta en una densa nube de humo provocada por grandes incendios de pastizales en las islas del delta del Paraná. Esos incendios no solamente ocasionaron problemas de salud, daños materiales y ecológicos sino que también, a causa del humo y las neblinas, se produjeron graves accidentes en las rutas que causaron muertes y muchos heridos.

Por otra parte en estos días hemos recibido las imágenes impresionantes de las explosiones del volcán Chaitén, en el sur de Chile, cuyas grises cenizas han cubierto las localidades aledañas nublando la visión, irritando los ojos, haciendo irrespirable el ambiente y provocando la evacuación masiva de las poblaciones. Las cenizas ya han cruzado la cordillera cubriendo ciudades y campos de nuestra patagonia y pampa.

Humo y ceniza, falta de visión e irritación, dolor y desconcierto, parecen una metáfora de lo que hoy, en otro orden, también estamos viviendo los argentinos.  Hablo de otro humo, denso y peligroso, que nos está impidiendo convivir como hermanos, ver con claridad nuestra realidad, y crecer como nación.

– Es el humo de la soberbia que hace extralimitarse en los poderes, abusar de ellos, comprar voluntades y querer “doblegar y arrodillar” al oponente. 

– Es el humo de la intolerancia que nos separa en “nosotros y aquellos”, en ganadores y perdedores, que confunde opositores con “enemigos” buscando la confrontación constante, como justificación de su existencia, y provocando desunión.

– Es el humo de la mentira como modus  operandi, que encubre y tergiversa la verdad para acaparar rapazmente más poder y riquezas: “miente, miente que algo quedará…”.

– Es el denso y fiero humo del odio que obnubila la razón y las conciencias confundiendo el derecho con revancha y la justicia con venganza.

Pero el humo, con todo lo irritante y pernicioso que es, es también inconsistente.

Hace dos semanas, luego del primer paro agropecuario, todos nos alegramos cuando el gobierno y las organizaciones que representan al campo se sentaron a dialogar. En algunos temas hubo avances, pero en el más controvertido, las retenciones móviles, se tiene la sensación de que fue un juego de desgaste, de dichos y desmentidas para dilatar los tiempos con el doble fin de irritar al campo y obligarlo a “reaccionar” con otro paro y, por lo tanto, no llegar a tocar el tema de las retenciones. Y así fue: el campo está de paro nuevamente. “Ellos serán los responsables del desabastecimiento y la inflación”, acusan cerca del gobierno. Pero se sabe que la inflación no ha sido provocada por el campo. “El que gana más debe aportar más” critican de un lado, pero nadie pone eso en duda; lo que se discute es el método: las retenciones, al no ser coparticipables, no llegan por igual a todos como los impuestos y pueden ser usadas arbitrariamente. En la escalada de imputaciones y sospechas mutuas debemos tener cuidado: siempre hay grupos que se aprovechan de nuestras peleas, y hay otros grupos de exaltados obsecuentes que pueden hacer desastres. Se están atizando hogueras de rencores, violencia y enfrentamientosEs un juego peligroso e irresponsable de imprevisibles consecuencias en donde todos los argentinos podemos perder mucho. Por eso el llamado imperioso a las partes implicadas en esta crisis: PIENSEN EN EL BIEN DE TODOS Y RETOMEN EL DIÁLOGO. Pero para un verdadero diálogo hay que:

1º decir la verdad,

2º escuchar respetuosamente al otro,

3º buscar el bien de todos,

4º estar dispuesto a renunciar en algo.

 O sea,  un gran cambio de actitud.

Los argentinos venimos de una larga historia de desencuentros y no queremos más confrontaciones y rupturas. Esa horrorosa historia ya la conocemos, esos caminos equivocados ya los hicimos y nos costaron profundas divisiones, irreparables pérdidas humanas, debilitamiento de las instituciones y retraso en el desarrollo social, cultural y económico. Son cicatrices de heridas profundas que todavía están allí y duelen mucho. Los argentinos no necesitamos nuevas luchas que abran heridas antiguas. Hoy necesitamos dirigentes políticos del gobierno y de la oposición que ayuden a que estas heridas cicatricen bien y definitivamente; que sepan dialogar respetando las diferencias; que sepan consensuar políticas de estado a largo plazo. Líderes sociales y empresariales que cuiden la unidad, el desarrollo y la paz del tejido social; líderes que sepan luchar por los proyectos propios sin “aniquilar” a los demás. Argentina una vez fue grande porque sus dirigentes supieron incluir y sumar inteligencias y voluntades en un proyecto de Nación que nos transformó en “tierra de esperanza”.

Incluir, dialogar, respetar, consensuar son palabras de un nuevo “lenguaje” que debemos aprender todos los argentinos. Incluir, dialogar, respetar y consensuar son las actitudes que dan fundamento y sustento a la vida social, democrática y republicana que hoy debemos conquistar en todos los ámbitos, hasta en la vida familiar. Cambiemos hacia una convivencia más dialogante y respetuosa que busque la unidad. Basta de luchas y revanchas; ¡caminemos hacia una cultura del encuentro, hacia una cultura de Alianza!

Pero en medio de estas oscuras nubes podemos ver algunas luces de esperanza que brillan ante nuestros ojos y nos sirven como indicadores para el camino a seguir:

  • – la dignidad de un pueblo que pide firme y pacíficamente se respeten sus derechos;
  • – el apego a la democracia participativa como forma de gobierno y vida ciudadana;
  • – la exigencia de independencia, sanidad y agilidad de los tres Poderes del Estado;
  • – el diálogo sincero y respetuoso como modo de dirimir nuestras diferencias;
  • – la búsqueda del bien común como valor mayor;

Creo que el Padre Kentenich hoy nos repetiría las palabras de San Pablo a los Romanos (8, 22): “Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo con dolores de parto”. En Argentina hoy estamos sufriendo los dolores del parto de una nueva cultura más solidaria, más responsable, más dialogal y más democrática. Una Patria con alma de Familia.

Queridos hermanos, pronto celebraremos el 25 de mayo, camino al bicentenario del 2010. Pidamos confiadamente a María por la unidad y el progreso de los argentinos. Trabajemos firmemente por ese fin. Ese día un grupo de peregrinos de varias comunidades celebraremos la Sta. Misa en el Santuario de Luján y, en representación de toda la Familia de Schoenstatt, renovaremos la coronación a la Virgen como “Reina de la Patria Familia” hecha hace 20 años. Esa es nuestra herencia y nuestra gran misión que pide toda nuestra entrega, hoy más que nunca.

Les deseo un bendecido día de Alianza. P. José Javier Arteaga

DESDE EL SANTUARIO,

DISCÍPULOS- MISIONEROS PARA UNA PATRIA FAMILIA

 


Pentecostés

mayo 8, 2008

VEN, ESPÍRITU DE AMOR Y DE PAZ!

Espíritu Santo, dulce Huésped del alma,
muéstranos el sentido profundo del gran jubileo
y prepara nuestro espíritu para celebrarlo con fe,
en la esperanza que no defrauda,
en la caridad que no espera recompensa.
Espíritu de Verdad, que conoces las profundidades de Dios,
memoria y profecía de la Iglesia,
dirige la humanidad para que reconozca en Jesús de Nazaret
el Señor de la gloria, el Salvador del mundo,
la culminación de la historia.
¡Ven, Espíritu de Amor y de paz!
Espíritu creador, misterioso artífice del Reino,
guía la Iglesia con la fuerza de Tus santos dones
para cruzar con valentía el umbral del nuevo milenio
y llevar a las generaciones venideras
la luz de la Palabra que salva.
Espíritu de santidad, aliento divino que mueve el universo,
ven y renueva la faz de la tierra.
Suscita en los cristianos el deseo de la plena unidad,
para ser verdaderamente en el mundo signo e instrumento
de la íntima unión con Dios y de la unidad del género humano.
¡Ven, Espíritu de Amor y de paz!

Espíritu de comunión, alma y sostén de la Iglesia,
haz que la riqueza de los carismas y ministerios
contribuya a la unidad del Cuerpo de Cristo,
y que los laicos, los consagrados y los ministros ordenados
colaboren juntos en la edificación del único Reino de Dios.

Espíritu de consuelo, fuente inagotable de gozo y de paz,
suscita solidaridad para con los necesitados,
da a los enfermos el aliento necesario,
infunde confianza y esperanza en los que sufren,
acrecienta en todos el compromiso por un mundo mejor.

¡Ven, Espíritu de Amor y de paz!

Espíritu de sabiduría, que iluminas la mente y el corazón,
orienta el camino de la ciencia y de la técnica
al servicio de la vida, de la justicia y de la paz.
Haz fecundo el diálogo con los miembros de otras religiones,
y que las diversas culturas se abran a los valores del Evangelio.

Espíritu de vida, por el cual el Verbo se hizo carne
en el seno de la Virgen, Mujer del silencio y de la escucha,
haznos dóciles a las muestras de Tu Amor
y siempre dispuestos a acoger los signos de los tiempos
que Tú pones en el curso de la historia.

¡Ven, Espíritu de Amor y de paz!

A Ti, Espíritu de Amor,
junto con el Padre Omnipotente
y el Hijo Unigénito,
alabanza, honor y gloria
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Oración compuesta con ocasión del  2do. año de la preparación al Jubileo del año 2000

dedicado al Espíritu Santo

Textos extraídos de la pagina  El Camino de María

 

 

 


Espiritualidad laical

mayo 4, 2008

Reflexiones  del Padre Nicolás Schwizer 

Mucho se habla hoy de “la hora de los laicos”. El Padre Kentenich, el fundador del Movimiento de Schoenstatt,  lo explica: La movilización total del infierno nos exige tomar conciencia de que cada uno debe estar presente, de que cada uno debe ser apóstol y soldado de Cristo. Hoy en día los laicos deben estar en el frente, deben luchar por el cristianismo. 

Podemos agregar: “Ha llegado la hora de los laicos marianos”. Creo que todo esto ha de darnos una conciencia más clara de nuestro estado laical y de nuestra misión laical. Tenemos que cultivar esta conciencia en nosotros. No es suficiente que lo sepamos, sino tiene que penetrar en nuestro sentimiento y nuestro corazón. Y esa es también la base para que seamos más autónomos como laicos.

Lo señalado sobre “la hora de los laicos” se refiere también a la vocación de los laicos a la santidad. 

Antes, para ser santo, uno tenía que entrar en un convento o hacerse sacerdote. Para usar una imagen del Padre Kentenich, esa gente viaja en un tren expreso hacia el cielo. Y ahora se le invita también a los laicos a subir al mismo tren de la santidad. 

Para una espiritualidad laical es entonces importante, integrar todo lo que forma parte del mundo laical: el mundo, el trabajo, la familia, la sociedad. Todo ello ha de ayudar para crecer en el camino del laico hacia la santidad. No puede ser, por eso, una copia de la espiritualidad monacal o sacerdotal. Tiene que enfocar el misterio cristiano desde una óptica laical.

María, ejemplo preclaro de una espiritualidad laical vivida

Ella es ejemplo preclaro de una vida laical en medio del mundo. No caracterizan a la Virgen María los milagros ni las cosas extraordinarias visibles en su vida. Lo más grande se realiza en Ella en medio de la sencillez y simplicidad de lo cotidiano, de los quehaceres de dueña de casa, como mujer del pueblo. Ella no practica una “huida del mundo”, sino se santifica en medio del mundo.

María está centrada en el Dios de la vida. A Él le sigue en el claroscuro de la fe. Cree en la Providencia de Dios Padre, hasta sus últimas consecuencias: en Belén, en Egipto, en Nazareth y en el Gólgota. 

La espiritualidad laical de María no tiene nada de libros. Todo en Ella posee la lozanía de un trato personal con el Señor y la preocupación maternal por los hombres en sus necesidades cotidianas. Su santidad se realiza dentro de las ocupaciones “profanas”: sus deberes de madre, esposa, dueña de casa y buena vecina. 

María, se siente y sabe profundamente comprometida con su pueblo de Israel. Sabe que por haber aceptado ser Madre del Mesías, ocupa un lugar clave en la historia. Y no se acobarda aunque su compromiso la lleve a estar junto a la cruz y una espada traspase su corazón. 

Esta Virgen, hermana y madre nuestra, compañera y colaboradora del Señor, encuentra el alimento de su espiritualidad en el contacto vivo con el Dios de la vida. Sus palabras las escucha meditándolas en su corazón y poniéndolas en práctica. Su participación en la comunidad cristiana primitiva, en sus reuniones eucarísticas, debe haber sido extraordinariamente profunda. Quién podía estar más compenetrada que Ella de la renovación del sacrificio de Cristo, luego de haberse ofrecido con Él como una sola hostia al Padre. 

Por todo esto, María es ejemplo preclaro de una vida laical, de una santidad en medio del mundo. Por Ella tenemos que guiarnos y su espiritualidad hemos de imitar. 

Preguntas para la reflexión

  • 1. ¿Cómo podríamos como laicos asumir más responsabilidades en la vida y la expansión de la Iglesia?
  • 2. ¿Qué me dice la frase?: Todos están ahora llamados a transformarse en santos, cada uno en su ambiente.
  • 3. ¿Cómo me imagino el día a día de María?

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Carta de Alianza-Abril 2008

mayo 4, 2008

Queridos hermanos en la Alianza: 

Hace unos quince días me encontré con un grupo de jóvenes universitarios, y mientras analizábamos las voces de nuestro tiempo y qué nos decía el Señor en los acontecimientos, uno de ellos resumió su opinión con un “¡estamos para atrás!”. En esa expresión tan usual hoy entre los jóvenes él sintetizaba su angustia, su bronca y su impotencia ante la realidad argentina. “¡Estamos para atrás!” Tal vez los adultos diríamos “estamos mal”, pero creo que esas palabras, en un castellano deficitario, expresan literal y gráficamente una opinión generalizada: los argentinos estamos caminando para atrás.  

Cuando en el 2008 escuchamos frases como “les tengo un odio visceral, lo único que me mueve es el odio contra ustedes”, cuando vimos el desabastecimiento de alimentos de primera necesidad en los supermercados, cuando muchos salieron a las calles para “cacerolear” su desacuerdo, cuando escuchamos denuncias de “aprietes” y “persecución” económica y/o ideológica de diferentes lados, cuando medio país se tornó intransitable por los cortes de rutas, cuando la “opinión opositora” es considerada como “opinión enemiga” y cuando vemos grupos organizados que agreden físicamente a opositores o “enemigos” políticos, entonces nos parece estar reviviendo las épocas traumáticas y violentas del ´55, ´66, ´73, ´76, ´01 (por poner algunas fechas), entonces nos parece estar caminando la historia argentina para atrás. Es un frustrante y doloroso retroceso en el respeto y la convivencia ciudadana y republicana; es un retroceso que nos impide ver y aprovechas todas las buenas oportunidades de crecimiento en lo social, en lo institucional y en lo económico. Quien camina mirando para atrás (y mirando mal), termina tropezando y cayendo. Esa es nuestra historia que creíamos aprendida y superada. “La Argentina se está fosilizando. Una esclerosis conceptual creciente estanca al país en debates seniles que nos distancian cada vez más de los desafíos del presente.” (Santiago Kowadloff, Escenas de la tragicomedia nacional, La Nación, 13 de abril 2008). 

Pero hay algo más: cuando miramos líderes políticos, sociales o empresariales y vemos su intransigencia, arrogancia, parcialidad en los juicios, mentiras y actitud confrontativa vemos también un poco de nuestra actitud como país. Algún psicólogo social diría que rechazamos en ellos lo feo que vemos en nosotros mismos. Porque debemos reconocer que esa intransigencia, parcialidad de juicios, mentiras y actitud confrontativa la tenemos también en nuestras calles, en nuestras universidades, oficinas, escuelas y familias.  

La Iglesia ha pedido y nos ha recordado la trascendental importancia del diálogo sincero para poder ser Nación. En este mismo sentido como Movimiento de Schoenstatt también desde hace años nos hemos propuesto trabajar para revertir esta Patria en “estado de jungla”, como diría el P. Ángel Strada, tratando de forjar una Patria con espíritu de Familia, es decir, una Patria donde primen la voluntad de ENCUENTRO por sobre la disgregación, la voluntad del DIÁLOGO respetuoso por sobre el rechazo y la exclusión, la voluntad de la VERDAD por sobre el engaño y la corrupción, y la voluntad de PARTICIPACIÓN y el BIEN COMÚN por sobre el interés partidista o sectorial.  Encuentro, diálogo, verdad, participación y bien común; se trata de una actitud de vida que renueve nuestra vida, una actitud de ALIANZA.

Dicen que las crisis encierran rupturas, cambios y oportunidades y en ellas sabemos que resuena la voz potente de Dios que nos interpela a dar respuesta según los dones y carismas que hemos recibido. Hoy estamos llamados a ser hombres y mujeres de Alianza; matrimonios en actitud dialogante de alianza; jóvenes que encaren sus vidas desde la dinámica del encuentro de la alianza; ciudadanos que buscan la asociación con otros en alianza. Sería muy penoso que redujéramos la Alianza de Amor con María a un vínculo personal – intimista y que no diera frutos en nuestra vida cotidiana, que no revirtiera nuestras actitudes de vida con los miembros de nuestra familia, con las demás personas, y en la forma de encarar nuestras  responsabilidades privadas y públicas. Por el contrario, la Alianza de Amor con María nos lleva al encuentro profundo y transformante con Cristo, quien nos recuerda y anima: “Ámense unos a otros como yo los amé”. 

Como discípulos de Cristo estamos llamados a ser factores de unidad en todas partes. No claudiquemos en la esperanza, discípulos y misioneros de la Alianza. Los invito a reflexionar responsable y creativamente para fomentar el diálogo y el encuentro no sólo para superar este difícil momento sino para desarrollar una nueva actitud de vida, como hijos de Dios y ciudadanos de esta tierra, una cultura de Alianza. 

Unidos al P. Kentenich recemos a María, la Madre del pueblo argentino: 

Madre, con tu Hijo Divino

desciende a los caminos de nuestra Patria,

para que siguiendo sus huellas,

encuentre paz verdadera y estable.

Patria, sólo tendrás salvación

si en amor te unes a María y a su Hijo. Amén

Desde el Santuario reciban un cordial saludo, 

P. José Javier Arteaga