Carta de Alianza navideña

diciembre 19, 2009

 

Queridos hermanos en la Alianza:

Hace unos años me contaron esta historia de un grupo de jóvenes misioneros:

 “Estábamos misionando en una pequeña ciudad del interior y se acercaba la Navidad y los niños del hogar iban a escuchar la historia de la Nochebuena, muchos por primera vez. Les contamos acerca de María y José llegando a Belén, de cómo no encontraron lugar en las posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el Niño Jesús nació y fue puesto en un frío pesebre junto a una vaca y un burro.

A lo largo de la historia, los chicos no podían contener su asombro. Una vez terminada les dimos a los chicos pequeños trozos de cartón para que hicieran un pesebre. A cada uno se le dio un cuadrito de papel cortado de unas servilletas amarillas. Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel cuidadosamente colocándole tiras de paja. Unos pequeños cuadritos de franela fueron usados para hacerle la manta al Niño. Y con papel rosado hicieron la figura de un bebé. Mientras los niños armaban sus pesebres yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban alguna ayuda. Todo fue bien hasta que llegué donde el pequeño Luisito estaba sentado. Parecía tener unos seis años y había terminado su trabajo. Cuando miré su pesebre quedé sorprendido al no ver un solo niño dentro de él sino dos. Le pregunté, entonces, por qué había dos bebes en ese pesebre. Luisito cruzó sus brazos y observando su trabajo comenzó a repetir la historia muy seriamente. Por ser el relato de un niño que había escuchado la historia de Navidad una sola vez estaba muy bien, hasta que llegó la parte donde María pone al bebé en el pesebre.

En ese momento Luisito empezó a desarrollar su propio final de la historia y dijo:

– Y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá, ni tampoco un hogar. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con Él. Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé que cosa tenía que pudiese darle a Él como regalo, se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor. Por eso le pregunte a Jesús ¿Si te doy calor, ese sería un buen regalo para ti? Y Jesús me dijo: “Luisito, si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido”. Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí, con él, para siempre.

Cuando el Luisito terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas. Tenía una alegría nueva y profunda: había encontrado a Alguien que jamás lo abandonaría. ¡Alguien que por fin estaría con él para siempre!”

Queridos hermanos, creo que esta historia nos regala 3 mensajes:

La Navidad es la fiesta de “Dios con nosotros”.

El Dios prometido y esperado viene a nuestro encuentro, es Dios con nosotros (Is. 7, 13-15). Tan unido a nosotros que se hace hombre como nosotros para hablarnos y mostrarnos el Amor que Dios nos tiene. Como a Luisito, el Niño Jesús nos invita a estar bien unidos a Él, porque Él nos quiere dar su calor y cobijo. Nos trae la salvación que tanto hemos buscado por erráticos caminos. Una salvación que es plenitud de vida en el Amor. La invasión mediática de los Papá Noeles y el consumo desmedido quieren desplazar de nuestros corazones al Niño Dios. Es extraño que en todas partes se hable de esta fiesta pero no se quiera nombrar al festejado.

Para que sea una verdadera Navidad tengamos un espíritu profundamente religioso, busquemos estar junto al Niño Jesús y festejémoslo a Él porque es “su cumpleaños”.

La Navidad es fiesta familiar.

Dios cuando vino a nosotros lo hizo naciendo en el seno de una familia, con ello quería resaltar la importancia que para Él tiene la familia: cuna y custodia de la vida humana y divina; escuela donde el hombre aprende a amar y a trascender. Ante tanta soledad y desconsuelo, como Luisito, en Cristo y María todos tenemos una familia. La Navidad nos invita a mirar al pequeño Niño, a María y a José, el amor familiar que une, fortalece y dignifica al hombre.

Para que sea una verdadera Navidad encontrémonos como hermanos, hijos de un mismo Padre rico en misericordia, intentando la reconciliación, el diálogo y la unidad en los corazones. Que ese sea nuestro regalo también para la Argentina en su Bicentenario.

La Navidad es la fiesta del Amor solidario y para todos

“Tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo único” (Jn. 3, 16) El nacimiento y la vida de Cristo entre los hombres es el mayor testimonio del amor solidario de Dios para con nosotros. Al pesebre se acercaron pastores y hombres ricos, ignorantes y sabios, de distintos pueblos y religiones, Amor por y para todos. La Navidad es la fiesta del Amor de Dios que se entrega con total generosidad, sin condiciones y sin merecimientos. Pero eso el Señor nos pide: “ámense unos a otros como yo los he amado” (Jn. 13, 34)

Para que sea una verdadera Navidad tratemos de crecer en el amor generoso y solidario, sin cálculos, por amor, como Dios lo hizo con nosotros. Si todos tenemos lugar junto a Jesús, si Él le da lugar a todos, ¡celebremos una Navidad para todos!

Queridos hermanos en la Alianza, desde el Santuario les envío un cordial saludo y mi bendición para cada uno de ustedes, sus familias y comunidades. ¡Alegrémonos: pronto será Nochebuena, la noche más buena y luminosa de nuestra historia!

¡Que tengan una feliz Navidad y un bendecido año nuevo!

P. José Javier Arteaga

¡Con María Reina, construyamos una Patria para todos!

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Carta de Alianza

diciembre 19, 2008

Boletín del Movimiento de Schoenstatt                                                                

Argentina – 18 de diciembre de 2008

 

Queridos hermanos en la Alianza:

 

Hace unos días participé de una reunión donde reflexionaban sobre el espíritu de la Navidad. De repente la conversación tomó un curso muy interesante: derivó en lo difícil que se hace festejar esta fiesta. A muchos les trae el recuerdo de seres queridos que ya no están, porque fallecieron o porque las circunstancias los han distanciado. A otros les incomoda el encontrarse con familiares a quienes no quieren ni verlos. A otros les duele la austeridad fruto de la crisis económica; otros dicen que en realidad no saben por qué “festejar” si en este año no hay nada por qué alegrarse. E inclusive se dice que la final del Torneo Apertura de fútbol, que posiblemente se juegue el mismo 24 de diciembre, ha opacado el ambiente de Navidad. Mientras escuchaba estas opiniones, recordaba una antigua canción de Adviento que dice: “Despertemos, llega Cristo, ¡Ven Señor! Acudamos a su encuentro, ¡ven Señor!”. Sí, realmente, estamos como dormidos, ¡despertemos, despertemos!

 

¿Qué está marcando nuestro espíritu en estos días previos a la Navidad?, “¡Despertemos, llega Cristo!”

Nos dice el Papa Benedicto XVI: “Navidad es la fiesta que canta el don de la vida. El nacimiento de un niño debería ser siempre un acontecimiento que trae alegría: el abrazo de un recién nacido suscita normalmente sentimientos de atención y de premura, de conmoción y de ternura. La Navidad es el encuentro con un recién nacido que llora en una gruta miserable. Contemplándolo en el pesebre, ¿cómo no pensar en tantos niños que aún hoy ven la luz en una gran pobreza, en muchas regiones del mundo? ¿Cómo no pensar en los recién nacidos no acogidos y rechazados, a los que no llegan a sobrevivir por falta de cuidados y atenciones? ¿Cómo no pensar también en las familias que quisieran la alegría de un hijo y no ven colmada esta esperanza? Bajo el empuje de un consumismo hedonista, por desgracia, la Navidad corre el riesgo de perder su significado espiritual para reducirse a una mera ocasión comercial de compras e intercambio de regalos. En verdad, sin embargo, las dificultades y las incertidumbres y la misma crisis económica que en estos meses están viviendo tantas familias, y que afecta a toda la humanidad, pueden ser un estímulo para descubrir el calor de la simplicidad, de la amistad y de la solidaridad, valores típicos de la Navidad. Despojado de las incrustaciones consumistas y materialistas, la Navidad puede convertirse así en una ocasión para acoger, como regalo personal, el mensaje de esperanza que emana del misterio del nacimiento de Cristo”.

¡Despertemos, llega Cristo! 

 

Celebrar a alguien que amamos es una buena oportunidad para recordarlo, agradecerle y renovar nuestro amor y compromiso por él.

 

ª     Celebrar la Navidad es celebrar a Dios con nosotros.

Dios viene a nuestro encuentro, es el esperado “Emmanuel” (Is. 7, 13-15). Ya no hay más soledad, Dios ha acortado la distancia que nos separaba de Él; se ha acercado hasta el extremo de hacerse hombre como nosotros y compartir toda nuestra existencia hasta el final. ¡Dios está con nosotros porque nos ama! Sin embargo, hay muchos hombres que no conocen a este Dios tan cercano porque no tienen la experiencia del amor fraterno y familiar. Nuestro compromiso de Navidad es ser testigos del bien, la justicia y la verdad para que el hombre de hoy pueda creer en un Dios presente y actuante en su historia.

 

ª       Celebrar la Navidad es celebrar al Dios del Amor.

“Tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo único” (Jn. 3, 16). El nacimiento y la vida de Cristo entre los hombres es el mayor testimonio del amor generoso y solidario de Dios para con nosotros. ¿Qué ganaba Él viniendo a nosotros? ¿Qué nos debía? Nada. Sólo quiso darse todo para que tuviéramos su Vida y participáramos de su Amor. La Navidad es la fiesta del Dios de Amor que se entrega con total generosidad y sin merecimientos de nuestra parte, para que vivamos en Su amor. No obstante, para muchos, hoy el amor es un sueño lejano. Nuestro compromiso de Navidad debería ser forjar vínculos familiares y fraternos más firmes, crecer en el amor generoso y solidario con el que está postergado, compartiendo nuestro tiempo, nuestro pan y nuestro corazón. Salir de nosotros para ir a los otros sin cálculos, por amor, como Dios lo hizo con nosotros.

 

ª        Celebrar la Navidad es celebrar al Dios de la Vida.

Cristo se presentó a sí mismo diciendo “Yo soy… la Vida” (Jn 14, 6) y nos reveló la causa de su presencia entre nosotros: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). Jesús ha salido al encuentro de los hombres, ha curado a enfermos y a los que sufren, ha liberado a endemoniados y resucitado a muertos. Se ha entregado a sí mismo en la cruz y ha resucitado, manifestándose de esta forma como el Señor de la vida: autor y fuente de la vida inmortal. Jesús ha venido para dar la respuesta definitiva al deseo de vida y de infinito que el Padre Dios, creándonos, ha inscrito en nuestra alma. Pero hoy la vida cotiza en baja en la bolsa de valores en nuestra Patria. El tercer compromiso de Navidad podría ser defender la vida del hombre, desde su concepción hasta su muerte natural, y promover una vida digna, con un techo, trabajo, estudio y salud accesible para todos. Porque Dios es el Dios de la Vida que ama y está presente en cada vida humana.

 

Queridos hermanos, estamos a una semana de la Navidad, y en este 18 de diciembre, al celebrar la Alianza de Amor con María, le pedimos que nos regale un corazón como el de Ella, abierto al Dios de la Vida, solidario con los hermanos y forjador de familia. Con el Padre Fundador pidamos:

 Madre,

Tal como muestras al Niño a pastores y reyes

y te inclinas ante Él adorándolo y sirviéndolo,

  así queremos con amor ser siempre sus instrumentos

y llevarlo a la profundidad del corazón humano.

 

 

Desde el Santuario reciban un cordial saludo y bendición para cada uno y sus familias.

 ¡Feliz Navidad y bendecido año 2009!

                                   P. José Javier Arteaga


Carta de Alianza

noviembre 13, 2008
Boletín del Movimiento de Schoenstatt                                                                
Argentina – 18 de noviembre  de 2008
 

 

“La seguidilla de episodios de violencia juvenil en las escuelas, incrementada en las últimas horas con nuevos casos en San Isidro, Entre Ríos y Tucumán, enciende una luz de alarma en las aulas.  Pero para el ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, la raíz del problema no está en los colegios y tampoco en los chicos. La responsabilidad es de los adultos y, principalmente, de los padres, dijo ayer en una entrevista con LA NACION.
(…)“¿Dónde aprenden los chicos estas conductas? ¿Quién se las está enseñando? No es la escuela ni son los maestros”, advirtió Tedesco, de 63 años y con larga experiencia en organismos de la UNESCO.  Fundamentó su opinión en que los chicos conviven en una sociedad con un clima que favorece la permisividad y el hábito de no respetar la norma. Hay que comenzar a identificar ámbitos de enseñanza y aprendizaje de esas conductas violentas. Y puede ser desde los medios de comunicación y los jueguitos electrónicos hasta el propio ámbito familiar…”  (Diario La Nación, 9 de abril de 2008)

 

Queridos hermanos:

 

Estas palabras de un funcionario nacional reflejan una realidad vivida por todos los ciudadanos: la creciente violencia juvenil tiene una de sus raíces principales en la familia. La carencia de afectos paterno-filiales, la violencia familiar, la ausencia de los padres- que es otra forma de violencia-, la miseria material y la ausencia de políticas que defiendan y promuevan la vida familiar, son algunos elementos que, sumandos, preparan el camino para lo que hoy estamos viviendo.

 

Pero si ampliamos el espectro de nuestra mirada observaremos que no solo la problemática de la violencia juvenil, sino que casi todas las dimensiones de nuestra vida social tienen que ver con la familia. Ángela Sannuti, licenciada en psicología (UCA) decía en un artículo: “Una sociedad esta hecha de instituciones y comunidades y estas, a su vez, se apoyan en las relaciones que se entablan día a día. El corazón de estas relaciones empieza a latir en el seno de la propia familia.” (“La familia, donde nace la sociedad”).

 

En la familia están las raíces de toda sociedad humana. Una condiciona y potencia a la otra. Todos los usos familiares son también usos y costumbres sociales. Estos pueden ser buenos o malos, pero nunca son neutros. Estos usos y costumbres familiares ayudan para que tengamos una “sociedad con espíritu fraterno-familiar” o para que nuestra sociedad termine siendo “una jungla”. Está en nosotros ayudar a tener una “patria familia” o una “patria jungla” donde reina el sálvese quien pueda. De allí la importancia de que nuestro compromiso hoy sea trabajar concientemente en desarrollar actitudes de ciudadanos de una patria con alma de familia. La pregunta es ¿cuáles son esas actitudes? ¿Cuáles son los valores que las sustentan? ¿Con que espíritu? Decía el Padre José Kentenich en 1949, recién terminada la 2ª guerra mundial: “En la nueva configuración del mundo, se ha de prestar mayor atención a la familia, ella ha de ser concebida como la célula fundamental de la sociedad humana, y por eso ha de ser formada conforme a  la idea original de Dios, y pensarla y trabajar por ella desde el pensamiento que tuvo Dios”. Nosotros, que estamos unidos por el fuerte vínculo de la Alianza, nos sentimos llamados a dar nuestro aporte para refundar nuestra Patria desde las bases. Se trata de poner todas nuestras fuerzas y buscar aliados hoy para llenar de valores los distintos ámbitos de nuestra vida familiar, laboral y social.  Se trata de vivir la familia, ¡de ser familia viva que da nueva vida!

 

1.   Pensar nuestras familias como forjadoras de ciudadanos.

Anhelamos ser buenas personas en el ámbito personal, pero no es suficiente: debemos educarnos para ser buenos ciudadanos. Ser ciudadanos es tener conciencia de pertenencia a un lugar, a una patria, a la tierra de los padres, porque allí uno se siente enraizado y por ello responsable. El Cardenal Bergoglio dice: “ser ciudadano es sentirse convocados a un bien, a una finalidad con sentido” (“La Nación por construir”, Cardenal Bergoglio). Se trata de un cambio de actitud: dejar de ser meros habitantes para pasar a ser verdaderos ciudadanos. Ese cambio comienza en la familia y en las pequeñas comunidades con espíritu familiar. Desde las familias construimos el país.

 

2.   Pensar nuestras familias como escuelas de fe y dignidad humana.

No tenemos que ser agudos observadores para darnos cuenta que el valor “vida” no cotiza muy alto en la bolsa de valores de muchos argentinos: aborto, eutanasia, asesinatos, violaciones, secuestros, trata de personas, tráfico de armas, droga, corrupción, etc. El hombre no es respetado y valorado cuando no dispone para comer, de medios que aseguren su salud, la instrucción básica, una fuente de trabajo digna, cuando es considerado un objeto más en la cadena de producción. Pero esta imagen “utilitarista” del hombre también se da en la familia cuando el hombre o mujer es tenido en cuenta porque trae dinero a casa, porque es más juicioso, o porque es más inteligente. Dios nos ama porque somos sus hijos – esa es nuestra dignidad-, no porque hacemos todo bien. En la medida que cada familia sea escuela de altísima dignidad humana nuestro país será  el lugar donde cada uno pueda vivir seguro y respetado por lo que es y donde cada persona pueda desarrollarse en plenitud, como hijo de Dios.

 

3.   Pensar nuestras familias como lugares de comunión y diálogo:

En nuestras familias conviven distintos sexos: papa y mama, hermanos y hermanas; diferentes edades, roles y gustos. Todas estas diferencias muchas veces crean tensiones. Las diferencias no nos dividen, por el contrario, bien aprovechadas nos complementan y enriquecen. En la familia nos unen los vínculos del amor y esa unidad familiar “contiene” a las diferencias que hay en ella y la enriquecen. La clave es la unidad en la diversidad y el secreto es la pertenencia mutua y el diálogo. El Padre Fundador decía al respecto: “La esencia de la autentica vida familiar consiste en un profundo sentido de responsabilidad por el bien de todos.” Forjar la Patria según este modelo de comunión nos posibilitará entonces el respeto, el reencuentro y la unidad tan anhelados.

 

Queridos hermanos en la Alianza, la familia, no obstante las dificultades, sigue siendo un gran valor en nuestro pueblo y está en el corazón de nuestra misión como Movimiento de Schoenstatt. Viendo la urgencia del momento presente y como aporte al Bicentenario de la Patria, los delegados de las comunidades diocesanas y los asesores reunidos en la Jornada de Delegados, formulamos el lema que nos motivará en el trabajo del año 2009:

 

Familia viva ¡Esperanza argentina!

 

María, la Madre de las Familias, nos ayuda e impulsa en nuestra vida familiar, sabiendo que los lazos que allí vamos tejiendo nos unen en una inmensa red de amor, solidaridad y conciencia de misión desde los Andes hasta el Mar. 

 

Desde el Santuario les deseo un bendecido día de Alianza y Mes de María.

 

                                                                                                                                                                              P. José Javier Arteaga


Carta de Alianza

octubre 18, 2008
Boletín del Movimiento de Schoenstatt                                                                
Argentina – 18 de octubre de 2008

Queridos hermanos:

 

Hoy, 18 de octubre, la Familia de Schoenstatt en el mundo entero festejamos tres acontecimientos ocurridos hace 94 años:

1. La primera Alianza de Amor hecha entre los jóvenes estudiantes y la Sma. Virgen en la antigua capillita de San Miguel en Schoenstatt;

2. Por esa consagración María tomó posesión de esa capilla y la transformó en su Santuario, el Santuario de la Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt;

3. El día de la primera Alianza se considera el día de la fundación de Schoenstatt. 

Por eso hoy decimos con alegría:

 ¡Feliz día de Alianza!

¡Feliz día del Santuario!

¡Feliz día, Familia de Schoenstatt!

Recuerdo que hace muchos años, siendo yo estudiante y estando en el Santuario de La Plata, se me acercó un grupo de jóvenes que habían visto el Santuario desde la calle y me preguntaron qué era esa capilla. Aquella pregunta no sólo me exigió elaborar una respuesta simple, concreta y clara en poco tiempo sino que también detonó en mí la pregunta: ¿qué significa el Santuario para mí? Una pregunta que también podemos hacernos cada uno: ¿Qué significa el Santuario y la Alianza para nosotros hoy?

 

El Santuario es un manantial de gracias

Por la Alianza de Amor entre María y los jóvenes Dios irrumpió nuevamente en nuestra historia humana. Como lo hizo antaño en Luján, Lourdes o Fátima, el 18 de octubre de 1914 el Señor hizo brotar un nuevo manantial de gracias, un Santuario de María en la tierra de Schoenstatt para bendecirnos a todos los hombres.

 

En el santuario Dios se acerca a nosotros por manos de María

Dios quiere regalarnos abundantes gracias por manos de María, la Medianera de las Gracias; por Ella el Señor quiere dar respuesta a nuestras preguntas y problemáticas; por Ella quiere acercarnos a Cristo el Salvador a fin de fortalecernos en la fe, la esperanza y el amor, especialmente en tiempos de muchas turbulencias personales y sociales. En los Santuarios Dios se acerca a nosotros por las bondadosas manos de María. Por eso decía el P. José Kentenich: “María quiere ofrecernos aquí (en el Santuario) un hogar espiritual, un terruño, una patria”. (Prédica en Stuttgart, 28.8.1940)

 

En el Santuario María nos llama a vivir en Alianza

María ha sembrado un jardín de Santuarios en la geografía de nuestra patria Argentina; desde allí nos llama a vivir en Alianza con Ella, con el Señor, con cada hermano y con toda la creación. Ella quiere que vivamos unidos por el vínculo del amor y hacer de nuestras comunidades y de la patria entera una gran familia. La historia posterior al 18 de octubre confirma que la Sma. Virgen tomó en serio esa Alianza de los jóvenes y el P. José Kentenich: miles y miles de peregrinos han experimentado en el Santuario que María es la Madre que amorosamente nos cobija, la Educadora que nos forma como hombres nuevos y la Reina que nos envía como misioneros de Cristo. María es un remolino de amor que nos lleva a vivir la vida en clave de Alianza, de unidad, de encuentro. ¿No es éste acaso el secreto anhelo del hombre? 

 

En Alianza con María, santos para nuestro tiempo 

Las circunstancias históricas en que aquellos jóvenes sellaron la Alianza de Amor con la Sma. Virgen no eran de paz y bonanza sino de guerra (primera guerra mundial), de grandes incertidumbres y estrecheces; mas la conciencia que los guió fue de entrega heroica y santa en las manos de María para la renovación religiosa y moral de la Patria en el espíritu del Evangelio. Si bien hoy no sufrimos el horror de la guerra, nuestra realidad argentina está marcada por grandes problemas que son nuestro desafío: el respeto a la vida del hombre, la unidad como nación, el desarrollo equitativo, el respeto a las instituciones, el pan y el trabajo en cada hogar, la educación, la salud…. Hoy también nuestra Alianza de Amor con María nos llama a dar frutos de santidad personal y de renovación social en Cristo. Una estrofa de la oración del P. Franz Reinich, escrita antes de ser ejecutado por el régimen nazi por mantenerse fiel a Cristo, dice así: “También hoy llama el Padre héroes para la misión; aquí me tienes Madre, como una Ofrenda de Amor”. Se trata de nuestra Alianza vivida fielmente y creativamente a fondo, que madure y dé frutos de renovación y santidad.

 

Queridos hermanos, estamos a un paso del 2010, bicentenario de nuestra Patria y del 2014, centenario de Schoenstatt. Creo que el tempo nos llama a un triple imperativo:

 

1.   Crecer en conciencia de Aliados: La Sma Virgen ha cumplido y cumple con creces su compromiso. Honremos nuestra parte realizando extraordinariamente bien nuestros compromisos personales, cívicos y cristianos. Y recordemos: ¡quien nos ve, ve un Aliado de María!

 

2.     Crecer en la conciencia de Familia: La Alianza con María nos debe unir cada vez más como hermanos y llevarnos hacia la Alianza fraterna con un marcado espíritu familiar. Esa es la respuesta vital que queremos dar ante el deterioro de los vínculos familiares y ante una patria dividida y fragmentada: ¡forjemos familia!

 

3.     Crecer en conciencia de Misión: Muchas veces la piedad mariana se reduce a un “pietismo intimista” carente de fuerza apostólica. No somos un grupo de autoayuda. Somos un movimiento apostólico y misionero porque María es la primera apóstol y la primera misionera de Cristo. El P. Fundador hoy nos repite ¡Vayan y enciendan el mundo!

 

Querida Familia, en este 18 de octubre acompañemos muy especialmente a la Familia de Buenos Aires que celebra los 45 años del Santuario de Belgrano y a la Familia de Córdoba que celebra los 40 años del Santuario de Villa Warcalde. Que sea un gran día de festejo por las gracias recibidas en el Santuario; que sea un gran día de renovación en la Alianza de Amor; y que sea un gran día de envío en la fuerza del Espíritu Santo para dar a manos llenas lo que aquí hemos recibido.

 

¡Feliz día de Alianza!

¡Feliz día del Santuario!

¡Feliz día, Familia de Schoenstatt!

 

Reciban un cordial saludo y mi bendición,

                              P. José Javier Arteaga


Carta de Alianza septiembre

septiembre 18, 2008

El 15 de septiembre recordamos el 40º aniversario del fallecimiento del P. José Kentenich, nuestro Padre Fundador. En muchas catedrales y parroquias de Argentina y del mundo se celebraron Misas en su memoria. Una memoria viva que para nosotros es misión y constante desafío.

 El Papa Juan Pablo II nos decía en el Encuentro con el Movimiento el 20 de septiembre de 1985 en Vaticano, con motivo del centenario del nacimiento del Padre Fundador. “Desde muchas naciones os habéis reunido para agradecer por el don que Dios os hizo en la persona del P. Kentenich.”  Ese don de Dios se manifestó en la vida del P. Kentenich con rasgos muy concretos.

 1. Padre – P. Kentenich fue un claro reflejo de la paternidad de Dios para muchos hombres y mujeres de todo el mundo. Un sacerdote, luego de una larga charla con el P. Fundador, le preguntó: “¿Padre, tiene Ud. aluna intención por la que quiere que yo rece?” y el Padre le contestó: “Sí, rece para que pueda cobijar en mi corazón a millones de personas”.

Vivimos en un tiempo carente de personalidades paternales (no confundir con paternalismo), un tiempo de enorme orfandad y abandono. Esos fueron los mismos dolores que padeció el niño y el hombre Kentenich por la ausencia de su propio padre.  Justamente en aquello que Dios lo iba a distinguir como Su instrumento, en ello mismo el Señor debía formarlo, probarlo y educarlo. Es la misteriosa pedagogía divina que aprovecha lo pequeño, lo débil o torcido para sus santos planes de redención. El P. Kentenich anunció con su vida que Dios no es una idea metafísica, un concepto filosófico ni un personaje de la historia, sino un verdadero Padre que ama incondicionalmente. Al respecto decía: “La razón última de la “ausencia” de Dios en tantas almas debemos buscarla  en la carencia de personas que lo reflejen. Por lo tanto si nosotros no somos reflejos de Dios misericordioso le quitamos a los hombres de hoy la posibilidad de creer en Él.”

 2. Profeta del Dios de la Vida – Desde el más profundo espíritu evangélico, el P. Kentenich, nos enseña que Dios es un Dios vivo y para la vida: “Si queremos vivir en compañía de Dios, si queremos vivir en la presencia de Dios, como se decía antiguamente, si queremos tener un trato de amistad con el Dios vivo, entonces hay que contemplar a Dios en todas partes; hablar con Dios en todas partes, fundados en la fe y el amor…”

Mons. Zollitsch, presidente de la conferencia episcopal alemana, decía al respecto: “Muchos de nuestros contemporáneos –incluso muchos bautizados que se consideran cristianos –viven hoy como si Dios no existiera. No cuentan más con la acción de Dios en este mundo, en sus vidas, en su vida cotidiana. En Schoenstatt buscamos al Dios de la vida, contamos con Él y su acción, día tras día. Hemos aprendido y practicado, día a día, en la búsqueda de las huellas de Dios, la fe practica en la Providencia Divina.”

 3. Aliado y misionero de María – Desde que su mamá lo consagró a la Sma. Virgen a los 9 años, en momentos muy difíciles para ella, María fue su madre, su guía y consuelo, su educadora.  En ese acto ya está el germen de la Alianza de Amor que más tarde dará origen a Schoenstatt.  Él fue el primer aliado de María en Schoesntatt y su gran misionero. Él mismo revela la misión que le confió Dios al respecto; “…mi misión fue y es anunciar al mundo el misterio de María. Mi tarea es proclamar a la Sma. Virgen, revelarla a nuestro tiempo como la Colaboradora permanente de Cristo en toda su obra de Redención, como la Corredentora y la Medianera de las Gracias. Revelar a la Sma. Virgen en su profunda unión a Cristo y con la misión específica que Ella tiene desde el Santuario de Schoenstatt para el tiempo actual.” (16 de noviembre de 1958) Proclamar el misterio de María significó para el P. Kentenich mostrarle a los hombres la Madre fiel, el “libro de oro” del cristiano, la imagen, modelo y modeladora del hombre nuevo en Cristo. Pero Kentenich no se queda con María como Madre a amar e imagen a imitar, sino que busca movilizar lo mariano en el seno de la Iglesia para gestar una nueva cultura, que a instancias de María, sea más cristiana, más solidaria, justa y fraterna, y por  ello más humana.

 4. Comprometido con el hombre y su tiempo – El P. Fundador supo acuñar esa genial frase que define todo su ser y su actuar: “Con la mano en el curso del tiempo y el oído en el corazón de Dios”. Él no predicó una religiosidad espiritualista, desentendida del hombre y su tiempo sino bien anclada en el corazón de Dios y encarnada en el mundo. Pasó dos guerras mundiales, experimentó la degradación humana en un campo de concentración, pasó hambre, crisis económicas y pobreza; vivió con y como su pueblo. En cada tiempo supo buscar las respuestas para las problemáticas del hombre y la sociedad en el corazón mismo de Dios; asimismo buscó caminos de aplicación sencillos y profundos para que llegaran al corazón del hombre. Fue valiente para denunciar todo lo que atentara contra la dignidad y la integridad del hombre como hijo de Dios. Fue fiel y franco con su Iglesia, asumiendo que tiempos de grandes cambios requieren renovación, creatividad, valentía y un nuevo ardor  en el modo de vivir y transmitir la fe.

 Querida Familia de Schoenstatt, al comenzar estas líneas les decía que la memoria del P. Fundador es memoria viva, que nos motiva y desafía a la misión.  Mons. Tenhumber, obispo de Münster, Alemania, dijo una vez a la Familia de Schoesntatt que éramos “la carta de presentación de la santidad del Padre”. Una carta de presentación que de nosotros depende que sea “legible, motivadora y atractiva”. Por nuestra intensidad y calidad de vida en la Alianza, por nuestra valentía para vivir auténtica y creativamente nuestra misión, la Iglesia y la sociedad recibirán lo que nosotros mismos hemos recibido en la persona del Padre Fundador. O no.  En este nuevo 18 podemos estar infinitamente agradecidos por el Don recibido pero también recordemos que somos deudores del Padre y de su fundación.

 “Ustedes, a su manera pueden ayudarme a llevar la responsabilidad

 y compartir la misión de la Familia…

Quien tiene una misión debe cumplirla, aunque una salto mortal siga al otro.”

(P. J. K., 31 de mayo de 1949)

 Sí, Padre; ¡tu herencia nuestra misión! Aquí estamos, vamos contigo, nuestra mano en tu mano, nuestro corazón en tu corazón.

                                        P. José Javier Arteaga


Carta de Alianza

agosto 19, 2008
Padre Javier Arteaga

Padre Javier Arteaga

Queridos hermanos en la Alianza: 

El viernes 8 de agosto pudimos ver la magnífica apertura de los juegos olímpicos 2008 en Beijing. Palabras, cantos y bailes, destreza física, creatividad e ingenio, colores, luces y formas. Miles de hombres de todo el mundo estaban allí realizando y participando de esa maravilla; el espíritu del hombre estaba allí presente. Mientras escribo esta carta leo que ya fueron otorgadas 75 medallas de oro junto a otras tantas de plata y de bronce. El esfuerzo y la excelencia tienen su premio. Hace unos días leí un artículo que decía: “Cada atleta entrenó por mucho tiempo, preparó su estrategia y llegó a los juegos con la esperanza de llevarse un reconocimiento y una victoria. Todo se juega en pocos minutos. Algunos suben al podio de los vencedores, otros se contentan con haber participado. Algunos tendrán una segunda oportunidad en 4 años, otros no. La historia grabará algunos nombres y otros, como muchos, permanecerán en las memorias individuales de sus seres queridos y allegados”. 

Nuestra vida tiene mucho de juego olímpico: sueños, esfuerzos, conquistas, victorias y derrotas. Ya sea en lo personal y en lo familiar, en un grupo pequeño o como nación, siempre estamos en carrera, a los saltos (a veces muy altos o muy largos), levantando pesas, lanzando jabalinas, haciendo goles o errándolos, llegando primeros, segundos o últimos. Tanto en los juegos olímpicos como en el juego de la vida lo importante es tener claro la meta ¿qué quiero alcanzar?, el adecuado entrenamiento ¿Cómo me prepararé y lo lograré? y el fin último- trascendente ¿para qué hago todo esto?  

Seguramente un jugador de fútbol no logrará ganar una medalla de oro si se pone a lanzar discos. Para ello es menester preguntarse cuáles son las capacidades y talentos personales y consecuentemente ponernos las metas a conquistar. Muchas frustraciones en la vida tienen su origen en la falsa percepción sobre uno mismo. Algo semejante pasa con la vida de un país: cuando se interpreta su historia y su presente con una mirada parcial o deformada estamos determinando un futuro mediocre y frustrante porque no está fundada en la verdad. En Argentina tenemos aún muchas metas por alcanzar: la unidad en la diversidad, el respeto a toda vida humana, el progreso equitativo para todos, etc., y para ello necesitamos hombres y mujeres de espíritu grande y generoso, atletas de la verdad y del amor.

Pero con las capacidades solas no llegaremos muy lejos; a los talentos personales debemos sumarle el esfuerzo del entrenamiento para desarrollarlos. Y para ello muchas veces necesitamos la ayuda de especialistas, de entrenadores, de los mejores que quieran sumar sus conocimientos en pro de la meta, de un bien común. ¿Por qué países como China, Estados Unidos, Alemania, Corea del Sur o Rusia han ganado hasta ahora la mayoría de las medallas de oro? La respuesta no es difícil: porque tienen un objetivo claro y han puesto todas sus posibilidades orientadas a ese fin, y evidentemente tiene muchas posibilidades, comenzando por las organizacionales, económicas, científicas, etc., etc. Así sucede en la vida personal: solos no podemos, somos seres interdependientes. Pensando en la Patria recordé una excelente entrevista a Claudio Fernández Aráoz, uno de los mayores especialistas internacionales en la búsqueda de líderes empresariales, que publicó el diario La Nación el 30 de agosto pasado. Ante la pregunta si en la Argentina hay una masa crítica que ayude a pegar un salto cualitativo como país, Claudio Fernández Aráoz decía:

En primer lugar, para que la Argentina pegue ese salto no hacen falta genios ni grandes ideas. Nunca es así para ningún país ni para ninguna organización que aspira a la grandeza. Más que grandes estrategias, hacen falta una opción consciente para perseguir la grandeza y un trabajo disciplinado para alcanzarla. Una primera condición es el liderazgo adecuado al máximo nivel. No tengo dudas de que tenemos candidatos potenciales calificados en el país, pero tenemos que aprender a elegirlos. La segunda condición para dar el salto es que los líderes correctos armen bien sus equipos. Y para esto la Argentina cuenta con una masa crítica más que suficiente de talento. Nuestra nación se construyó y se hizo grande en su momento por las aspiraciones de grandeza de nuestros predecesores, a pesar de las frustraciones inevitables de todo trabajo de liderazgo”.  

¿Pero para qué sirve tanto esfuerzo y alcanzar finalmente la meta? El mismo San Pablo, a quien evocamos en este año paulino, nos lo dice claramente en la primera carta a los Corintios 9,25: “¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! Los atletas se privan de todo, ¡y eso por una corona corruptible! Nosotros, en cambio, por una incorruptible. No perdamos de vista el fin último de nuestra gran olimpíada: la Vida Eterna en Dios.

Queridos hermanos de Alianza, con todo el amor y el respeto que me inspira la Sma. Virgen, me animo a decir que para las olimpíadas de nuestra vida tenemos la mejor entrenadora: María. Ella, la llena de gracia, que hizo este camino junto a su Hijo y ya llegó a la meta del Cielo, es la más interesada en que nosotros también lleguemos y podamos “subir” todos, junto a Ella, al podio de los benditos de Dios en el Cielo. Mientras tanto sigamos “entrenando“, trabajando por el bien, la paz, la solidaridad y la justicia cada día, construyendo aquí la cultura del encuentro y de la Alianza. El Padre José Kentenich desde el Cielo nos alienta:

¡Alegres en la esperanza y seguros de la victoria,

con María, hacia los tiempos más nuevos!”.

 Desde el Santuario les envío un cordial saludo y bendición en el día de Alianza,                                                                                                                                                                  P. José Javier Arteaga

DESDE EL SANTUARIO, DISCÍPULOS-MISIONEROS

PARA UNA PATRIA FAMILIA


Carta de Alianza

agosto 14, 2008

Boletín del Movimiento  de Schoenstatt-Argentina-Julio 2008

Queridos hermanos de Alianza:

El pasado 29 de junio el Papa Benedicto abrió el Año Paulino en conmemoración de los 2000 años del nacimiento de San Pablo. El apóstol Pablo, el último de los apóstoles del Señor, es considerado uno de los mayores evangelizadores de todos los tiempos. Pero ¿en qué radicaba el misterio de su misión? Por su propio testimonio sabemos que no estaba en su oratoria o en su presencia. De hecho, conforme afirmaban algunos de la comunidad de Corinto “tenía poca presencia y era un pobre orador” (Cf. 2Cor 10,10).

Pablo se distinguía por el “conocimiento” (2Cor 11,6). En esto estaba la “diferencia” de su predicación con la de los charlatanes. Este conocimiento del que habla no se reduce a su formación intelectual sino que se refiere a su “experiencia personal” de Jesucristo.

Respecto a la formación intelectual, Pablo llevaba consigo un bagaje cultural que incluía un conocimiento profundo de la tradición judía y nociones de la filosofía y religión griega de su tiempo. Sin embargo, la experiencia que hizo en el camino de Damasco, conocida como “conversión”, marcó profundamente su vida, más que todos los estudios y prácticas religiosas.

Fue en el camino de Damasco que empezó su gran transformación interior. El perseguidor radical de los cristianos tiene un “encuentro” con Jesucristo que lo hace caer por tierra, justamente cuando perseguía a los cristianos. Según la narración de los Hechos de los Apóstoles, Pablo queda ciego por esta experiencia. El Señor lo manda a Ananias, quien lo acoge y tiene una visión en la cual el mismo Señor le hace una afirmación sobre el Apóstol: “ése es mi instrumento elegido para difundir mi nombre entre paganos, reyes y israelitas” (Hech 9,15). Al cabo de un tiempo Pablo recobra la vista, como símbolo de la nueva forma de ver la vida en y desde Cristo.

 Pablo pasa de ser “perseguidor” de cristianos a ser “seguidor” de Cristo, su discípulo y misionero. De la conversión nace la misión en cuyo fundamento está una convicción: “sé en quién he puesto mi confianza”  (2Tim 1,12). La motivación y el contenido del anuncio de Pablo es la fe en Jesucristo y el vínculo – amor total a Él, a punto de decir: “ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y mientras vivo en esta carne mortal, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20).

 Como Movimiento apostólico, Schoenstatt está vinculado desde el principio con el apóstol de las gentes. Ya los primeros estatutos de la Congregación mariana y también los de la Federación apostólica mencionan a San Pablo como su patrono. Desde 1935 la expresión visible de esto son las estatuas de los apóstoles San Pedro y San Pablo que desde entonces adornan el altar del Santuario, y que actualmente se encuentran en todos los Santuarios filiales del mundo. El P. Kentenich desarrolló innumerables temas centrales de nuestra espiritualidad  inspirado por las enseñanzas de San Pablo, como ser el Hombre Nuevo en Cristo; la fe práctica en la Divina Providencia; la incorporación, pertenencia y membralidad en Cristo; y especialmente el espíritu apostólico y misionero que debe impulsarnos a los cristianos. Al respecto nos dice San Pablo: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1 Cor. 9, 16).

¡Qué gran regalo del Espíritu Santo es este año paulino! El Papa nos invita a descubrir a Cristo, seguirlo y anunciarlo con el amor y la pasión de San Pablo. Como él también queremos mirar nuestro tiempo con ojos críticos y ayudar a construir nuestra sociedad con los altos valores de la verdad, la justicia, la solidaridad y el amor en Cristo.

 ¿Qué nos diría San Pablo si hoy caminara en nuestra Argentina?

  • Ante el comercio de voluntades en la política y el actual “plan canje en Senado” (la Nación, 12 de julio) nos diría: “No se engañen; de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosechará: el que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna. (Gal. 6, 7)
  • A los que viven de la mentira y el robo les diría: “Por tanto, desechando la mentira, cada cual hable con verdad con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. El que robaba, que ya no robe, sino que trabaje con sus manos, haciendo algo útil para que pueda hacer partícipe al que se halle en necesidad.” (Ef. 4, 26)
  • A los que promueven la confrontación y la desunión les diría: “No salga de la boca de ustedes palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen. Que desaparezca de entre ustedes toda acritud, ira, cólera, gritos, maledicencia y cualquier clase de maldad, sean más bien buenos entre ustedes, entrañables, perdonándose mutuamente como los perdonó Dios en Cristo Jesús. (Ef. 4, 31-32)
  • Ante los que se cansan de luchar les diría:” No nos cansemos de obrar el bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos.” (Gal. 6, 9)

 Queridos hermanos en la Alianza, como discípulos y misioneros de Cristo sigamos construyendo en nuestro ambiente la cultura de la Alianza y del encuentro. Pongamos nuestra mirada en Cristo y escuchemos estas palabras de San Pablo, que después de casi 2000 años, siguen despertando la fe, anunciando la esperanza y conservando gran actualidad y fuerza profética. 

 Reciban un cordial saludo y bendición en el día de Alianza.

                                                                            P. Javier Arteaga

 “DESDE EL SANTUARIO,

DISCÍPULOS-MISIONEROS PARA UNA PATRIA FAMILIA”