Mes de María

4 de diciembre

No existe en los planes del Dios eterno imagen alguna de María que esté separada de Cristo; sólo por él y a través suyo ha sido decidida. Pero del mismo modo tampoco hay en los designios de la eternidad ninguna imagen de Cristo separado de María. Quien separa a Cristo de María se construye una imagen de Cristo según su propio arbitrio. A éste le dirá la Iglesia: “ciertamente, Dios podría habernos dado por otro camino distinto a la Virgen al Redentor del género humano y Fundador de nuestra fe. Sin embargo, en cuanto la Providencia del Dios eterno decidió que tuviésemos al Dios hecho hombre a través de María, quien, fecundada por obra del Espíritu Santo, lo llevó en su seno, no nos queda más que recibir a Cristo de manos de María.

El arte cristiano da cuenta de esta realidad, tanto en forma consciente como instintiva. La inmensa mayoría de las imágenes de María son imágenes de Cristo. Éstas presentan a la Madre con su Hijo divino, o bien a la Madre de los dolores con el Salvador del mundo inmolado sobre el altar vivo del sacrificio que es su regazo materno. Sobre las imágenes de la Inmaculada resplandece la gloria del Señor, en virtud de quien ella quedó intacta de toda mancha del pecado original. Es Cristo quien, en su Asunción, la lleva a casa, a su gloria celestial. Todas estas imágenes corresponden al prototipo divino: Dios no pensó, ni vio, ni quiso nunca a María de otra manera sino en la más íntima e inseparable comunión con Cristo.

3 de diciembre

La Santísima Virgen es el milagro de los milagros, el misterio de los misterios. Y ella nos ha sido regalada en Schoenstatt como el “tesoro escondido en el campo” (Mt 13, 44). ¡Cuán insensibles nos hemos tornado ante lo sobrenatural! Por esa razón, yo quisiera con san Bernardo estremecerme al descubrir este misterio. Pero quisiera pedir también a la Santísima Virgen: ¡ayúdame tú! Quisiera pedirle que nos visite, como visitó a Isabel. Isabel queda llena del Espíritu Santo y comienza a proclamar la grandeza de María: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno” (Lc 1, 42). (Schoenstatt, septiembre 1941)

Ella es, en verdad, la Compañera del Rey de todos los mundos: Compañera de Cristo. Elegimos conscientemente la expresión “consors” (compañera) porque se aplican de buen grado y a menudo a María en los documentos de la Iglesia. A nosotros se nos ha dado ser partícipes de la naturaleza divina; así describe San Pedro el estado de gracia del cristiano (2P 1, 4). Y San Pablo ve en nuestra participación en los sufrimientos de Cristo el fundamento de nuestra esperanza. La vida cristiana es, estrictamente hablando, en su esencia más íntima, un “consortium cum Christo”, una comunidad de destinos con Cristo. Nunca, empero, esta esencia del cristianismo se realizó de manera tan perfecta como en María. (Milwaukee, 1954)

2 de diciembre

Nosotros conocemos una formulación parcial y una formulación integral de nuestro Ideal Personal. La formulación pequeña acierta en algo correcto, pero no en el núcleo, como lo hace la formulación integral.

María es la “segunda Eva”. Indudablemente, un bello pensamiento, también perfilado y de precisa delimitación científica. No podremos eludirlo si queremos traducir lo que constituye la esencia de la persona de María. María es “la Esposa del Señor por su divina maternidad, o la Madre del Señor por su esponsalicio ante Dios”. Esto es lo que se traduce mediante “Madre esponsal de Dios” o “Esposa maternal de Dios”. Para expresar estas ideas se ha acuñado recientemente la expresión “maternidad divina”.¿Acaso no puede encontrarse una “fórmula integral”?

Intentemos una respuesta de parte nuestra. Es audaz. Escuchémosla pacientemente. El carácter personal sobrenatural de la Santísima Virgen consiste en que se la llama y se la puede llamar como la singularmente digna Compañera y Colaboradora esponsal permanente de Cristo, Cabeza de toda la creación en toda su obra de salvación.

Se podría realizar una prueba y plantear la pregunta: ¿dónde, en qué palabras queda expresado el privilegio de la virginidad, el de la maternidad divina, el de la concepción inmaculada, el de la impecabilidad? Todos estos privilegios son claramente inherentes en ella. Por supuesto, esta formulación se ha elegido para destacar con mayor énfasis lo desconocido, lo discutido en la mariología. (Schoenstatt, septiembre 1941)

1 de diciembre

¡Cuántas cosas incomprensibles sobrellevó María en su vida!  La fe presupone oscuridad, y sin oscuridad, difícilmente puede existir la fe.  Al observar más detalladamente la vida de María Santísima encontrarán tres características en su fe:    1)   Su fe era extraordinariamente grande.  2)  Su fe fue duramente probada.   3)   Su fe era sumamente viva.   En primer lugar, su fe era extraordinariamente grande. Tienen que detenerse a observar la escena de la Anunciación (Lc 1, 26-38). Dios exige el acto de fe más difícil.  Ella debe creer en la Santísima Trinidad:  en la Anunciación se afirma, “el Espíritu Santo vendrá sobre ti.  El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.  Por ello, el que habrá de nacer de ti será llamado Hijo del Altísimo”. Y la Virgen dice: hágase.  Cree en ello. Un acto de fe particularmente difícil: ella debe creer que será, al mismo tiempo, madre y virgen.  Nosotros consideramos todo esto como muy evidente en la vida de María, pero era algo de extraordinaria magnitud.  Tal vez se comprende mejor el significado de lo que dice Isabel: ¡Bienaventurada, feliz, la que ha creído! (Lc 1, 45).  La fe de la Santísima Virgen fue duramente probada.  Todo lo que se le profetizó a María parece no cumplirse: más bien parece realizarse lo contrario, día a día, año a año. Por ejemplo, la promesa: “su reino no tendrá fin” (Lc 1, 33). ¿Dónde nace él? En el establo, ¡y su reino no tendrá fin! Por tanto, es exactamente lo contrario. Inmediatamente después, la matanza de los inocentes, ¡su reino no tendrá fin! ¿Se dan cuenta de que se trata de pruebas? Aún esto no basta. Ahora debe huir a otro país, ¡y su reino no tendrá fin! (Milwaukee, junio 1956). 

Nota: Reflexión elaborada por los Padres de Schoenstatt de Córdoba, Argentina.

 “Con Maria Reina, construyamos una Patria para todos”

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: