Mes de María

27 de noviembre

María está ante nosotros con el Ave en el oído, el Magnificat en los labios, el Niño en los brazos, las lenguas de fuego sobre la cabeza, la espada en el corazón. ¿Percibimos cuán maravillosamente bella es la presentación de esa figura? Lenguas de fuego sobre la cabeza. Pero más aún: el dragón bajo los pies y envuelta en luz. ¿No es acaso una figura de maravillosa belleza? En su tiempo, Salomón, rey de los judíos, vio en sueños una imagen, una figura. Esta es la figura que más tarde pinta la Sagrada Escritura: “¿Quién es ésta que surge?” (Ct 6, 10) ¿Quién es? Es ella, tal como el Espíritu Santo la ha dibujado y caracterizado. El Ave en el oído (Lc 1, 26-38). ¿Quién es el que envía el saludo a María? El Dios eterno. Los teólogos han subrayado el hecho de que el ángel no llega con un mandamiento, sino con un pedido: “¿Quieres? ¿Estás dispuesta?”. La Virgen aparece aquí como representante del género humano. En ella es la humanidad quien ha de pronunciar un sí libre a la encarnación de la Palabra eterna. No asiente de inmediato, sino que primero, reflexiona. ¿Qué hizo, entonces? Lo mismo que debemos hacer siempre nosotros cuando preguntamos, de algún modo, si Dios manifiesta un deseo, y cómo, cuándo y dónde lo hace. En primer lugar, reflexionó sobre todo lo que le decía el ángel. Pero al no comprenderlo por sí misma, pregunta al ángel: ¿Cómo ha de suceder esto? Y recibe una respuesta a la pregunta del cómo, si bien una respuesta peculiar: “Para Dios nada es imposible”. Entonces, a la mención de la omnipotencia de Dios, su espíritu queda contento y pronuncia su sí sincero, de corazón. (Milwaukee, enero 65)

Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 “Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”

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