Mes de María

 

28 de noviembre

El Magnificat en los labios (Lc 1, 39-56). Es una confesión, una confesión jubilosa de los caminos por los cuales conduce la eterna sabiduría de Dios: tiene en sus manos las riendas del acontecer universal y está siempre detrás de todo lo que sucede. El espíritu de la fe mira más profundamente; detrás de todo ve el poder, la sabiduría y el amor de la conducción del amor eterno.

El Magnificat evoca las grandes leyes del gobierno del mundo. ¿Cuál es su ley de gobierno? María estudia esa ley en su propia vida y la aplica a todo el acontecer del mundo, como también a su propio pueblo. “Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre. Ha puesto los ojos en la humildad de su esclava”. Ésta es la gran ley del gobierno del mundo, una ley que ella aplica, después, a la totalidad del acontecer universal: “Exaltó a los humildes; despidió a los ricos sin nada; derribó a los potentados de sus tronos”. ¡Peculiar ley del gobierno del mundo! Y, más tarde, subraya cómo la sabiduría de Dios ha aplicado esta ley en su propio pueblo. Podríamos reducir el contenido del Magnificat a la simple ley, a la simple expresión que dice: tú eres el que siempre hace las mayores obras sólo a través de los más pequeños… Nos devela el poder y la potestad de conducción, la ley de conducción, de la Sabiduría eterna, trátese del acontecer universal, de la pequeña vida personal o también de la historia de comunidades. (Milwaukee, Enero 65)

 Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 “Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”

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