Mes de María

30 de noviembre

 Tenemos una imagen errónea de la vida de fe de la Santísima Virgen. Es probable que nos imaginemos que María vivió en una copiosa abundancia de calidez interior, que en su vida no hubo dificultades para el entendimiento y que las hubo pocas para el corazón. Tal concepción es la que encontramos en muchas obras de literatura mariana. Se supone que hay que imaginarse a la Virgen, por ejemplo, cuando huyó a Egipto, acompañada de angelitos dando volteretas. Uno tras otro se habrían sucedido los angelitos para reemplazar al burrito en que María y Jesús iban montados. Siempre pensamos, por lo tanto, que la vida de María no tuvo la sobriedad de nuestra vida habitual y cotidiana, y que ella no debió pasar por la oscuridad de la fe.

¡Oh, hubo tantas cosas incomprensibles en la vida de María, que también ella tuvo que practicar el heroísmo de la fe! Piensen en el Señor, cuando se escapó de su Madre. (Lc 2, 41-52). María no comprendió en absoluto cómo Jesús podía hacer semejante cosa. Sorprendida le dice: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando”. El Señor le dice: “Y ¿por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?” Ellos no entendieron lo que él decía. María conservaba todas estas cosas en su corazón: ella repasaba una y otra vez el acontecimiento a fin de entender cómo Dios podía hacer algo semejante…

29 de noviembre

El tercer rasgo: el Niño en los brazos (véase Lc 2, 6s.22-27). ¿Qué nos dice esta imagen? es la que da a luz a Cristo, la que nos trae a Cristo y la Servidora de Cristo: tres características. Ella no realiza esta triple actividad en una u otra oportunidad, de manera ocasional a lo largo de su vida sino que se trata de su ministerio. También hoy ella es, y quiere que se la conozca y reconozca como tal, la que da a luz a Cristo. Así lo hemos vivido, por ejemplo, en Navidad. La que nos trae a Cristo: ¡cuán pronto se apresuró a ir a través de la montaña una vez que había pronunciado su fiat y que se había hecho realidad el gran misterio! Quería llevar a Cristo a su prima Isabel y a Zacarías. Servidora de Cristo; ella misma se caracterizó de esa manera. Su Ideal Personal rezaba: He aquí la esclava del Señor. ¿De qué manera sirvió al Señor?: Podemos pensar en los tres sabios de oriente, o en el primer milagro que obró Jesús a instancias suyas. Quería servirlo a él y a su misión. Y así se afirma explícitamente: “y sus discípulos creyeron en él” (Jn 2, 1). Servidora de Cristo.

Aun allí donde se la recibe a ella misma, nunca está separada de él, siempre lleva al Señor en su corazón, en sus brazos. Este es su ministerio, Servidora de Cristo. Ella gira en torno a Cristo. No puede hacer otra cosa. Todo su ser está ordenado hacia Cristo. Ésta es la imagen bíblica de María.

La espada en el corazón (véase Lc 2, 35.41-50; Jn 19, 25ss). ¿Qué dolor es el que se caracteriza aquí? Es el dolor esencialmente femenino, dolor del alma, o bien más exactamente, compasión del alma. ¿Y cómo se mide la compasión del alma? Con la medida del amor. (Milwaukee, enero 1965).

 Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 “Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”

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