Mes de María

21 de noviembre

Por esa razón, muchas veces, tanto en teólogos cuanto en laicos comprometidos en su vida cristiana, se ha hecho costumbre en la Iglesia ver a María como el símbolo del Espíritu Santo. Para el Padre tenemos suficientes símbolos, al igual que para Cristo. Para el Espíritu Santo, en cambio, se está comúnmente en apuros. El símbolo es la paloma. Pero ¿dónde están aquí los puntos de comparación? En última instancia, es más profundo considerar a María como el símbolo del Espíritu Santo. Porque el Espíritu Santo es la entrega, el amor en persona, y la Santísima Virgen, por su parte, es el amor personificado. (EEUU marzo de 1963)

A menudo cantamos: “La mirada eterna de Dios Padre reposa sobre ti en silenciosa complacencia”. ¿En compañía de quién nos encontramos, entonces? En compañía de la Trinidad. “La mirada eterna de Dios Padre reposa sobre ti en silenciosa complacencia.” Por tanto, no solamente nuestra mirada reposa sobre la imagen de la Virgen Santísima, sino también la mirada de Dios, del Padre, del Uno y Trino reposa sobre ti en silenciosa complacencia. Pienso que debería ascender aún más: no sólo hoy, no sólo en este mes, no sólo en la era cristiana, la mirada de Dios –por expresarnos con imágenes– rodeó con amor la imagen de María. (Schoenstatt, Mayo 1931).

 Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 “Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”

20 de noviembre

Es un gran honor para la mujer que Dios, el Padre eterno, haya dado atributos tan excepcionales a una mujer, por encima de todos los coros de los ángeles, por encima de todos los coros de la creación, excepción hecha, por supuesto, de la naturaleza humana del Dios hecho hombre. Dios aprecia y protege visiblemente, de manera singular, el valor, la dignidad y el fulgor de la mujer. Imagen solar de la dignidad femenina, imagen resplandeciente de la belleza femenina, del valor de la mujer.

En ningún otro lugar se presenta y cincela de manera tan clásica la metafísica de la mujer como en la mariología católica. Si procuramos reducir a principios últimos todos aquellos rasgos particulares que pueden afirmarse de la figura de María, ella se yergue ante nosotros en el resplandor de la Virgen, Esposa, Madre. Ésta es la esencia de la mujer: virgo, sponsa, mater. Toda entrega: en efecto, todo lo que pueda imaginarse en cuanto a formas de entrega resuena en estas tres formulaciones.

Toda pureza: Virgo. Sponsa: ¿qué significa Sponsa? Una vez más, entrega. Aquí tenemos, pues, todas las formas de amor del que es capaz una mujer. Éste se encuentra encarnado aquí en forma clásica. La esencia de la mujer es, por consiguiente, entrega personificada, amor personificado. (EEUU, marzo de 1963)

 Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

  “Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”

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