Corpus Christi

Jueves de Corpus Christi

El próximo jueves 22 de mayo la Iglesia celebra la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor, aunque en algunos países se celebrará el próximo Domingo 25 de mayo. La fiesta, extendida en 1269 por el Papa Urbano IV a toda la Iglesia latina, por una parte constituyó una respuesta de fe y de culto a doctrinas heréticas acerca del misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, por otra parte fue la culminación de un movimiento de ardiente devoción hacia el augusto Sacramento del altar.La piedad popular favoreció el proceso que instituyó la fiesta del Corpus Christi; a su vez, esta fue causa y motivo de la aparición de nuevas formas de piedad eucarística en el pueblo de Dios. Esta festividad es una ocasión propicia para que podamos  profundizar en nuestra fe y en nuestro amor hacia la Eucaristía.

 Según tradiciones locales consolidadas, la Solemnidad del Corpus Christi comprende dos momentos: la Santa Misa, en la que se realiza la ofrenda del Sacrificio, y la procesión, que manifiesta públicamente la adoración al Santísimo Sacramento. La procesión es la “forma tipo” de las procesiones eucarísticas porque prolonga la celebración de la Eucaristía. En efecto, inmediatamente después de la Santa Misa, la Hostia que ha sido consagrada  se conduce fuera de la Iglesia para que el Pueblo de Dios dé un testimonio público de fe y de veneración al Santísimo Sacramento.

“…La fiesta del Corpus Christi se caracteriza de modo particular por la tradición de llevar el Santísimo Sacramento en procesión, un gesto denso de significado. Al llevar la Eucaristía por las calles y las plazas, queremos introducir el Pan bajado del Cielo en nuestra vida diaria; queremos que Jesús camine por donde caminamos nosotros, que viva donde vivimos nosotros. Nuestro mundo, nuestra existencia debe transformarse en su templo. En este día la comunidad cristiana proclama que la Eucaristía es todo para ella, es su vida misma, la fuente del amor que vence la muerte. De la comunión con Cristo Eucaristía brota la caridad que transforma nuestra existencia y sostiene el camino de todos nosotros hacia la patria celestial. Por eso la liturgia nos invita a cantar: “Buen Pastor, Pan verdadero (…). Tú que todo lo sabes y todo lo puedes, y que nos alimentas en la tierra, conduce a Tus hermanos a la mesa del Cielo, en la gloria de Tus santos”… (Benedicto XVI. Ángelus 18 de junio de 2006).

“…En la Eucaristía se revela el designio de Amor que guía toda la historia de la salvación (cf. Ef 1,10; 3,8-11). En Ella, el Deus Trinitas, que en Sí mismo es Amor (cf. 1 Jn 4,7-8), se une plenamente a nuestra condición humana. En el pan y en el vino, bajo cuya apariencia Cristo se nos entrega en la Cena Pascual (cf. Lc 22,14-20; 1 Co 11,23-26), nos llega toda la vida divina y se comparte con nosotros en la forma del Sacramento. Dios es comunión perfecta de Amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ya en la Creación, el hombre fue llamado a compartir en cierta medida el aliento vital de Dios (cf. Gn 2,7). Pero es en Cristo muerto y Resucitado, y en la efusión del Espíritu Santo que se nos da sin medida (cf. Jn 3,34), donde nos convertimos en verdaderos partícipes de la intimidad divina. Jesucristo, pues, «que, en virtud del Espíritu Eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha» (Hb 9,14), nos comunica la misma vida divina en el Sacramento Eucarístico. Se trata de un don absolutamente gratuito, que se debe sólo a las promesas de Dios, cumplidas por encima de toda medida. La Iglesia, con obediencia fiel, acoge, celebra y adora este don. El «misterio de la fe» es misterio del Amor Trinitario, en el cual, por gracia, estamos llamados a participar. Por tanto, también nosotros hemos de exclamar con san Agustín: «Ves la Trinidad si ves el Amor ».” (Benedicto XVI.  Sacramentum Caritaris, 7)

 

Texto extraído  de la página “El camino de María

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