Mes de María

 

Mes de Maria

11 de noviembre

¡Mi querida Familia de Schoenstatt! Puedo decir, ciertamente, que todos ustedes están incluidos en ésa, mi misión. Tal misión no ha sido depositada solamente sobre mis hombros, sino también sobre los hombros de todos los hijos de Schoenstatt. Reflexionemos un momento cómo le fue entregada en sueños la misión a san José. ¿Qué le dice el ángel en el sueño? “Levántate, toma contigo al Niño y a su madre”. No le dijo solamente “toma al Niño”, sino “toma al Niño y a su madre” (Mt 2, 13.20).

Es mi convicción de fe que esa misma misión me fue confiada hace 73 años. Quien recibió, pues, el llamado aún antes de haber sido concebido en el seno materno, recibió una misión específica: ser el heraldo de la Santísima Virgen, el mensajero que debía anunciar sus glorias a nuestro tiempo. Dios las ha llamado también a ustedes para ayudarme en esa gran misión. Cada familia recibe hoy, de parte del que celebra el cumpleaños, esa misión, la misión de nuestra Madre y Reina de Schoenstatt. ¡Es tan consolador el que esa misión no descanse solamente sobre mis hombros, sino que todos ustedes quieran ayudarme a realizar esa gigantesca tarea! Como san José, también nosotros escuchamos hoy las palabras: ¡Levántate! No te pongas a descansar ni desees para ti una vida de confort y bienestar, o pasarlo bien en este mundo … No: el ángel dijo: Levántate, toma contigo al Niño y a su madre. Tómalos primeramente tú mismo contigo, tómalos en tu propio corazón. Después, prepárales un lugar cálido en tu propia familia, y luego en los corazones de los demás. (Milwaukee, noviembre 1958)

 10 de noviembre

María no ocupa este lugar en mi vida desde ayer o antes de ayer. ¡Desde tiempos inimaginables, ella está presente en mi vida consciente bajo esta perspectiva! Es difícil comprobar a partir de qué instante comencé a considerarme y a valorarme totalmente como su obra y su instrumento. Este proceso puede rastrearse hasta los más tempranos días de la infancia. A partir de lo dicho debería comprenderse también por qué razón me bloqueé más adelante ante influencias de parte de Pallotti. En cuanto fuese posible, quería depender sólo y en todo de la Santísima Virgen. Aquí, naturalmente, me refiero a la Santísima Virgen siempre como símbolo y en relación con Cristo y el Dios Trino. Muchas veces, en los años pasados, me vi como un ermitaño en un gran desierto, pero en todo momento unido a la Santísima Virgen como la gran maestra de mi vida interior y exterior.

Desde que la Familia nació, mi más importante propósito fue conservarla en íntima vinculación con la Santísima Virgen. De ahí que años más tarde, con frecuencia anunciaba cursos sobre distintos tema, pero al final no me decidía a dictarlos, porque desde lejos creía descubrir pequeñas nubes que indicaban que la Familia podría estar en peligro, si no de perder, al menos de aflojar su tierra madre: el amor a María. Así ha de entenderse la expresión: Servus Mariae numquam peribit (un siervo de María nunca perecerá). (Milwaukee, 1955)

 “Con Maria Madre y Reina, construyamos una Patria para todos”

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