Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

junio 6, 2010

Este día se celebra el jueves después de la Santísima Trinidad 

ADORO TE DEVOTE

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas
apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente
al contemplarte.

Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído
para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es
más verdadero que esta Palabra de verdad.
 
En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la
Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió
aquel ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que
yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.

¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede
a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura.

Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que
una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.

(Santo Tomás de Aquino, teólogo y cantor apasionado de Cristo Eucarístico)

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Junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús

junio 6, 2010
“…Comienza hoy el mes de junio, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, ese Corazón divino que fue atravesado por la lanza en la Cruz, para que fluyesen de Él tesoros de gracia para todos los hombres. Es como una fuente perenne, de la que todo creyente y la Iglesia entera extraen energías siempre nuevas de fe, esperanza y caridad…  La devoción al Corazón de Cristo es inseparable de la Eucaristía, Sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Señor…” (Juan Pablo II . Audiencia general del miércoles 1-junio-1994)
 
 
                                             ORACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN
                                                                 Juan Pablo II (*)

 Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.

Señor Jesucristo, Salvador del mundo, te damos las gracias por todo lo que Tú eres y todo lo que Tú haces por la pequeña grey y los doce millones de personas que viven en esta archidiócesis de Delhi, que abarca también a los que han sido confiados para la administración de esta nación.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría, manantial de nuestra vida eterna.

Reunidos juntos en tu Nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, nos consagramos a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.

Al consagrarnos a Ti renovamos nuestro ferviente deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordioso y pleno amor.

Señor Jesucristo, Rey de amor y Príncipe de la paz, reina en nuestros corazones y en nuestros hogares. Vence todos los poderes del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón. ¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amen.

(*) Catedral del Sagrado Corazón de Delhi, 1 de febrero de 1986

Texto e imagen extraídos de la página web: “El camino de María”


Visitación de la Santísima Virgen María

junio 3, 2010
Medianera de los dones y de las gracias,
ven; El señor y tú sean los invitados;
ata estrechamente el vinculo familiar
entre corazón y corazón, entre país y país.
P. José Kentenich (Hacia el Padre  563)

  

“En aquellos días María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entro en la casa de Zacarías y saludo a Isabel” (LC 39-40).  Con estas palabras comienza a relatar Lucas la Visitación. En ellas denota la prontitud de María por llegar hasta su prima para contemplar el inmenso milagro de su maternidad y ponerse a su servicio.

Con el sencillo saludo estalla una profunda onda de gozo que estremece a ambas mujeres: Isabel se siente honrada y conmovida por la visita de la “Madre de su Señor” y María canta de alegría el Magnificat.  Ambas proclaman de diversa manera la inmensa sorpresa y alegría que les trae el haber sido “visitadas” por el Señor.  Mientras Isabel anuncia la maternidad única de María como Madre del Mesías, María destaca la visita del Señor a su vida, para cumplir y superar todas las promesas que hizo Dios en el Antiguo Testamento.

“¡Feliz de ti por haber creído!” (LC 1, 45).  La verdadera fe inunda los corazones de alegría. Esta alegría la hemos encontrado muchos junto a la Sma. Virgen, la “Mater laetitiae” (Madre de la alegría) como la invocan las letanías.

 El amor a María no es sólo algo tradicional, sino siempre “actual”. Esto significa que desde  que nos levantamos    hasta que nos acostamos queremos vivir en la presencia de María, amar con el corazón de María, trabajar con Ella en medio de nuestros barrios, perdonar como Ella lo hacía,  rezar con Ella en cada hora, servir como lo hizo Ella hasta no dar más.     

Texto     extraído  de la Carta  a los misioneros  del  mes de Junio  escrita por el Padre Juan José Riba (Asesor Nacional de la Campaña del Santo Rosario).        

Foto tomada de la pagina web Catolicos.org.