Carta de Alianza

octubre 18, 2008
Boletín del Movimiento de Schoenstatt                                                                
Argentina – 18 de octubre de 2008

Queridos hermanos:

 

Hoy, 18 de octubre, la Familia de Schoenstatt en el mundo entero festejamos tres acontecimientos ocurridos hace 94 años:

1. La primera Alianza de Amor hecha entre los jóvenes estudiantes y la Sma. Virgen en la antigua capillita de San Miguel en Schoenstatt;

2. Por esa consagración María tomó posesión de esa capilla y la transformó en su Santuario, el Santuario de la Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt;

3. El día de la primera Alianza se considera el día de la fundación de Schoenstatt. 

Por eso hoy decimos con alegría:

 ¡Feliz día de Alianza!

¡Feliz día del Santuario!

¡Feliz día, Familia de Schoenstatt!

Recuerdo que hace muchos años, siendo yo estudiante y estando en el Santuario de La Plata, se me acercó un grupo de jóvenes que habían visto el Santuario desde la calle y me preguntaron qué era esa capilla. Aquella pregunta no sólo me exigió elaborar una respuesta simple, concreta y clara en poco tiempo sino que también detonó en mí la pregunta: ¿qué significa el Santuario para mí? Una pregunta que también podemos hacernos cada uno: ¿Qué significa el Santuario y la Alianza para nosotros hoy?

 

El Santuario es un manantial de gracias

Por la Alianza de Amor entre María y los jóvenes Dios irrumpió nuevamente en nuestra historia humana. Como lo hizo antaño en Luján, Lourdes o Fátima, el 18 de octubre de 1914 el Señor hizo brotar un nuevo manantial de gracias, un Santuario de María en la tierra de Schoenstatt para bendecirnos a todos los hombres.

 

En el santuario Dios se acerca a nosotros por manos de María

Dios quiere regalarnos abundantes gracias por manos de María, la Medianera de las Gracias; por Ella el Señor quiere dar respuesta a nuestras preguntas y problemáticas; por Ella quiere acercarnos a Cristo el Salvador a fin de fortalecernos en la fe, la esperanza y el amor, especialmente en tiempos de muchas turbulencias personales y sociales. En los Santuarios Dios se acerca a nosotros por las bondadosas manos de María. Por eso decía el P. José Kentenich: “María quiere ofrecernos aquí (en el Santuario) un hogar espiritual, un terruño, una patria”. (Prédica en Stuttgart, 28.8.1940)

 

En el Santuario María nos llama a vivir en Alianza

María ha sembrado un jardín de Santuarios en la geografía de nuestra patria Argentina; desde allí nos llama a vivir en Alianza con Ella, con el Señor, con cada hermano y con toda la creación. Ella quiere que vivamos unidos por el vínculo del amor y hacer de nuestras comunidades y de la patria entera una gran familia. La historia posterior al 18 de octubre confirma que la Sma. Virgen tomó en serio esa Alianza de los jóvenes y el P. José Kentenich: miles y miles de peregrinos han experimentado en el Santuario que María es la Madre que amorosamente nos cobija, la Educadora que nos forma como hombres nuevos y la Reina que nos envía como misioneros de Cristo. María es un remolino de amor que nos lleva a vivir la vida en clave de Alianza, de unidad, de encuentro. ¿No es éste acaso el secreto anhelo del hombre? 

 

En Alianza con María, santos para nuestro tiempo 

Las circunstancias históricas en que aquellos jóvenes sellaron la Alianza de Amor con la Sma. Virgen no eran de paz y bonanza sino de guerra (primera guerra mundial), de grandes incertidumbres y estrecheces; mas la conciencia que los guió fue de entrega heroica y santa en las manos de María para la renovación religiosa y moral de la Patria en el espíritu del Evangelio. Si bien hoy no sufrimos el horror de la guerra, nuestra realidad argentina está marcada por grandes problemas que son nuestro desafío: el respeto a la vida del hombre, la unidad como nación, el desarrollo equitativo, el respeto a las instituciones, el pan y el trabajo en cada hogar, la educación, la salud…. Hoy también nuestra Alianza de Amor con María nos llama a dar frutos de santidad personal y de renovación social en Cristo. Una estrofa de la oración del P. Franz Reinich, escrita antes de ser ejecutado por el régimen nazi por mantenerse fiel a Cristo, dice así: “También hoy llama el Padre héroes para la misión; aquí me tienes Madre, como una Ofrenda de Amor”. Se trata de nuestra Alianza vivida fielmente y creativamente a fondo, que madure y dé frutos de renovación y santidad.

 

Queridos hermanos, estamos a un paso del 2010, bicentenario de nuestra Patria y del 2014, centenario de Schoenstatt. Creo que el tempo nos llama a un triple imperativo:

 

1.   Crecer en conciencia de Aliados: La Sma Virgen ha cumplido y cumple con creces su compromiso. Honremos nuestra parte realizando extraordinariamente bien nuestros compromisos personales, cívicos y cristianos. Y recordemos: ¡quien nos ve, ve un Aliado de María!

 

2.     Crecer en la conciencia de Familia: La Alianza con María nos debe unir cada vez más como hermanos y llevarnos hacia la Alianza fraterna con un marcado espíritu familiar. Esa es la respuesta vital que queremos dar ante el deterioro de los vínculos familiares y ante una patria dividida y fragmentada: ¡forjemos familia!

 

3.     Crecer en conciencia de Misión: Muchas veces la piedad mariana se reduce a un “pietismo intimista” carente de fuerza apostólica. No somos un grupo de autoayuda. Somos un movimiento apostólico y misionero porque María es la primera apóstol y la primera misionera de Cristo. El P. Fundador hoy nos repite ¡Vayan y enciendan el mundo!

 

Querida Familia, en este 18 de octubre acompañemos muy especialmente a la Familia de Buenos Aires que celebra los 45 años del Santuario de Belgrano y a la Familia de Córdoba que celebra los 40 años del Santuario de Villa Warcalde. Que sea un gran día de festejo por las gracias recibidas en el Santuario; que sea un gran día de renovación en la Alianza de Amor; y que sea un gran día de envío en la fuerza del Espíritu Santo para dar a manos llenas lo que aquí hemos recibido.

 

¡Feliz día de Alianza!

¡Feliz día del Santuario!

¡Feliz día, Familia de Schoenstatt!

 

Reciban un cordial saludo y mi bendición,

                              P. José Javier Arteaga

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Sobre el proceso de canonización del Padre José Kentenich

octubre 4, 2008

P. Ángel Strada Postulador de la causa de Canonización

P. Ángel Strada Postulador de la causa de Canonización del P. Kentenich

Es fundamental seguir implorando la gracia de un milagro

El postulador de la causa, P. Ángel Strada, nos informa que el pasado 15 de septiembre, 40º aniversario de la muerte del P. Kentenich, se reunió en Schoenstatt el Tribunal diocesano de la causa. Después de visitar la tumba del Padre, el lugar en el Schulungsheim (Casa de Formación) donde vivió los últimos años y la casa Padre Kentenich, firmaron el decreto constatando que, de acuerdo a las normas de la Iglesia, no se le tributa culto litúrgico.

En dicha reunión el traductor de la causa, Sergio Acosta, prestó juramento y el postulador entregó documentación referida a la fama de santidad.

En los próximos meses se realizarán los trabajos técnicos: confección de índices, legalización de las actas, etc.

La sesión de clausura de la etapa diocesana tendrá lugar previsiblemente en la primera mitad del próximo año. Después vendrá la segunda y decisiva etapa en Roma.

Junto con dar gracias a Dios por estos avances es preciso seguir implorando la gracia de un milagro por intercesión del Padre Kentenich.

Datos extraídos  de la página web http://www.schoenstatt.de


Reflexiones

octubre 2, 2008
Padre Nicolas Schwizer
Padre Nicolas Schwizer

El Instrumento

 Escribe Padre Nicolas Schwizer

 

Dependencia de Dios. Creemos que la Virgen María es la Vencedora en todas las batallas. Pero, ¿cuál es el precio de sus victorias? Dice el Proto Evangelio: “Tú acecharás su talón” (Gen 3,15). ¿Qué significa esto? Interpreta el Padre Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt: “Esto quiere decir que vivimos en el orden de la cruz”. También la Virgen y el Señor vivieron en ese orden. No tenían el pecado original, pero asumieron una de sus consecuencias: el sufrimiento y la cruz.

 

Nosotros vivimos en el orden de la cruz: nuestro talón ha sido herido. Tenemos que contar con esto y tomarlo muy en serio. ¿Y cuál es la cruz más pesada para el hombre que aspira hacia lo alto? Es el peso de su propia naturaleza, la fragilidad humana. Frente a ello tenemos que hacer una sola cosa: decir que sí a nuestra pequeñez de todo corazón, aceptar nuestra debilidad con gran humildad. Este sí es el presupuesto más esencial para ser apto, para ser aceptado como instrumento. Nuestras debilidades son “como un trampolín para lanzarnos a los brazos de Dios” asegura el Padre Kentenich.

 

Es algo grande poder decir que Dios quiere emplearme como instrumento a pesar de que soy débil. ¡Y cuántas debilidades llevamos todos con nosotros! Debilidades corporales, espirituales, morales… Pero mayor aún es decir: Dios me quiere precisamente porque soy débil.

 

¿Por qué permite Dios nuestras debilidades, nuestras faltas? La verdadera piedad no consiste, de ninguna manera, en que no caigamos, en que no tengamos pecados. La verdadera piedad consiste en la dependencia de Dios, en la adhesión a Dios. Y la persona noble se siente tanto más dependiente cuanto más conoce su propia debilidad. Por eso, Dios permite la debilidad. Porque quiere que nos vinculemos a Él. Mi debilidad debe ser como una fuerza que me empuja hacia los brazos de Dios.

 

El título más valioso para tener derecho a recibir la misericordia de Dios, es el de mi miseria personal. Por eso el Padre Kentenich puede decir: “La pequeñez conocida y reconocida por el hombre, por el hijo, significa ‘impotencia’ del Padre y ‘omnipotencia’ del hombre”.

Es lo que expresa San Pablo con las palabras: “Cuando soy débil, soy fuerte”. (2 Cor 12,10).

 

La actitud de instrumento. El gran obstáculo para la actividad de Dios en el hombre y a través del hombre es y sigue siendo la enferma voluntad propia. El verdadero instrumento ha renunciado a ella, para estar solamente a disposición de Dios y de su obra. Allí donde Dios lo pone, está él con toda su persona y su fuerza y vive sólo para su tarea.

 

El Padre Kentenich solía contar en este contexto el ejemplo de un sacerdote de Colonia. Hizo pintar su ideal personal en la casa parroquial. El cuadro mostraba un burro, y sobre él a la Santísima Virgen con Cristo. Lo que quería decir con ello es: yo soy el burro sobre el cual pueden sentarse Cristo y la Virgen María. Y como el burrito, debo yo llevar a Cristo y a la Virgen por el mundo. Debemos cultivar en nosotros la consciencia de ser un burrito, de ser un instrumento predilecto en manos de la Virgen y de Dios.

 

Al llamarme a esta comunidad, a esta parroquia, Dios me ha elegido a ser colaborador suyo. Me ha elegido a ser instrumento en su mano y en la mano de María, para hacer a través de mí grandes cosas. Lo que importa no es entonces mi capacidad o mi pequeñez personal. Lo que importa es mi conciencia de instrumento, mi disponibilidad y obediencia a los deseos del Padre. Si me siento instrumento a través del cual Él está actuando, eso me da una gran seguridad frente a la vida y sus desafíos, y despierta una fuerza creadora extraordinaria. Y ese ha sido el secreto de los santos. Por eso, conciencia de instrumento o conciencia de ser el “burro” de la Virgen María y de Dios para sus planes.

 

Preguntas para la reflexión

 

1.      ¿Busco a Dios en mi apostolado?

2.      ¿Me siento un burro de la Sma. Virgen?

3.      ¿La figuración personal está presente en mis tareas?

 

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