Mes de María

19 de noviembre

No quisiera demostrarles ahora cómo María fue, sin más, la niña de Dios Padre. Habrá otros que podrán decirlo de sí mismos. A mí me importa grabarles lo siguiente: si el Señor establece la exigencia de que lleguemos a ser niños hasta la plenitud, nunca podremos realizar solos ese mandato, menos aún en el tiempo actual. Por esa razón: ¡intercambio de su persona y la nuestra! La Santísima Virgen es ambas cosas al mismo tiempo: la niña singular e insuperable, la extraordinaria hija de Dios, pero también la figura femenina más vigorosa, que no tiene parangón a la hora de dominar las situaciones más difíciles. Por eso nos alegramos de saber ahora un camino seguro y fácil para que se manifieste en nosotros la imagen de María. (Schoenstatt, Agosto 1966).

La imagen de María es precisamente la imagen ideal de mujer. ¿Cómo la hemos presentado? Como el fulgor admirable de la dignidad, grandeza y nobleza femeninas. Ciertamente, podemos imaginarnos a la Santísima Virgen de tal modo que ella se yergue ante nosotros como la encarnación femenina de la imagen de Cristo, en la medida en que esto es posible. Por tanto, si una mujer quiere imitar, a su modo, la vida de Cristo, no necesita realizar largas reflexiones. Sólo necesita detenerse a contemplar la imagen de María. Ella es la forma femenina de la figura de Cristo en su máxima posibilidad de realización. (EEUU marzo 1966)

18 de noviembre

Valdrá la pena, entonces, sellar nuestra alianza de amor e invocarla a partir de ahí en el futuro, una y otra vez, diciéndole: Tua res agitur! (¡Se trata de tu causa!). Por tanto, si percibo que a mi manera de ser le falta el equilibrio, que me falta carácter interior, le diré, entonces, una y otra vez: Tua res agitur; se trata de tu causa, tú tienes que educarme, yo aportaré, por cierto, la parte que me toca, pero tú debes hacer lo principal.

¿Y qué sucede con los mayores de entre nosotros? Aun cuando seamos tan viejos como yo lo soy actualmente, nunca se termina la tarea de autoeducarse. A través de circunstancias positivas y negativas, Dios y la Santísima Virgen habrán de seguir purificando nuestro modo de ser, nuestra inteligencia, nuestro corazón, nuestros sentimientos, nuestra voluntad, toda nuestra personalidad. Me parece que ya sólo por esta razón valdría la pena sellar la alianza de amor con María, más aún bajo la advocación de Madre y Reina tres veces admirable de Schoenstatt. Pues lo característico de la Madre y Reina tres veces admirable de Schoenstatt es actuar de manera singular en sus lugares de gracia como la gran educadora de la elite y la masa. Hemos hecho, por tanto, una buena elección al decidirnos por la alianza de amor con ella.

Quiero detenerme una vez más en la idea del intercambio personal, pero lo oriento en otra dirección. Varias veces hemos escuchado ya en la Sagrada Escritura la frase: “Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt 18, 3). (Schoenstatt, Agosto 1966). 

 17 de noviembre

¿Cuál es el sentido de nuestra alianza de amor con la MTA de Schoenstatt? ¡Un intercambio personal recíproco! Nosotros regalamos a la Santísima Virgen nuestra sensibilidad inmadura y superficial, nuestro egoísmo. Nos regalamos del modo como nos experimentamos reiteradas veces en las horas silenciosas, no como nos damos hacia afuera para engañar a los que nos rodean. Y a cambio de ello, María nos regala su persona. Si miran el contenido de Hacia el Padre, tal vez les llame la atención la siguiente estrofa de una de sus oraciones:

“Aseméjanos a ti y enséñanos a caminar por la vida tal como tú lo hiciste:

fuerte y digna, sencilla y bondadosa, repartiendo amor, paz y alegría.

En nosotros recorre nuestro tiempo preparándolo para Cristo Jesús”.

Esto sería materia para toda una serie de charlas, a fin de señalar todos los momentos que forman parte del carácter de María y de aplicarlos a nuestro propio ser. Lo principal, sin embargo, reside en que María asume la responsabilidad de transformarnos a semejanza suya: en imágenes suyas en cuanto a la inteligencia, al corazón, a los sentimientos y a la voluntad.

En virtud de la alianza de amor, que es recíproca, María asume la plena responsabilidad de que podamos reordenar cada vez más nuestras capacidades interiores. Mejor dicho: es ella la que reordena todo, de tal manera que podamos decir, cada vez con mayor razón: estamos en camino para transformarnos en “otra María”, pero en otra María que se manifieste con atrayente encanto, en medio de las transformaciones del tiempo actual, tanto con la Iglesia como en el mundo.

Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

“Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”

 

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