El Padre José Kentenich (Un personaje inolvidable)

mayo 22, 2010

Autor:     Prof. Alfredo Eduardo Villafañe  miembro de la  Obra Familiar de Schönstatt

 La expresión “personaje” podría resultar para algunos no muy apropiada, tratándose de un ser carismático, que amó a la Iglesia y que fundó un movimiento que se extendió por todo el mundo. Quienes de alguna manera  estamos vinculados  a ese movimiento y que hemos estudiado la vida de este santo (aunque está en proceso su beatificación) por una extensa bibliografía – aún sin haberlo conocido personalmente -, nos inculcó siempre el sagrado impulso apostólico que lo caracterizaba.

Fundador del movimiento de Schoenstatt, desde pequeño fue consagrado por su madre a la Virgen María. Fue un apasionado en el fervor a María desde entonces y desde la pequeña capilla donde dio comienzo su labor espiritual, hasta los actuales santuarios, réplica de aquella capilla que asomaba en los montes de Schoenstatt.

Formaliza allí con un conjunto de jóvenes una Alianza con  la Virgen que constituye una de las bases fundamentales del movimiento que después se crea. “Bajo la protección de María queremos aprender a educarnos a nosotros mismos, para llegar a ser personalidades recias, libres…”

Pero más que sus inicios y la dimensión que llega a tener el movimiento en países, consideraremos  el impulso vital que demostró siempre por el amor a la Iglesia y que demostró al defenderla en muchas ocasiones aún a costa de propios sacrificios. El padre José Kentenich era un visionario, un profeta, vivía el presente y se adelantaba a los tiempos. Siempre existió en él una fuerte tendencia hacia Dios, hacia lo absoluto, hacia lo eterno. Ya siendo joven sacerdote se percibía en su persona uno de los rasgos que marcarían toda su vida sacerdotal: “ser un reflejo del amor misericordioso de Dios Padre”.

Hombre de principios, buscaba en todas las cosas el plan de Dios. Su aguda sensibilidad sobrenatural le hacía detectar en los acontecimientos y circunstancias ordinarias de la vida la manifestación de la voluntad divina, a la cual, una vez descubierta, se entregaba totalmente: “con todo lo que soy y lo que tengo: con mi saber e ignorancia, con mi poder y con mi impotencia, pero, por  sobre todo, les pertenece mi corazón”.

Desde aquellos lejanos días de la Primera Guerra Mundial hasta el día de su muerte – es decir, a lo largo de más de cincuenta años –el padre Kentenich irá construyendo, paso a paso, una obra trascendente. Cuando las cosas no fueran suficientemente claras, aguardaba hasta que un signo le manifestara más nítidamente la voluntad de Dios. “En lo que emprendía no me preocupaba del éxito. Me bastaba, en todo momento, la convicción de estar trabajando en la realización de un plan divino”.

Trabajó intensamente por ayudar a la mujer a descubrir su identidad, a valorarse sanamente a sí misma, a asumir el papel  que le corresponde en el plan de Dios y en la historia de la salvación. Para ello, contemplaba en la persona de la Virgen María el ideal femenino. De ahí la tarea de velar para que “la imagen de la Sma. Virgen sea vista, en todo momento, como la imagen luminosa, el ideal pleno y espiritualizado de la mujer”.

Varios se formulaban la pregunta ¿Por qué atraía tanto el padre Kentenich? Era unánime la respuesta: porque era un hombre de Dios y un hombre de su época; porque sabía unir lo eterno y trascendente con lo temporal y concreto; porque vivía “con el oído en el corazón de Dios y la mano en el pulso del tiempo”. No había acontecimiento corriente o suceso de importancia con el cual no se confrontara, lo elaborara o intentara una respuesta. “Si toda nuestra actividad no va acompañada de una oración íntima y sincera, estamos construyendo sobre arena. No existe un verdadero educador que no sea un hombre de oración”. También para el padre la alegría era una característica fundamental de la vida cristiana, por eso, también debía ser  un  rasgo peculiar de la Familia de Schoenstatt.

El padre Kentenich pasó el tormento del campo de concentración de “Dachau”. Sin embargo al salir de ese encierro exclamaba “Dachau me rejuveneció como nunca”. Había salido de ese lugar totalmente renovado, confirmado en el carácter divino de su Obra, y dispuesto a nuevas luchas…..”Quien tiene a Dios como báculo y apoyo está siempre tranquilo y sereno. Con este

báculo he pasado por la cárcel y el campo de concentración y hoy, como entonces, también estaba tranquilo. Debemos tener una pasión: pertenecer a Dios, servir a Dios, llevar a cabo su obra”. Sentía que su misión había sido y era necesario darla a conocer en nuestra época, con la misión específica que la Mater tiene desde su santuario de Schoenstatt para el tiempo actual. La Santísima Virgen es como un remolino de Cristo, al cual nos lleva con fuerza irresistible.

Pero es durante los largos años de destierro en Milwaukee, que en el interior de la familia de Schoenstatt se despertó una fuerte corriente de oración y sacrificio.”He estado en tormentas aún mayores, y la Virgen siempre ha vencido. Esos años fueron las catorce estaciones del Vía Crucis que tuvimos que recorrer”.

El padre Kentenich realizó una misión de profeta. Normalmente los hombres marcados con ese carisma no son comprendidos en vida, pues se adelantan a su época. Fue siempre el distinguido mensajero del triple mensaje de Schoenstatt: la Fe práctica en la Divina Providencia, la Alianza de Amor con la Sma. Virgen y la Conciencia de misión. “Si nuestra fe en la Providencia es suficientemente fuerte, entonces ella puede más de lo que nosotros nos atrevemos a esperar. Por ello, una y otra vez, insistiremos con más audacia, con más victoriosidad…”

 Hemos tratado de hacer una brevísima semblanza del padre fundador de Schoenstatt. Desde ya faltarán muchas cosas, algunas de preferencia de los lectores que no han sido mencionadas. Pero sí, podemos asegurarles, que ha sido una selección propia de todo lo que ha significado para nosotros la imagen de un santo, ejemplo de virtudes espirituales, ejemplo de valentía cuando era necesaria en defensa de principios, ejemplo de perseverancia en el seguimiento de los planes de Dios, que el siempre trató de descubrir.

 Buenos Aires, 9 de enero de 2010

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Seminario sobre el Padre José Kentenich

mayo 22, 2010

                                                                                                                  


Hemos conocido a un Padre

mayo 22, 2010


¡Feliz día de la Patria en el año del bicentenario

mayo 22, 2010

Forjar cada día una Patria con rostro de Familia, basada en los valores de la verdad, la justicia y el amor es nuestro mejor regalo en este Bicentenario y sigue siendo nuestro compromiso y desafío de cara a los próximos tiempos. (Padre Javier Arteaga)

 “Con  María Reina construyamos una Patria para todos”


Ascensión del Señor

mayo 18, 2010
 

Ascensión del Señor

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR  A SU PADRE

 EL Señor ha ascendido a los cielos,

dejando tras de sí a los que anhelan su venida;

a tu corazón  y a tus ojos

los embarga una honda nostalgia,

pero la felicidad del Hijo

también te hace dichosa.

Madre, que en todo  momento añore el  cielo

para que, como el tuyo,

Mi corazón sea  amplio y generoso.

Padre José Kentenich (Hacia el Padre  nro. 352)

Saludo pascual

abril 4, 2010


Villa Ballester un lugar elegido por la Sma. Virgen María

marzo 23, 2010
P. Kentenich y miembros de  la Comunidad alemana (1947)

P. Kentenich y miembros de la Comunidad alemana (1947)

“Para que el mundo por Ti renovado,  glorifique a tu Hijo Jesús”

 

 

“He venido a traer fuego a la tierra  ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!” (LC.12, 49)

 Estas palabras nos apremian, como discípulos-misioneros, a un ardor siempre renovado por la Misión.

El fuego del que habla Jesús es el amor. Fuego que a Él lo había consumido entregando su vida en la cruz. Desde allí mira al discípulo amado, al joven Juan, el único fiel a sus pies clavados y  le pasa la antorcha encendida en ese gran  amor, diciéndole: “He aquí a tu Madre…”.  Ella es  el fuego, el fuego del  Fuego de Cristo.

María, el remolino de Jesús, está llamada a llevar a los hombres desde su corazón a Cristo en el Espíritu Santo al Corazón del Padre Dios.

 “He venido a tirar del carro de triunfo de la Madre de Dios”

 Estas son las palabras de nuestro Padre y  Fundador, el P. José Kentenich  pronunciadas al arribar a nuestras tierras, hace concretamente 63 años.   Estas,  nos impulsan como  las palabras de Jesús que encabezan este artículo, “… fuego del fuego de Cristo…, que llameante esparce centellas luminosas, hasta que el mundo como un mar de llamas se encienda para la gloria  de la Santísima Trinidad”. J.K.

El Padre Kentenich llega a  Villa Ballester  el 29 de Mayo de 1947,  a  encender  en las almas el fuego  del amor a María. ¿Y con quiénes se encuentra en primer lugar?

Con las primeras hermanas de María (Instituto secular fundado por él mismo) que habían arribado a la Argentina en 1935 desde Alemania, llamadas e invitadas  por los Padres Pallottinos, especialmente por el Padre Weber. Este último  estaba encargado  de  atender la pastoral  de un grupo de alemanes que habían emigrado a estas tierras, previo a las dos grandes guerras mundiales, en 1913 y 1933. Se establecen aquí atraídos por el clima y las facilidades que les ofrecían otorgándoles terrenos y precarias viviendas los hermanos catalanes Ballester Flotat.

Las hermanas de María fueron convocadas especialmente  para  llevar adelante la atención espiritual de esta comunidad de habla alemana.

Fueron albergadas en la casa de la Familia Eckstein,  quienes  donaron la propiedad a la colectividad alemana; el lugar actualmente se  llama Marienheim y significa Hogar de María.

Al llegar al “Marienheim”,  el Padre Kentenich se dirigió en primer lugar a la capilla. Tras orar unos minutos en silencio, se volvió hacia las Hermanas y les  dijo algunas palabras que mueven montañas:

 “La Madre de Dios quiere renovar el mundo por intermedio nuestro.

 Ella quiere crear un movimiento de Renovación.  ¡Desde aquí! 

Y no quiere hacerlo  sola, sino  a través  de instrumentos.

Esa  es nuestra tarea: ser instrumento.

 ¡¡¡Ella se ha glorificado Aquí!!! ¡¡¡Ella ya se ha establecido Aquí!!!

De ese lugar físico donde el Padre Kentenich se alojó, sólo queda el antiguo patio, por el cual paseó muchas veces rezando el Rosario.

La casa era modesta. Antes de ingresar al salón central, había dos sencillas habitaciones, una a la derecha y la otra a la izquierda, eran pequeñas y muy húmedas.  El Padre ocupó la pieza de la derecha, que tenía un lavabo dentro de un placard de madera. Al no disponer de baño privado, utilizaba uno común de chapas ubicado  en el patio, no había tampoco agua corriente.

Testigo de su presencia en nuestra ciudad, es la calle Pueyrredón, camino de ocho cuadras   que hacía con frecuencia a pie,  para ir a tomar el tren.

Mientras el Padre estuvo en Villa Ballester, permaneció  en la casa, atendiendo a la gente que quería conversar  con él. Su catequesis era continua, e iba dirigida en primer lugar a las Hermanas de María, ya sea en  la meditación matutina, en diálogos personales, o en las conversaciones en la mesa.

Una de las preocupaciones del Fundador era infundir en ellas la convicción de que Schoenstatt, como hecho de gracias, era una realidad no sólo  en Alemania, sino también aquí  en Argentina, donde ellas estaban.

De ahí su insistencia en el “AQUÍ”.

 Como profeta deja tres imperativos para el futuro Santuario de gracias y el floreciente Movimiento de peregrinos:

 * “La Santísima Virgen quiere glorificarse y establecerse todavía más AQUÍ. Más aún, quiere renovar  Buenos Aires…  No sólo desde Schoenstatt, Alemania, debe ser renovado el mundo, sino también DESDE AQUÍ.”

 * “La Madre de Dios se quiere establecer aún más aquí para transformar este lugar  y a cada uno de nosotros en María. ¡Hágase María!

 

* “Aquí quiere desplegar de manera visible su actividad y llevar a las personas hacia arriba, transformarlas. Ella obrará a través de nosotros.”

El Movimiento asume, con las hermanas, no sólo la Misión dada por el Padre, “Desde Aquí”,   sino que junto a ellas quiere regalar al mundo, a nuestra Patria y a cada familia que recibe la Virgen Peregrina,  el ser  imagen y Modelo de la Sagrada Familia de Nazaret.

 * Desde Aquí se  apoyó y  participó en la búsqueda del terreno y construcción de varios santuarios, especialmente el  Santuario Nacional de Florencio Varela. (1952)

* Desde Aquí  El Padre Kentenich escribió  parte de la Carta del 31 de Mayo, carta decisiva para el futuro del Movimiento de Schoenstatt, que luego fue ofrecida en el altar del Santuario de Bellavista (Chile)

 * Desde Aquí  surgió  la corriente de los  santuarios del hogar inspirada en los rincones marianos que las familias  de la comunidad tenían en sus casas.

La Familia  de Villa Ballester comienza la búsqueda   de su propio terruño y  encuentra  una sede de manera muy providente en 1973. Son tiempos de entrega y fidelidad.

Conscientes de su riqueza histórica busca su misión diocesana con gran compromiso.

 El 18 de septiembre de 1975 es proclamada: “Desde aquí, en fidelidad crucificada  forjemos el Nazaret del  Padre”

Finalmente el 20 de septiembre de 1980, la Familia ballesterense ve cumplido el sueño de tener su Santuario.

Este   lleva como Misión e Ideal en sus muros  la de ser y forjar Nazaret. Si bien ni siquiera es uno de los primeros de nuestra Patria, al ser el que recoge las palabras proféticas del Padre,  pienso que de alguna forma, supo ser el testigo silencioso y el que tuvo el privilegio de acoger en su tierra, la primera casa central,  durante muchos años, de las Hermanas de María.

 María quiere llenarnos y atraernos hacia Ella, para ser niños ante el Padre,  para que DESDE AQUÍ,  desde el Santuario, pueda renovarnos y renovar al mundo.

 Su Hna. María Ester

Bibliografía:v      Platicas del Padre Kentenich en Villa Ballester, Argentina

v      “Huellas de un Padre” del Padre Esteban Uriburu

v      “Historia de los alemanes en la Argentina” de Martín Lange

v  Consultas: Dr. José Angió, Dr. En historia y Miembro de la Acad. Nacional de   Historia