Reflexiones

septiembre 23, 2008

 

Padre rezando el rosario

Padre rezando el rosario

                                     

Arraigo en el Padre Fundador

 

               Escribe Padre Nicolás Schwizer, Instituto Padres de Schoenstatt

La  vivencia, la  relación  personal  con  el  Fundador  es  un  don.  Es  una gracia que  encierra  una  experiencia que  nadie  nos  puede dar  desde  afuera. Ha  de  hacerla cada  uno: encontrarse, vivir su  historia con  Él y  quererlo personalmente  en  la medida  que  experimente su cariño. Tarde o temprano, a cada schoenstattiano le llegará ese momento de gracia.¿Qué podemos hacer en concreto para que se nos dé esa gracia?   

¿Cómo  podemos abrirnos a  la gracia de un  profundo  arraigo en  el Padre Fundador?


1. Conocerlo. Es difícil, querer a  alguien a quien no conocemos bien.  El  primer paso es conocer al  Padre, interesarnos por  Él, abrirnos a su persona. A  muchos les  cuesta  leer y estudiar,  pero  es la  mejor forma para  conocerlo a  fondo, su persona, su  vida y  su obra. Si  queremos  acercarnos a Padre Fundador, hemos de hacer ese esfuerzo.
Así descubriremos que el sentido más  hondo de su vida era ser Padre. A lo largo de los  años podemos ver como creció y se desarrolló esa gracia de la paternidad que Dios le concedió.
Él sentía y decía que su ser padre fue el núcleo de su personalidad y misión. Dios nos dio  así un  Fundador cuyo  carisma  personal  fue el de irradiar ese rostro de padre. Dios Padre nos regaló un reflejo vivo de su propia paternidad.

Estudiando  la vida del Padre Kentenich, podremos  descubrir otro  rasgo esencial de su personalidad: frente a los hombres, Él era y quería ser siempre padre, pero frente  a Dios  se sentía siempre como  niño, como el niño más pequeño.
El  hombre maduro es  hijo y padre, es  como  un  puente  a través  del cual Dios quiere darse a nosotros. Ese  es el ideal que el  Padre  predicó y encarnó durante toda su larga vida.
2. Reconocerlo. Conocer y reconocer no es lo mismo: por ejemplo el diablo conoce a Dios, pero no la reconoce. ¿En qué sentido hemos de reconocerlo?

Como  Cabeza de la  Familia de  Schoenstatt.  Como tal  tiene  una  posición  de primacía dentro de la Familia.  Personalmente es el portador de una gran misión, misión que ha entregado a toda la Familia.  Pero  es  Él quien la recibió.  Por eso, tenemos que reconocerlo y aceptarlo como Cabeza, si queremos pertenecer a su Familia.

3. Seguirle. No  es suficiente sólo reconocerlo. Debemos identificarnos con  Él y con su obra. Su vida ejemplar lo autoriza para ser nuestro modelo. Porque  Él es la mejor encarnación  de lo que Schoenstatt  pretende: crear un  hombre nuevo, en una nueva comunidad. Hemos  de ser fieles a  su  espíritu, sus  principios, su misión. Sólo  así seremos  auténticos hijos  suyos que  puedan llevar adelante su obra.

4. Vincularnos.  El Padre, de su parte, quiere tomar contacto  con cada uno de nosotros, nos busca, nos invita a  acercarnos a  Él.  Debemos  recibirlo, darle  un lugar en  nuestra  vida, acogerlo en  nuestro  corazón.  Aceptarlo  como  nuestro padre, sentirnos hijos suyos. Así empezaremos  a compartir nuestra vida con  Él, así como la compartimos con María.
Entonces  vamos a empezar a dialogar con Él, contarle nuestras alegrías y penas,  luchas,  éxitos  y  fracasos.  Le  pediremos  consejo, ayuda. Vamos a  confiarle  y  rezarle,  por  ejemplo  la  novena… Y  entonces  vamos  a entregarnos también a Él, a su cuidado y protección paternal, a su mano conductora y educadora.

Y el fruto de toda esa vinculación creciente al  Padre, es  un  arraigo hondo en su corazón. Allí nos recibe a todos nosotros, nos hace sabernos y sentirnos sus hijos queridos, nos cobija en su amor paternal.  Y, por sobre todo, nos lleva al corazón de Dios, donde nos sentiremos acogidos y arraigados eternamente.
Preguntas para la reflexión

1. ¿Rezo la novena del Padre?
2. ¿Cuánto conozco de la vida del Padre Fundador?
3. ¿Es un modelo para mí

 

 

 


Carta de Alianza septiembre

septiembre 18, 2008

El 15 de septiembre recordamos el 40º aniversario del fallecimiento del P. José Kentenich, nuestro Padre Fundador. En muchas catedrales y parroquias de Argentina y del mundo se celebraron Misas en su memoria. Una memoria viva que para nosotros es misión y constante desafío.

 El Papa Juan Pablo II nos decía en el Encuentro con el Movimiento el 20 de septiembre de 1985 en Vaticano, con motivo del centenario del nacimiento del Padre Fundador. “Desde muchas naciones os habéis reunido para agradecer por el don que Dios os hizo en la persona del P. Kentenich.”  Ese don de Dios se manifestó en la vida del P. Kentenich con rasgos muy concretos.

 1. Padre – P. Kentenich fue un claro reflejo de la paternidad de Dios para muchos hombres y mujeres de todo el mundo. Un sacerdote, luego de una larga charla con el P. Fundador, le preguntó: “¿Padre, tiene Ud. aluna intención por la que quiere que yo rece?” y el Padre le contestó: “Sí, rece para que pueda cobijar en mi corazón a millones de personas”.

Vivimos en un tiempo carente de personalidades paternales (no confundir con paternalismo), un tiempo de enorme orfandad y abandono. Esos fueron los mismos dolores que padeció el niño y el hombre Kentenich por la ausencia de su propio padre.  Justamente en aquello que Dios lo iba a distinguir como Su instrumento, en ello mismo el Señor debía formarlo, probarlo y educarlo. Es la misteriosa pedagogía divina que aprovecha lo pequeño, lo débil o torcido para sus santos planes de redención. El P. Kentenich anunció con su vida que Dios no es una idea metafísica, un concepto filosófico ni un personaje de la historia, sino un verdadero Padre que ama incondicionalmente. Al respecto decía: “La razón última de la “ausencia” de Dios en tantas almas debemos buscarla  en la carencia de personas que lo reflejen. Por lo tanto si nosotros no somos reflejos de Dios misericordioso le quitamos a los hombres de hoy la posibilidad de creer en Él.”

 2. Profeta del Dios de la Vida – Desde el más profundo espíritu evangélico, el P. Kentenich, nos enseña que Dios es un Dios vivo y para la vida: “Si queremos vivir en compañía de Dios, si queremos vivir en la presencia de Dios, como se decía antiguamente, si queremos tener un trato de amistad con el Dios vivo, entonces hay que contemplar a Dios en todas partes; hablar con Dios en todas partes, fundados en la fe y el amor…”

Mons. Zollitsch, presidente de la conferencia episcopal alemana, decía al respecto: “Muchos de nuestros contemporáneos –incluso muchos bautizados que se consideran cristianos –viven hoy como si Dios no existiera. No cuentan más con la acción de Dios en este mundo, en sus vidas, en su vida cotidiana. En Schoenstatt buscamos al Dios de la vida, contamos con Él y su acción, día tras día. Hemos aprendido y practicado, día a día, en la búsqueda de las huellas de Dios, la fe practica en la Providencia Divina.”

 3. Aliado y misionero de María – Desde que su mamá lo consagró a la Sma. Virgen a los 9 años, en momentos muy difíciles para ella, María fue su madre, su guía y consuelo, su educadora.  En ese acto ya está el germen de la Alianza de Amor que más tarde dará origen a Schoenstatt.  Él fue el primer aliado de María en Schoesntatt y su gran misionero. Él mismo revela la misión que le confió Dios al respecto; “…mi misión fue y es anunciar al mundo el misterio de María. Mi tarea es proclamar a la Sma. Virgen, revelarla a nuestro tiempo como la Colaboradora permanente de Cristo en toda su obra de Redención, como la Corredentora y la Medianera de las Gracias. Revelar a la Sma. Virgen en su profunda unión a Cristo y con la misión específica que Ella tiene desde el Santuario de Schoenstatt para el tiempo actual.” (16 de noviembre de 1958) Proclamar el misterio de María significó para el P. Kentenich mostrarle a los hombres la Madre fiel, el “libro de oro” del cristiano, la imagen, modelo y modeladora del hombre nuevo en Cristo. Pero Kentenich no se queda con María como Madre a amar e imagen a imitar, sino que busca movilizar lo mariano en el seno de la Iglesia para gestar una nueva cultura, que a instancias de María, sea más cristiana, más solidaria, justa y fraterna, y por  ello más humana.

 4. Comprometido con el hombre y su tiempo – El P. Fundador supo acuñar esa genial frase que define todo su ser y su actuar: “Con la mano en el curso del tiempo y el oído en el corazón de Dios”. Él no predicó una religiosidad espiritualista, desentendida del hombre y su tiempo sino bien anclada en el corazón de Dios y encarnada en el mundo. Pasó dos guerras mundiales, experimentó la degradación humana en un campo de concentración, pasó hambre, crisis económicas y pobreza; vivió con y como su pueblo. En cada tiempo supo buscar las respuestas para las problemáticas del hombre y la sociedad en el corazón mismo de Dios; asimismo buscó caminos de aplicación sencillos y profundos para que llegaran al corazón del hombre. Fue valiente para denunciar todo lo que atentara contra la dignidad y la integridad del hombre como hijo de Dios. Fue fiel y franco con su Iglesia, asumiendo que tiempos de grandes cambios requieren renovación, creatividad, valentía y un nuevo ardor  en el modo de vivir y transmitir la fe.

 Querida Familia de Schoenstatt, al comenzar estas líneas les decía que la memoria del P. Fundador es memoria viva, que nos motiva y desafía a la misión.  Mons. Tenhumber, obispo de Münster, Alemania, dijo una vez a la Familia de Schoesntatt que éramos “la carta de presentación de la santidad del Padre”. Una carta de presentación que de nosotros depende que sea “legible, motivadora y atractiva”. Por nuestra intensidad y calidad de vida en la Alianza, por nuestra valentía para vivir auténtica y creativamente nuestra misión, la Iglesia y la sociedad recibirán lo que nosotros mismos hemos recibido en la persona del Padre Fundador. O no.  En este nuevo 18 podemos estar infinitamente agradecidos por el Don recibido pero también recordemos que somos deudores del Padre y de su fundación.

 “Ustedes, a su manera pueden ayudarme a llevar la responsabilidad

 y compartir la misión de la Familia…

Quien tiene una misión debe cumplirla, aunque una salto mortal siga al otro.”

(P. J. K., 31 de mayo de 1949)

 Sí, Padre; ¡tu herencia nuestra misión! Aquí estamos, vamos contigo, nuestra mano en tu mano, nuestro corazón en tu corazón.

                                        P. José Javier Arteaga


Un regalo para el Padre

septiembre 16, 2008
Vitro del Padre en el Santuario
Oración ofrecida por una hija fiel de Villa Ballester  para

la pronta beatificación  y canonización del Padre José.

Padre:

Te rogamos por la poderosa intercesión de nuestra

Madre y Reina Victoriosa, tres veces 
Admirable de Schoenstatt

y  la Alianza de Amor que sellamos con Ella,

por la beatificación y pronta santificación

de nuestro Padre y Fundador José Pedro Kentenich.

Tú dices: “Por los frutos  te reconocerán”.

El Padre a través de su entrega de amor,

dejo  frutos en la Familia, de vocación y santidad.

Ya hay muchos hijos espirituales esperando

los méritos  de la beatificación;

estos que ya Tú  bien conoces,

son los frutos de la Santidad de nuestro Padre,

que ha hecho todo lo que le has pedido con fidelidad

como  Fundador de esta obra tuya.

Hoy deseamos mostrarle al mundo que

también  hay sacerdotes santos, que han entregado

su vida con  amor, austeridad y castidad,

por eso te pedimos como Familia

en una oración hecha clamor

le regales el honor de los altares.  Amén

¡CANONÍCENLO USTEDES!

septiembre 15, 2008
Retrato

Retrato

El Padre  José Kentenich  siempre decía:

 SI PIENSO EN EL 20 DE ENERO ME CRECEN ALAS…,

LAS ALAS DE LA FE EN LA VICTORIA.”

 

Así con este mismo anhelo subiéndonos a las alas de la victoria invitamos  a toda la familia de Schoenstatt, desde  esta página,  a crecer en Alianza Filial con un gesto heroico hacia nuestro  Padre Fundador; como en aquel  lejano  y doloroso 20 de  enero.

Decidámonos nuevamente  por el Padre, así como él sé decidió  por  nosotros  para que pronto llegue el  reconocimiento de parte de la Iglesia a su misión mariana para el mundo de hoy. Su Santidad el Papa Juan Pablo II le dijo a la Familia de Schoenstatt:

¡CANONÍCENLO USTEDES!

Nosotros sus hijos, debemos hacer realidad esta frase. Recordemos las palabras que el Padre escribiera  desde la prisión  en diciembre de 1941:

“YO ME ESFUERZO PARA QUE USTEDES PUEDAN ESTAR ORGULLOSOS DE MÍ. CUIDEN DE QUE YO TAMBIÉN PUEDA ESTARLO DE USTEDES.”

Queremos decirte Buen Dios:

 

Aquí estamos!    ¡Somos sus hijos!    ¡La familia del Padre!

 

que,  por la Alianza de Amor, en el espíritu del 20 de enero te imploramos   por la poderosa intersección de nuestra Madre, Reina y Victoriosa  Tres veces Admirable de Schoenstatt  le  regales al Padre Kentenich  el honor de los altares.

 

Te ofrecemos   para su pronta   beatificación y canonización  nuestro esfuerzo por la más alta santidad en la vida diaria, con vigoroso espíritu de sacrificio y sencilla alegría para que el mundo lo descubra  como: Profeta del Dios vivo, portador de  Cristo a  nuestro tiempo y resplandor  luminoso del rostro de María hoy, que ha entregado la misión de su vida a la Santa Madre Iglesia.

 

“¡Ayúdanos, María, es tiempo ya! “.

“¡Hilf, María, es ist Zeit…!”

 

Esta oración  a María,  era rezada por el Padre Kentenich con fuerza  y entusisasmo  cuando tenía  entre 7 u 8 años. Esta especie de jaculatoria, se rezaba mucho en Alemania como un resumen del Salve.

La misma también fue rezada por las Hermanas de María cuando el Padre Kentenich estaba agonizando.


MÁS CERCANO QUE NUNCA

septiembre 15, 2008
Tumba del Padre en su 40° aniversario

Tumba del Padre en su 40° aniversario

La historia del Padre Kentenich es apasionante. Un hombre que, como pocos, vivió los desafíos y problemas más hondos del cambió de época. También, como pocos, se hizo  portador de los anhelos más profundos  del hombre actual. Con lucidez profética señaló derroteros que tendrán vigencia por siglos.

Su historia de vida muestra, una vez más, que Dios elige a los suyos de la nada y se glorifica  a partir de la pequeñez  humana. Una vida que recuerda  que es Dios quien conduce la historia y regala a sus instrumentos una fecundidad admirable y desbordante. Fue un hijo de María, de corazón encendido por amor a Ella y apasionado por la trascendencia de su misión de renovar la Iglesia y forjar una nueva cultura en Cristo Jesús. Nos encontramos ante la figura señera de un eximio  educador y formador de hombres; sabia nueva  para la Iglesia del tercer milenio.

 

La Virgen se lo llevó después  de haber celebrado Misa, por primera vez en la Iglesia de la Adoración, consagrada  a  la Santísima Trinidad, que se levanta sobre el monte de Schoenstatt  y cuya  construcción había sido prometida a la Virgen en 1946, como ofrenda por la protección de Schoenstatt durante la guerra.

El Padre fundador celebró  su primera  y última  Misa allí, el 15 de septiembre de 1968, en la fiesta de Nuestra Señora de los siete dolores, dolores que él había compartido muy íntimamente a lo largo de su vida ya que todos sus sufrimientos habían sido únicamente  por Ella, por la misión de María  frente a la Iglesia y al mundo del futuro.  Por la Santísima Virgen, el Padre fundador  había sufrido calumnias del mismo tipo  que sufrió Ella.  Como Ella, gustó también las amarguras del destierro. La Santísima Virgen se lo llevo al terminar la Misa,  en la sacristía. Falleció a causa de un ataque   al corazón, en forma instantánea y en medio de una paz extraordinaria.

 

La Familia de Schoenstatt siente, que desde que el Padre fundador murió, lejos de haberse  hecho  más distante, su persona se ha vuelto  mucho  más cercana. La intimidad con el Padre Kentenich ha crecido, en la medida que  los suyos se unen a él.

Él bendice  al que se le entrega, al que le da su cariño de hijo. Él bendice en forma extraordinaria, porque está más cerca de la Santísima Virgen que nunca y le puede “tironear del manto” con mucha más fuerza  y rapidez que lo hacía cuando estaba aquí en la tierra.

 

Texto extraído del libro: “La historia del Padre Kentenich” del P. Juan Pablo  Catoggio


40° Aniversario fallecimiento Padre José Kentenich

septiembre 14, 2008

Invitación Familia Argentina

 


40° Aniversario del fallecimiento del Padre José Kentenich

septiembre 14, 2008

El Movimiento de Schoenstatt recuerda en todo el mundo

 los 40 años del fallecimiento de su fundador

 El lunes 15 de septiembre, el Movimiento de Schoenstatt en todo el mundo recuerda el cuadragésimo aniversario del fallecimiento del Padre Kentenich. En Chile se celebra una Santa Misa en conmemoración de este acontecimiento en todas las catedrales del país; en Schoenstatt, como cada año, se celebra una Santa Misa para toda la Familia de Schoenstatt en la hora del fallecimiento del Padre, presidida por el P. Heinrich Walter, Presidente de la Presidencia General de la Obra de Schoenstatt. El 14, Mons. Robert Zollitsch, arzobispo de Friburgo y presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, presidirá una Santa Misa en conmemoración del Padre Kentenich en la Iglesia de Peregrinos en Schoenstatt.

El mismo día están en Schoenstatt unos 300 peregrinos de la diócesis de Osnabrück, Alemania, al menos otros 300 peregrinos más que vienen para la celebración del “Día del Padre”, y dos peregrinaciones grandes de Latinoamérica, una de Chile, y otra de la Argentina. Mons. Zollitsch ya envió el texto de su prédica para que se pueda ofrecer la traducción a los peregrinos internacionales. La cadena más grande de TV de Alemania anunció el envío de un equipo de filmación pues preparan un programa sobre Mons. Zollitsch, con una parte especial sobre Schoenstatt y el Padre Kentenich. Mientras a los peregrinos se les ofrece un programa variado con oraciones en la tumba del Padre y en el Santuario Original, presentaciones y talleres.

En muchas catedrales y Santuarios de varios países, se celebran Santas. Misas el 15 de septiembre en conmemoración del Padre Kentenich. En la Republica Argentina se celebrará a las  18 hs.  una Santa Misa en la Catedral  de Buenos Aires.