Un sueño que queremos volver a hacer realidad

agosto 23, 2008
 

¡Un millón de niños en oración,

por la unidad y la paz, junto a la Virgen María! 

EL DÍA 18 DE OCTUBRE A LAS 9:00 AM.

 Image El Consejo Nacional de Laicos de Venezuela convoca a participar en esta idea que surgió en Caracas en el año 2005  en una ermita de la Madre Tres Admirable y hoy se está difundiendo a nivel mundial.

Consiste en invitar a 1.000.000 de niños de todo el mundo a unirse en la oración del Santo Rosario, junto a la Santísima Virgen.

La iniciativa es infundir en el corazón de los niños, la idea de  hacer oración por la paz interior de cada ser humano, así como también por la paz y la unidad de la familia, en el país y en el mundo entero.

El Rosario ha sido propuesto como oración por la paz, Juan Pablo II dijo: “Hoy deseo confiar a la eficacia de esta oración, la causa de la paz en el mundo y en las familias”.

Para esta actividad, no hay necesidad de movilizaciones ni gastos, debido a que consiste simplemente rezar el rosario el 18 de Octubre a las 9:00 de la mañana, en las aulas, patios de recreo, plazas, capillas, hospitales pediátricos, parroquias, orfelinatos, hogares de cuidado, preescolares, en el lugar donde te encuentres.

Para ser voluntario solo se requiere que ayudes a dar a conocer y motivar en tu comunidad esta Jornada de Oración o también que dispongas la mañana del 18 de Octubre a las 9:00 a.m. para acompañar a los niños.

Consideramos valioso y muy importante tu apoyo, sin él no podemos hacer realidad las gracias que derramarían para el mundo los Corazones de Jesús y de María al recibir las oraciones de tantos niños.

Los innumerables testimonios recibidos de la Campaña del año 2005 y 2006 mostraron la gran alegría y acogida de millares de niños dentro y fuera de Venezuela.

Para que este proyecto se haga realidad necesitamos de TI.

“Y pensar que si un millón de niños rezaran el Rosario el mundo cambiaría”

S. Padre Pío

www.unmillondeninos.com

www.millon-de-ninos-rezando.net  


FESTEJO DE LA FAMILIA BALLESTERENSE

agosto 23, 2008

DOMINGO 14 DE SEPTIEMBRE  11,30 hs.

CELEBRAMOS LOS 28 AÑOS DE NUESTRO SANTUARIO NAZARET

Colón 3550 Villa Ballester-Bs. As.-ARGENTINA

LOS ESPERAMOS


1943 “Espejo del pastor” (estrofas escogidas)

agosto 20, 2008
Padre J. Kentenich

Padre J. Kentenich

L

as estrofas escogidas    que publicamos a continuación fueron escritas por el Padre José Kentenich durante su estadía  en el campo de concentración de Dachau.  Estas  pertenecen a la obra “Espejo del pastor”,  de la cual  sólo hay publicadas algunas partes.

E

sta dirigida a las Superioras de las Hermanas de María.  Es un tratado sobre la libertad del cristiano y sobre la vivencia mariana y crística  del misterio de la Santísima Trinidad.

L

a comienza a escribir el 9 de octubre de 1943 y la concluye  en enero del año siguiente. Consta de 5870 estrofas.  En ellas quiere recoger la experiencia de  treinta años de la Familia de Schoenstatt y, a la  luz de los acontecimientos del día 20 de enero de 1942 (ver fechas importantes en la vida del P. K y su Familia), proyectarla en una sabiduría  de conducción.

2618. La vigilancia llena de amor ayuda a purificarnos

trasmite luz y enseña al alma a unirse.

Quien desprecia la vigilancia, por sí mismo es culpable

de que Dios no le manifieste un favor más grande.

 

2619. Caminos iluminados pueden transitar almas,

que ven detrás de todo la voluntad de Dios,

en los cuales frecuentemente rompe la oscuridad

la luz clara de la vida del Espíritu de Dios.

 

2620. La luz deja encontrar también los caminos correctos,

para unir el alma interiormente a Dios,

hasta que esté en unión de amor con él

y transite heroicamente los senderos de amor más elevados.

 

2621. Esta es la luz, que resplandece al meditar

a la cual frecuentemente no atendemos en la vida cotidiana;

quien no medita, vive en la oscuridad

es y permanece constantemente consagrado a la mediocridad.

 

2622. Quienes, sin embargo, se aseguran permanentemente la meditación,

aprehenden a distinguir el actuar de Dios

de los impulsos de la propia naturaleza enferma

y de la huella finamente oculta del demonio…

 

2651. A través de los superiores Dios quiere decirnos en cada caso,

lo que según su deseo debemos arriesgarnos;

el espíritu, que nos debe inspirar,

que cada obra hace grande y llena de gracia

 

2652. No puede ser dado mediante el superior:

El mismo quiere ya en la tierra reinar en nosotros.

La gracia, que sostiene el quehacer externo

sólo quiere reposar permanentemente en el Espíritu Santo.

 

2653. Dios quiere constantemente guiar todo nuestro actuar:

mediante, la obediencia regula el hacer y el sufrir;

Él moviliza directamente nuestro interior

Él habla en nosotros y nos conduce hacia el cielo.

 

2654. De esa manera me dice a través de una campanilla,

que debo encaminarme ahora hacia la capilla,

a través del texto coloca palabras en mi boca,

que necesitaré en la oración al atardecer.

 

2655. Con esto todavía no se da por satisfecho completamente:

Él quiere también proteger nuestro interior

quiere conducir en nosotros cada fuerza del alma

Él es, quien en nosotros crea luz y calidez.

 

2656. Aquel quiere avivar cada movimiento del alma

y  bendecir las decisiones santas.

Sin el espíritu del Padre la obediencia exterior sola

no  puede alegrar el corazón.

 

2657. Esto vale para todo nuestro día de trabajo.

Recién a través del “espíritu” se le infunde la auténtica solidez,

Él es, quien hace todo lo bueno en nosotros,

Mientras  tengamos la valentía de escucharlo.

 

2568. Solamente puede distinguir la voz de Dios,

De  los ruidos que hacen al mismo tiempo

el  mundo, el demonio y el yo enfermo

quien  se recoge frecuentemente en la meditación,

 

2569. para escuchar con finura el suave hablar de Dios

y  dejarse cautivar por su Espíritu,

y  abrirse ampliamente a la luz de Dios

y  contemplar hondamente su rostro.

 

2660. Como a su tiempo los judíos en su éxodo por el desierto

rodeados   de peligros crecientes,

fueron   guiados por Dios día y noche a través de una columna

que   continuamente los iluminaba con claridad.

 

2661.  A través de ella El se mostró fiel en el camino del desierto

y  a pesar de ciertas quejas no abandonaron;

de  esa manera quiere ser el Espíritu Santo el conductor,

que  conduce nuestra alma a través del reflejo de la gracia.

 

2662. Solamente debemos seguir ciegamente y sin resistencia

las  suaves inflexiones de la gracia

y  los movimientos resplandecientes de su luz.

Él nos conduce seguro hacia la tierra prometida.

 

2663. Para entender correctamente su voz,

con  frecuencia debemos recogernos en nuestro interior

y,  en el silencio, afinar el corazón y el oído

cuando  Dios se manifiesta con sus deseos.

 

2664. Al comienzo nos dirá poco.

Si ponemos seriedad y perseverancia en escuchar

e  intentamos llevar a cabo con fidelidad lo que nos pide

entonces  apartará más fuertemente el velo que lo oculta.

Agradecemos  al Padre Juan José Riba este hermoso regalo 

 


Carta de Alianza

agosto 19, 2008
Padre Javier Arteaga

Padre Javier Arteaga

Queridos hermanos en la Alianza: 

El viernes 8 de agosto pudimos ver la magnífica apertura de los juegos olímpicos 2008 en Beijing. Palabras, cantos y bailes, destreza física, creatividad e ingenio, colores, luces y formas. Miles de hombres de todo el mundo estaban allí realizando y participando de esa maravilla; el espíritu del hombre estaba allí presente. Mientras escribo esta carta leo que ya fueron otorgadas 75 medallas de oro junto a otras tantas de plata y de bronce. El esfuerzo y la excelencia tienen su premio. Hace unos días leí un artículo que decía: “Cada atleta entrenó por mucho tiempo, preparó su estrategia y llegó a los juegos con la esperanza de llevarse un reconocimiento y una victoria. Todo se juega en pocos minutos. Algunos suben al podio de los vencedores, otros se contentan con haber participado. Algunos tendrán una segunda oportunidad en 4 años, otros no. La historia grabará algunos nombres y otros, como muchos, permanecerán en las memorias individuales de sus seres queridos y allegados”. 

Nuestra vida tiene mucho de juego olímpico: sueños, esfuerzos, conquistas, victorias y derrotas. Ya sea en lo personal y en lo familiar, en un grupo pequeño o como nación, siempre estamos en carrera, a los saltos (a veces muy altos o muy largos), levantando pesas, lanzando jabalinas, haciendo goles o errándolos, llegando primeros, segundos o últimos. Tanto en los juegos olímpicos como en el juego de la vida lo importante es tener claro la meta ¿qué quiero alcanzar?, el adecuado entrenamiento ¿Cómo me prepararé y lo lograré? y el fin último- trascendente ¿para qué hago todo esto?  

Seguramente un jugador de fútbol no logrará ganar una medalla de oro si se pone a lanzar discos. Para ello es menester preguntarse cuáles son las capacidades y talentos personales y consecuentemente ponernos las metas a conquistar. Muchas frustraciones en la vida tienen su origen en la falsa percepción sobre uno mismo. Algo semejante pasa con la vida de un país: cuando se interpreta su historia y su presente con una mirada parcial o deformada estamos determinando un futuro mediocre y frustrante porque no está fundada en la verdad. En Argentina tenemos aún muchas metas por alcanzar: la unidad en la diversidad, el respeto a toda vida humana, el progreso equitativo para todos, etc., y para ello necesitamos hombres y mujeres de espíritu grande y generoso, atletas de la verdad y del amor.

Pero con las capacidades solas no llegaremos muy lejos; a los talentos personales debemos sumarle el esfuerzo del entrenamiento para desarrollarlos. Y para ello muchas veces necesitamos la ayuda de especialistas, de entrenadores, de los mejores que quieran sumar sus conocimientos en pro de la meta, de un bien común. ¿Por qué países como China, Estados Unidos, Alemania, Corea del Sur o Rusia han ganado hasta ahora la mayoría de las medallas de oro? La respuesta no es difícil: porque tienen un objetivo claro y han puesto todas sus posibilidades orientadas a ese fin, y evidentemente tiene muchas posibilidades, comenzando por las organizacionales, económicas, científicas, etc., etc. Así sucede en la vida personal: solos no podemos, somos seres interdependientes. Pensando en la Patria recordé una excelente entrevista a Claudio Fernández Aráoz, uno de los mayores especialistas internacionales en la búsqueda de líderes empresariales, que publicó el diario La Nación el 30 de agosto pasado. Ante la pregunta si en la Argentina hay una masa crítica que ayude a pegar un salto cualitativo como país, Claudio Fernández Aráoz decía:

En primer lugar, para que la Argentina pegue ese salto no hacen falta genios ni grandes ideas. Nunca es así para ningún país ni para ninguna organización que aspira a la grandeza. Más que grandes estrategias, hacen falta una opción consciente para perseguir la grandeza y un trabajo disciplinado para alcanzarla. Una primera condición es el liderazgo adecuado al máximo nivel. No tengo dudas de que tenemos candidatos potenciales calificados en el país, pero tenemos que aprender a elegirlos. La segunda condición para dar el salto es que los líderes correctos armen bien sus equipos. Y para esto la Argentina cuenta con una masa crítica más que suficiente de talento. Nuestra nación se construyó y se hizo grande en su momento por las aspiraciones de grandeza de nuestros predecesores, a pesar de las frustraciones inevitables de todo trabajo de liderazgo”.  

¿Pero para qué sirve tanto esfuerzo y alcanzar finalmente la meta? El mismo San Pablo, a quien evocamos en este año paulino, nos lo dice claramente en la primera carta a los Corintios 9,25: “¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! Los atletas se privan de todo, ¡y eso por una corona corruptible! Nosotros, en cambio, por una incorruptible. No perdamos de vista el fin último de nuestra gran olimpíada: la Vida Eterna en Dios.

Queridos hermanos de Alianza, con todo el amor y el respeto que me inspira la Sma. Virgen, me animo a decir que para las olimpíadas de nuestra vida tenemos la mejor entrenadora: María. Ella, la llena de gracia, que hizo este camino junto a su Hijo y ya llegó a la meta del Cielo, es la más interesada en que nosotros también lleguemos y podamos “subir” todos, junto a Ella, al podio de los benditos de Dios en el Cielo. Mientras tanto sigamos “entrenando“, trabajando por el bien, la paz, la solidaridad y la justicia cada día, construyendo aquí la cultura del encuentro y de la Alianza. El Padre José Kentenich desde el Cielo nos alienta:

¡Alegres en la esperanza y seguros de la victoria,

con María, hacia los tiempos más nuevos!”.

 Desde el Santuario les envío un cordial saludo y bendición en el día de Alianza,                                                                                                                                                                  P. José Javier Arteaga

DESDE EL SANTUARIO, DISCÍPULOS-MISIONEROS

PARA UNA PATRIA FAMILIA


Reflexiones

agosto 16, 2008

Escribe  Padre Nicolas Schwizer 

El crecimiento de nuestro amor matrimonial

En el matrimonio, nuestra tarea permanente debe ser cultivar el amor, crecer en él hasta llegar a un amor perfecto y maduro. Al comienzo, todo amor es egoísta. Y sólo de a poquito se convierte ese amor primitivo en un amor maduro.

¿Cómo tenemos que cultivar nuestro amor matrimonial? El Padre Kentenich fundador del Movimiento de Schoenstatt, nos da tres respuestas:

1. Debemos querer hacernos felices mutuamente. Significa hacer feliz en primer lugar no a mí mismo, sino al otro; pasar del amor egoísta al amor desinteresado al tú. Me exige preguntarme permanentemente: ¿Con lo que estoy haciendo, con lo que estoy diciendo, haré más feliz a mi cónyuge?

Es un crecimiento muy grande en el amor. Es una altura de entrega y generosidad fuera de lo común.

2. Debemos ayudarnos mutuamente a perfeccionarnos. ¡Cuántas oportunidades de perfeccionamiento se nos presentan en la vida cotidiana! Por ejemplo cuando las personas viven permanentemente juntas, cuán difícil resulta mantener el respeto el uno al otro.

¿En qué forma nos hacemos ver nuestras faltas? ¿Es un sentir y adentrarnos en la debilidad del otro, un aguantar paciente sus limitaciones, o es un gritarse y ofenderse mutuo?

Y los sacrificios pueden convertirse en una carga pesada. Todos lo sabemos y lo hemos sentido ya en algunos momentos. Y el Padre Kentenich,   también lo sabía y por eso dijo una vez, citando a un antiguo filósofo: “Si se compara la vida matrimonial con la vida de los mártires, encontramos pocos mártires que aguantaron tanto sufrimiento como muchos matrimonios deben soportar”.

Todo esto exige un alto grado de amor y de santidad. Es imposible llegar a eso, si nuestro amor matrimonial no tiene sus raíces en Dios.

3. El amor conyugal culmina en una fidelidad a toda prueba. Conocemos la descripción de fidelidad que nos da el Padre Kentenich: la mantención pura, lozana y creadora del primer amor. Es mantenerlo a través de las pruebas del tiempo para eternizarlo. Fidelidad en este sentido profundo y amplio es regalarle siempre al cónyuge todo mi corazón, regalarle mi tiempo privilegiado, mis intereses prioritarios.

Es imposible ser fiel en este sentido, sin un gran espíritu de sacrificio y sin un contacto directo con Dios a través de los sacramentos y la oración.

De todos modos, si miramos la vida matrimonial desde este punto de vista, se convierte en una escuela de santidad de primera magnitud. Se  trata de vivir la santidad de la vida diaria matrimonial y además vivir también la espiritualidad de alianza matrimonial.

El matrimonio no es solamente una comunidad de amor, sino que se fundamenta sobre una alianza de amor mutua. Y esa alianza tiende a profundizarse. Quiere darle al otro todos los derechos sobre mí, para que él sea feliz: yo no quiero otra cosa que lo que tú quieres.

Y después podemos ir más lejos todavía: Estoy dispuesto a renunciar y regalarle hasta lo más difícil, lo más pesado, si tú lo deseas. Si quieres esa renuncia, te ruego que me lo pidas. Es así como quiero mostrarte mi amor.

 Preguntas para la reflexión

¿Nos reímos como matrimonio, como familia?

2  ¿Nos herimos al criticarnos?

¿Estoy dispuesto a aceptar lo que mi cónyuge me pida


Reflexiones

agosto 16, 2008

Escribe  Padre Nicolas Schwizer

 La Paciencia

Lo curioso es que en la Biblia esta palabra se refiere, ante todo, a la paciencia de Dios para con nosotros. Dios tiene paciencia con los hombres y mujeres que ha creado. Él tolera sus defectos y permite que el género humano siga poblando la tierra a pesar de su mala conducta.

Es el Espíritu Divino, paciente con nosotros, quien viene ahora a nosotros. Y de Él nos toca aprender para tener con los demás la misma paciencia que Él tiene con nosotros. Ya el libro de los Proverbios nos enseña: “Más vale un hombre paciente que un héroe, un hombre dueño de sí mismo, más que un conquistador de ciudades” (16,32). San Pablo, en sus cartas, insiste una y otra vez en esa virtud fundamental del aguante. Nos invita a revestirnos de entrañas de paciencia, soportarnos unos a otros con amor, perdonarnos mutuamente (cf. Col 3,12s; Efes 4,2; 1 Tes 5,14; 1 Cor 13,4). 

Todos hemos hecho la siguiente experiencia: Cuanto más cerca vivimos de una persona, más aumentan los roces, el fastidio, actitudes que irritan. Pensemos en nuestro cónyuge, nuestros hijos, parientes que viven en nuestra casa, compañeros de trabajo y amigos. Se mantienen la relación sincera y el afecto básico hacia la otra persona, pero se empaña el aprecio permanente con el disgusto diario.

Mucho se puede hacer para suavizar roces y facilitar la convivencia: dialogar, abrirse, sincerarse, corregirse y aceptarse. Mucho se puede hacer, pero todo ello ha de ir sobre el fundamento esencial de paciencia, de tolerancia, de puro y simple aguante humano. Porque en el fondo todos sabemos que la situación nunca va a ser ideal, ni en uno mismo ni en los demás.

Y lo que tenemos que hacer, por eso, es sobrellevar las inevitables contrariedades con resignación anticipada. Las cosas llevan tiempo. Los frutos maduran despacio. La naturaleza sigue su ritmo, y las estaciones no pueden acelerarse.

Y lo mismo sucede en la cosecha del Espíritu. Hace falta tiempo. Hace falta paciencia.

¡Espíritu Santo, conviértenos, aunque sea de a poquito, en maestros de la paciencia!

Paciencia para escuchar a los demás

Todas las personas que nos rodean, son cada una un ángel de Dios que nos trae un mensaje suyo. ¿Cómo mantengo yo la actitud de escucha frente a esa palabra de Dios que me viene a través del otro? Él o ella es palabra de Dios para mí en primer lugar a través de su amor, pero también a través de sus deseos, sus necesidades, sus penas. Todo es palabra de Dios que me está llamando: Sus gestos de amor me llaman a agradecer, sus deseos y necesidades a atenderlo, sus penas para aliviarlas y compartirlas.

Pero, ¿escucho yo esas palabras de Dios que me vienen a través de los demás? ¡Dios me quiere decir algo! Y cuando siento que hay algo de Dios en lo que me dice el otro, ¿lo acojo, le abro el corazón, para que esa palabra encuentre morada en mí?

Hay que escuchar al otro, pero también hay que hablarle al otro. Existen momentos en que Dios quiere hablarle al otro a través mío. Y entonces es un deber, hablar. Es un deber, dialogar. Entonces yo soy una palabra para el otro, que él necesita escuchar para crecer. Y si no le hablo, estoy negándome a ser palabra de Dios, Buena Noticia, Evangelio de Dios para el otro.

Preguntas para la reflexión

  • 1. ¿Me considero una persona paciente? ¿Como me ven los demás en este aspecto?
  • 2. ¿Tengo momentos de oración para escuchar lo que Dios me dice a través de los acontecimientos y de las personas?
  • 3. ¿Escucho con esa actitud de alegría cada vez que el otro abre la boca?

Reflexiones

agosto 16, 2008

Escribe  Padre Nicolas Schwizer

 Nuestra fe cristiana 

¿Qué se necesita para que la fe cristiana arraigue profundamente en un hombre, quede fuerte y sana?

Los entendidos nos dicen que tres fuerzas deben cooperar para que un hombre llegue a la fe y, además, crezca y madure en ella: Dios, el Hombre mismo y la Comunidad de los creyentes.

1. Dios. Sabemos que Dios, a través del Bautismo da la gracia inicial para que la fe pueda nacer y crecer en un cristiano. Esta fe recibida en el bautismo es una semilla. Y la semilla está hecha para producir una planta y la planta para producir frutos. Para que la semilla de la fe pueda crecer en el alma, Dios tiene que seguir dando su gracia.

¿Cómo podemos conseguir esa gracia de la fe, a lo largo de nuestra vida? Creo que Dios nos pone una condición fundamental para ello: Él quiere que le pidamos esa gracia con humildad y confianza filiales. El apóstol Santiago nos dice en su carta: «Dios resiste a los soberbios, pero da la gracia a los humildes” (4.6). Y el mismo señor nos enseña en el Evangelio pedir con confianza: “Todo cuanto pidáis en la oración, creed que lo recibiréis y lo tendréis” (Mc 11,24).

2. El hombre mismo. La fe es un regalo de Dios. Pero también es una respuesta personal del hombre mismo. Él puede y debe colaborar en el crecimiento de su fe. Debe vivir y realizarla en su vida de cada día. Debe probarla con hechos y actos de fe concretos. La semilla que no es cuidada y alimentada, no puede madurar; se seca y muere. Y pienso que esa es la razón de la debilidad y hasta desaparición de la fe en muchos de nuestros contemporáneos.

Un sabio de la India dijo, después de un viaje por Europa: “Encontré en Europa un cristianismo de domingo y un paganismo cotidiano”. Una fe que no inspira el trabajo diario, el contacto con los demás, la alegría y el sufrimiento de cada día, no puede crecer, sino disminuye y muere, tarde o temprano.

3. La comunidad de los creyentes. La tercera condición fundamental, además de la gracia de Dios y de la cooperación del hombre, es la Comunidad de los creyentes. La fe sólo puede arraigar en un hombre, cuando forma parte de una comunidad cristiana porque la fe no es asunto privado de uno.

En la comunidad recibe la revelación de Dios y le da su respuesta de fe. Por eso dice San Pablo: “¿Cómo creerán si nada oyeron de Él? ¿Y cómo oirán si nadie les predica?” (Rom 10,14):

Pero no es suficiente predicar solamente con palabras. Más importante y fecundo es predicar con una vida de fe. Porque la vida sólo nace de la vida; y una fe vital nace sólo de una fe vital.

Y me parece que esta es otra de las causas, por la que tantos hombres de hoy no pueden creer: Muchos educadores y predicadores de la fe – papás, sacerdotes, maestros, etc. – no encarnan la fe en su persona ni en su vida. Hablan sólo de ella, pero no viven de ella. Por eso, su mensaje no convence ni vivifica.

Aquí entra entonces, con mucha fuerza, la importancia de nuestras comunidades cristianas y de nuestros grupos cristianos.

Pero lo más fundamental y decisivo para el nacer y crecer sano de la fe son nuestras familias cristianas, las primeras comunidades de fe. Los papás son no sólo los grandes educadores de la fe de sus hijos, sino también reflejos de Dios mismo para ellos. Mediante la relación con los padres, el niño experimenta la relación con Dios Padre y con su Madre celestial, la Sma. Virgen. Y así, va surgiendo, de un modo natural y espontáneo, una vinculación personal con Dios.

Y la esencia de la fe no es creer en ciertas verdades o artículos de fe, sino es creer en una persona, es creer en un Dios personal. Y madurar en la fe significa profundizar mi vinculación íntima con Cristo y con el Dios Trino.

Por eso, pidamos que el Señor nos regale la gracia de crecer permanentemente en la fe y en la vinculación personal con Él, y que nuestras crisis de fe sean sólo crisis de crecimiento. Pidámosle también a la Sma. Virgen, Madre y modelo de la fe, que nos fortalezca y acompañe en nuestro caminar hacia la Casa del Padre.

Preguntas para la reflexión

  • 1. ¿Me considero un cristiano de domingo?
  • 2. ¿Me considero una persona de fe?
  • 3. Como persona o como grupo, ¿en qué nos distinguimos de los demás?