1943 “Espejo del pastor” (estrofas escogidas)

Padre J. Kentenich

Padre J. Kentenich

L

as estrofas escogidas    que publicamos a continuación fueron escritas por el Padre José Kentenich durante su estadía  en el campo de concentración de Dachau.  Estas  pertenecen a la obra “Espejo del pastor”,  de la cual  sólo hay publicadas algunas partes.

E

sta dirigida a las Superioras de las Hermanas de María.  Es un tratado sobre la libertad del cristiano y sobre la vivencia mariana y crística  del misterio de la Santísima Trinidad.

L

a comienza a escribir el 9 de octubre de 1943 y la concluye  en enero del año siguiente. Consta de 5870 estrofas.  En ellas quiere recoger la experiencia de  treinta años de la Familia de Schoenstatt y, a la  luz de los acontecimientos del día 20 de enero de 1942 (ver fechas importantes en la vida del P. K y su Familia), proyectarla en una sabiduría  de conducción.

2618. La vigilancia llena de amor ayuda a purificarnos

trasmite luz y enseña al alma a unirse.

Quien desprecia la vigilancia, por sí mismo es culpable

de que Dios no le manifieste un favor más grande.

 

2619. Caminos iluminados pueden transitar almas,

que ven detrás de todo la voluntad de Dios,

en los cuales frecuentemente rompe la oscuridad

la luz clara de la vida del Espíritu de Dios.

 

2620. La luz deja encontrar también los caminos correctos,

para unir el alma interiormente a Dios,

hasta que esté en unión de amor con él

y transite heroicamente los senderos de amor más elevados.

 

2621. Esta es la luz, que resplandece al meditar

a la cual frecuentemente no atendemos en la vida cotidiana;

quien no medita, vive en la oscuridad

es y permanece constantemente consagrado a la mediocridad.

 

2622. Quienes, sin embargo, se aseguran permanentemente la meditación,

aprehenden a distinguir el actuar de Dios

de los impulsos de la propia naturaleza enferma

y de la huella finamente oculta del demonio…

 

2651. A través de los superiores Dios quiere decirnos en cada caso,

lo que según su deseo debemos arriesgarnos;

el espíritu, que nos debe inspirar,

que cada obra hace grande y llena de gracia

 

2652. No puede ser dado mediante el superior:

El mismo quiere ya en la tierra reinar en nosotros.

La gracia, que sostiene el quehacer externo

sólo quiere reposar permanentemente en el Espíritu Santo.

 

2653. Dios quiere constantemente guiar todo nuestro actuar:

mediante, la obediencia regula el hacer y el sufrir;

Él moviliza directamente nuestro interior

Él habla en nosotros y nos conduce hacia el cielo.

 

2654. De esa manera me dice a través de una campanilla,

que debo encaminarme ahora hacia la capilla,

a través del texto coloca palabras en mi boca,

que necesitaré en la oración al atardecer.

 

2655. Con esto todavía no se da por satisfecho completamente:

Él quiere también proteger nuestro interior

quiere conducir en nosotros cada fuerza del alma

Él es, quien en nosotros crea luz y calidez.

 

2656. Aquel quiere avivar cada movimiento del alma

y  bendecir las decisiones santas.

Sin el espíritu del Padre la obediencia exterior sola

no  puede alegrar el corazón.

 

2657. Esto vale para todo nuestro día de trabajo.

Recién a través del “espíritu” se le infunde la auténtica solidez,

Él es, quien hace todo lo bueno en nosotros,

Mientras  tengamos la valentía de escucharlo.

 

2568. Solamente puede distinguir la voz de Dios,

De  los ruidos que hacen al mismo tiempo

el  mundo, el demonio y el yo enfermo

quien  se recoge frecuentemente en la meditación,

 

2569. para escuchar con finura el suave hablar de Dios

y  dejarse cautivar por su Espíritu,

y  abrirse ampliamente a la luz de Dios

y  contemplar hondamente su rostro.

 

2660. Como a su tiempo los judíos en su éxodo por el desierto

rodeados   de peligros crecientes,

fueron   guiados por Dios día y noche a través de una columna

que   continuamente los iluminaba con claridad.

 

2661.  A través de ella El se mostró fiel en el camino del desierto

y  a pesar de ciertas quejas no abandonaron;

de  esa manera quiere ser el Espíritu Santo el conductor,

que  conduce nuestra alma a través del reflejo de la gracia.

 

2662. Solamente debemos seguir ciegamente y sin resistencia

las  suaves inflexiones de la gracia

y  los movimientos resplandecientes de su luz.

Él nos conduce seguro hacia la tierra prometida.

 

2663. Para entender correctamente su voz,

con  frecuencia debemos recogernos en nuestro interior

y,  en el silencio, afinar el corazón y el oído

cuando  Dios se manifiesta con sus deseos.

 

2664. Al comienzo nos dirá poco.

Si ponemos seriedad y perseverancia en escuchar

e  intentamos llevar a cabo con fidelidad lo que nos pide

entonces  apartará más fuertemente el velo que lo oculta.

Agradecemos  al Padre Juan José Riba este hermoso regalo 

 

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